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jueves, 4 de octubre de 2018

Meditación Parte I: Entendiéndola



¿Qué es meditación?

Puede ser vista como una práctica, disciplina o ejercicio, muchas veces ligada a una corriente ideológica, filosófica, religiosa o espiritual en la cual entras en un estado de relajación profunda y conexión contigo mismo y La Fuente. Aunque no se sabe con exactitud de dónde surge, se estima que sus inicios podrían dirigirse a la India, como una práctica dentro del yoga, cuyo objetivo sería conectar con La Divinidad. Otras fuentes milenarias las encontramos en el Budismo Indio y Tibetano o en el Taoísmo Chino que posteriormente forma la senda Zen extendiéndose por Oriente, Medio-Oriente y Europa.

Independiente de la ideología, meditar trae beneficios a la salud por reducir el estrés, calmar la mente y relajar el cuerpo. Mejorando así, la concentración, la atención, el entendimiento, la memoria y la resolución de problemas. Prácticamente te otorga mayor claridad y serenidad en la vida. 

¿Qué no es meditación?

Hay un poco de confusión en cuanto a lo que se entiende como meditación. Seguramente cuando escuchas hablar sobre ella se ha instalado en ti la idea de “poner la mente en blanco”, entrar en trance y en el mejor de los casos, tener una revelación. Este no es el objetivo, aunque algunos lo logren. Quizás algunos también digan que esto es cosa de seres superiores, locos y veganos, que siempre hay que vestir de blanco (o de colores estrafalarios), andar descalzos y ponerse un turbante; ambientar con incienso y velas, mientras levitas y alcanzas la iluminación. Déjame decirte que hay de todo, pero no es necesario caricaturizar esta práctica.
En primer lugar, meditar no es exclusivo de un yogui (maestro de yoga) o de un grupo de personas sonrientes con ojos adormilados oliendo a marihuana. Tampoco es necesario andar haciendo ademanes de gratitud pronunciando el famoso “Namaste” a cada momento, (cuyo significado vendría siendo un saludo que más o menos dicta así: “Mi alma saluda a tu alma” o “el buda que hay en mí saluda y honra al buda que hay en ti”, aunque hay muchas más formas de decirlo).
Sabiendo esto, podemos aseverar que toda persona que lo quiera y necesite puede realizar esta práctica. No es exclusiva de una élite superdotada y virtuosa.

Tipos

Hay varias corrientes con distintos tipos de meditación, cada una con sus reglas y técnicas, unas más complejas, pero ninguna más efectiva que la otra, pues depende exclusivamente del individuo y sus necesidades o preferencias.
La más conocida, y diría que una de las más estrictas, es la meditación tibetana-budista, en la que, generalmente, debes estar con la columna recta, pero no tensa, con las piernas cruzadas, haciendo un mudra (posición sagrada con las manos), con los ojos entreabiertos dirigiendo la mirada en un ángulo de 45 grados. Algunos entrelazan sus dedos mientras giran los pulgares, con la intención de no quedarse dormidos. La idea de este tipo de meditación con los ojos abiertos tiene el propósito de no desconectarse de la realidad y el entorno; en el fondo, estar presente. Y esa es la esencia principal de la meditación, independiente de la técnica que elijas usar.

jueves, 30 de junio de 2016

Silencio...




Uno de los elementos más valorados, respetados y amados por monjes budistas o personas que buscan la paz y la tranquilidad en sus vidas se llama “Silencio”. Pero no sólo se entiende a éste como la ausencia del sonido, ya que en el fondo el sonido nunca cesa. El sonido es uno de los tres principios o fuerzas creativas que formaron el universo y dan vida a toda existencia, junto con la luz y la forma. Incluso el silencio tiene sonido. Así que en realidad, lo que se busca es la calma y la armonía auditiva, en la que no haya interferencias ni “ruidos” que perturben el ambiente ni a la persona. 
No sólo se trata de ruido acústico, sino de ruido mental. Puede existir mucha turbulencia en tu mundo exterior; bocinas de automóviles, gente hablando y el clásico frenesí de la vida cotidiana, pero con el silencio debes de ser capaz no sólo de apartar al mundanal ruido (o fluir en armonía con él), sino también de acallar las ideas negativas, las autocríticas, las voces mentales y la sobre-actividad psíquica, para obtener la tan anhelada quietud interna. 

