martes, 16 de febrero de 2010

El viajero sediento.

[Cuento clásico Indú. Autor Anónimo]

Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:-¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!- Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:-¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!-


*El Maestro dice: La mente siempre tiene problemas. Cuando no tiene problemas reales, fabrica problemas imaginarios y ficticios, teniendo incluso que buscar soluciones imaginarias y ficticias.

7 comentarios:

BlueSilence (DM) dijo...

Este post es muy importante. Yo me sorprendo a mi mismo tratando de escarvar en mis lamentos aún cuando estoy conciente de que no son problemas pertinentes o al menos no tan grandes como quiero hacerme creer a mi mismo. Es como si hubiese un sabor amargo-dulce, es como querer hacer notar que hay un dolor, un fastidio o alguna molestia. Debería ocuparme más y preocuparme menos pero no siempre me es fácil despejar la mente.

Gracias por el post, Dama Blanca.

AnaR dijo...

A veces basta pararse en el mundo y mirar y escuchar para sabernos afortunados...

Abrazos de tiempo y tiempo.

José Ramón dijo...

Tus palabras están llenas de verdad
Felicidades por el blog.

Un Cordial Saludo desde Creatividad e imaginación fotos de José Ramón

™Ĕł Pøє†д™ dijo...

Hola, Kaddanek, gracias por pasar. Bueno, la verdad no me gusta mucho ese estilo que allá plasmé porque no le sé encontrar esa delicadeza que le debería de caracterizar, pero poco a poco iré encontrando ese sendero.


Saludos...


(((Interesante la historia que leí, mi querida amiga))

Rakro dijo...

Por alguna razón, siento una afinidad tremenda con las enseñanzas de oriente (en todas sus formas). Te dejo un cuento zen que se relaciona con tu post (perdona si es demasiado largo):

"La muchacha"

Dos monjes que viajaban de un templo a otro por un camino embarrado por la lluvia, se encontraron de pronto con un torrente que atravesaba la senda y que hacía imposible el paso a no ser metiéndose en el agua enlodada hasta la cintura.

Parada allí delante, con la desolación pintada en el rostro, estaba una bonita muchacha. La corriente era muy fuerte, su vestido nuevo. Uno de los monjes no lo pensó dos veces y sin titubear, cogió a la joven y cargándola sobre sus hombros la pasó al otro lado. El otro monje los seguía haciendo gestos de desaprobación.

Bien entrado el día, cuando ya hacía horas que el torrente y la guapa muchacha habían quedado atrás, el segundo monje seguía enfurruñado y con el ceño fruncido, caminaba delante sin dirigirle la palabra al otro.

— ¿Se puede saber qué te pasa? –le preguntó éste

— ¡Qué me pasa! ¡Qué me pasa! ¿Qué me va a pasar? Pues, ¡que has transgredido un grave precepto! –contestó el monje-. Has cogido a una mujer en brazos, ¡una mujer guapa y joven! Su cuerpo y el tuyo unidos estrechamente por en medio del torrente…

El otro monje le contestó con toda tranquilidad:

— Pero, ¡cómo! ¿Todavía la llevas encima? Yo hace tiempo que la abandoné a la orilla del torrente.

Darilea dijo...

Me gustan los pequeños cuentos que te hacen pensar, Jodorowsky los tiene muy buenos.
Un besito y gracias por mostrarnos este.

Trini dijo...

Cuanta verdad en este cuento.

Conozco a gente, a veces yo misma, que cuando todo va bien, barrunta que algo malo viene de camino. Qué retorcidos somos.

Abrazos y felicidades por tu 4º cumpleblog.