El silencio no sólo es un equilibrante natural, también es un sanador indiscutiblemente eficaz si se le aplica con buen criterio, es decir ni en exceso ni en escasez.
Su práctica es esencial para el balance y la organización interna, ya que nivela las emociones, calma los pensamientos y regula el funcionamiento del cuerpo al permitir que el fluyo sanguíneo y otros circulen con naturalidad y calma. Básicamente nos regresa a nuestro centro.

El silencio es la base para cualquier relajación. Si le acompañas de una respiración lenta, profunda y consciente, puedes ser capaz de transformar y cocrear una nueva realidad o visión de las cosas. Al estar relajados y más conscientes de nosotros mismos podremos decidir con mejor discernimiento sobre eventos que afecten directamente nuestra vida o la de otros.
Así que en momentos de crisis, no cuestiones, no emitas juicios, no te llenes de ruido, aplica Silencio; entonces llegarán las verdaderas soluciones y respuestas que necesitas.

viernes, 9 de enero de 2015

Corazones atribulados





Recordando una entrada anterior "Torpes maestros"
, me acabo de encontrar con más de algunos que me enseñaron fuertes lecciones, especialmente una, cuya agresividad, intolerancia e incomprensión fue impactante, pero tremendamente nutritiva.

He escuchado muchísimas veces decir cosas como "Desea el bien sin mirar a quién" o "Desea la paz de tu enemigo porque se odia más a sí mismo que a ti" y frases por el estilo, las cuales he entendido a nivel intelectual, pero me parecían algo lastimeras o utópicas, pues no todos demostramos amor incondicional al prójimo, así, sin más. Pero queridos lectores, he podido vivir en carne propia el contradictorio y tremendo placer que brinda el bendecir a quien se cree tu enemigo. 



 Dalai lama dijo: "Se dice que nuestro enemigo es nuestro mejor maestro. Al estar con un maestro, podemos aprender la importancia de la paciencia, el control y la tolerancia, pero no tenemos oportunidad real de practicarla. La verdadera práctica surge al encontrarnos con un enemigo."

Cuando me encontraba ensimismada, pensando una variedad de respuestas intelectuales que sólo podían generar más conflicto, me di cuenta que no podía atacar la psicología de una persona con poco sentido común ni altura de mira, ni apelar a su inteligencia emocional confundida y ofuscada, ni a su conciencia espiritual bloqueada.. No podía combatir fuego con fuego. Decidí aplicarle un bozal de silencio, pero había un circuito que seguía haciendo interferencia. Debía cerrar el ciclo; Entonces, casi como una voz divina, desde el interior de mi ser, sentí la inspiración de dos frases perfectas: "Que la paz sea contigo. Bendita seas"... Eureka! eso era lo correcto. No niego que al principio mi orgullo dijo que esas palabras contenían algo de ironía, pero cuando las reproduje con la mente despejada, me salieron seriamente del corazón, y superé el asunto, sintiendo que además, no sólo hacía la paz con una persona, sino con todas las que estuvieron implicadas en el asunto, dejándolo ir.


 En un conflicto anterior aprendí que las personas no suelen tolerar una opinión distinta a la suya, por más respetuosa y estructurada que sea. Por ende, no debemos esperar que nos hablen con respeto, pero no podemos rebajarnos a contestar con su mismo nivel de ofensas. Pues su ira es de ellas y no nuesta. La empatía es un don que sólo unos pocos tienen la capacidad de desarrollar, y cuando los insultos y groserías se presentan, es sólo porque esa persona no tiene argumentos ni sabe debatir. Cabe destacar que los eventos son neutrales por sí mismos y va en cada quien elegir cómo quiere verlos; Si buenos o malos, si positivos o negativos. 

Pero en esta ocasión aprendí algo más valioso aún: El odio de aquellos que actúan como si fuésemos enemigos, sólo se puede contrarrestar con Amor. La frecuencia más elevada y sublime que existe. Sólo las vibraciones altas pueden abolir las vibraciones negativas.

 Bendecir con mucha armonía los corazones atribulados de quienes les hacen mal, tiene una gratificación sin igual. No les negaré, estimados lectores, que es una sensación extraña. Se siente raro en una primera instancia, pero probablemente se trate de tu conciencia transmutando la oscuridad en luz. No es una postura hipócrita si lo haces sinceramente. Sé que es difícil y prácticamente imposible para muchos, por eso estoy muy agradecida de poder haber experimentado el perdón a este nivel. Es una experiencia única que me salvó de la impotencia y la tristeza. Ojalá más personas puedan sentir esto. Les dolerá al principio, como a mí, pero si lo superan, se sentirán limpios, recompensados y más grandes.


Muchas gracias a esas personas que ofendieron a otras, despertando, entonces, mi espíritu de justicia, el cual me hiso apelar por la paz y el respeto, para que terminaran insultándome también a mí, y me enseñaran de paso, esta tan gran y valiosa lección. Pues como dijo Maurice Maeterlinck: "No hay nada que sea más amenazador que la felicidad, y cada beso que damos puede despertar un enemigo" 

Hoy me siento más grande, aliviada y liberada.

sábado, 18 de enero de 2014

La felicidad



Me doy cuenta que muchos siguen pensando que la felicidad es una meta que se alcanza, que se encuentra o que llega repentinamente, pero la felicidad en realidad se construye;La felicidad no es un fin, es una herramienta para cumplir de mejor grado las misiones que tenemos como especie y como individuos.


Imagen: Tenzin Gyatso, actual dalai lama.



viernes, 17 de enero de 2014

El exterior es reflejo del interior




 "A través de la paz interior se puede conseguir la paz mundial. Aquí la responsabilidad individual es bastante clara ya que la atmósfera de paz debe ser creada dentro de uno mismo, entonces se podrá crear en la familia y luego en la comunidad."

Dalai Lama.

sábado, 23 de marzo de 2013

¿Vida inútil?


Un granjero se puso tan viejo que no ya podría trabajar los campos. Así que pasaría el día sentado en el pórtico. Su hijo, aún trabajando la granja, levantaba la vista de vez en cuando y veía a su padre sentado allí. “Ya no es útil”, pensaba el hijo para sí, “¡no hace nada!”. Un día el hijo se frustró tanto por esto, que construyó un ataúd de madera, lo arrastró hasta el pórtico, y le dijo a su padre que se metiera dentro.
Sin decir nada, el padre se metió. Después de cerrar la tapa, el hijo arrastró el ataúd al borde de la granja donde había un elevado acantilado. Mientras se acercaba a la pendiente, oyó un débil golpeteo en la tapa desde adentro del ataúd. Lo abrió. Aún tendido allí, pacíficamente el padre mirada hacia arriba a su hijo. “Sé que usted va a lanzarme al acantilado, pero antes de que lo haga, ¿puedo sugerir algo?”, “¿Qué?” contestó el hijo, “Arrójeme desde el acantilado, si usted quiere”, dijo el padre, “pero guarde este buen ataúd de madera. Sus niños pudieran necesitar usarlo”

*Todas las personas, sin importar la edad, merecen respeto. Los ancianos no son desechables, nadie lo es. 

Relato encontrado en Cuentos Zen

jueves, 28 de febrero de 2013

Semillas de Sésamo


“Una joven y afligida madre, lamentando la muerte de su bebé, busca consejo en Buda.  La mujer explica a Buda su insoportable pesar y su incapacidad para reponerse a esa devastadora pérdida.  Buda le pide que llame a todas las puertas del pueblo y pida una semilla de sésamo en cada casa en la que no se haya conocido la muerte.  Después, deberá traérselas a él.  Ella, obediente, va de puerta en puerta y, mientras sale con las manos vacías de cada una de las casas, comprende que no hay ningún hogar que no haya sido azotado por la muerte.  La mujer regresa donde Buda sin semilla alguna, y Buda le dice lo que ella ya ha comprendido: que no está sola. 
La muerte es algo que alcanza a todos, a cada familia.  Es sólo una cuestión de tiempo. Lo que es inevitable, le dice el maestro, no debe lamentarse en exceso.”
Cuento Budista

jueves, 21 de febrero de 2013

La taza vacía de té


"Un monje tenía siempre una taza de té al lado de su cama.  Por la noche, antes de acostarse, la ponía boca abajo y, por la mañana, le daba la vuelta.  Cuando un novicio le preguntó perplejo acerca de esa costumbre, el monje explicó que cada noche vaciaba simbólicamente la taza de la vida, como signo de aceptación de su propia mortalidad.  El ritual le recordaba que aquel día había hecho cuanto debía y que, por tanto, estaba preparado en el caso de que le sorprendiera la muerte.  Y cada mañana ponía la taza boca arriba para aceptar el obsequio de un nuevo día. 
El monje vivía la vida día a día, reconociendo cada amanecer que constituía un regalo maravilloso, pero también estaba preparado para abandonar esté mundo al final de cada jornada.”

Parábola Budista.