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viernes, 12 de febrero de 2021

Riqueza



La idea de “riqueza” debería ser lo suficientemente contundente y amplia en todos como para mostrarnos más que una simple imagen mental de monedas de oro y billetes.

No soy experta en temas de prosperidad y abundancia pero entiendo que no son asuntos que le competan exclusivamente a supersticiosos suertudos, empresarios o personas nacidas en cuna de oro.

Pensemos en estos conceptos como flujos de energía que más allá de las circunstancias están relacionados con el merecimiento. Lo que bloquea muchas veces a las personas es la incapacidad de sentirse conscientemente merecedoras de lo bueno en la calidad más alta y sustanciosa de la expresión, desde cosas concretas (bienes materiales) a ideas más abstractas (realización personal.)
Lo más probable es que la persona tenga mandatos socio-familiares que carga de manera subconsciente, los cuales pueden orientarle a despreciar -por ejemplo- la idea de ser alguien de dinero porque las personas millonarias están estigmatizadas como entidades frívolas, calculadoras, superficiales, perezosas y corruptas, por ende, para alguien con esta creencia el tener ingresos extra o por sobre el promedio es equivalente a ser una mala persona. La mente es complicada ¿cierto?.
Además de ello puede tener un contrato invisible con su árbol familiar en el cual la pobreza es vista como una forma de vida que dignifica, es decir “ser alguien de esfuerzo” que “se gana la vida” a costa de mucho trabajo pese a las pocas ganancias es de admirar. También podría ocurrir que la aspiración a una vida espiritual signifique renunciar a los bienes terrenales, ya que vivir de forma confortable es superficial y no tiene mérito para trascender.

Todo esto es más complejo de lo que parece, porque si vienes de una línea familiar o cultural íntimamente vinculada con la carencia y la falta de superación personal, te parecerá imposible surgir y obtener el éxito, entendiéndole como una idea que va más allá del dinero, sino con el bienestar en todos los ámbitos de la vida; ¿por qué?, porque en el fondo hacer lo contrario te haría un traidor de tu clan, el cual a subsistido en la miseria sin perecer "¿qué te da el derecho de ser diferente a ellos?, ¿qué te hace superior?". Y de hecho, es probable que alguien del clan al que pertenezcas melle tus intenciones de salir adelante, de mejorar. ¿Envidia? no precisamente, esa es una cara superficial, en la mayoría de los casos es miedo al cambio porque significa que si uno cambia el resto también podría tener el potencial de hacerlo, pero sería ir hacia lo nuevo y desconocido.

Te lo ejemplifico: Hace poco conocí a una persona que está vendiendo pinturas creadas por ella misma para ahorrar e ir a terapia psicológica, lo que algunos miembros de su familia consideran una pérdida de tiempo, no creen que mejore. ¿Vergüenza?, ¿negación?, quizás, pero otra vez sólo es una cara de algo más profundo; la crítica y falta de apoyo es porque en esa familia de forma inconsciente está mal visto el procurar el bien propio, es decir, es un error priorizarse sobre todo si se trata de salud mental. ¿Por qué? habría que investigar a fondo, pero a groso modo diremos que el hecho de que un individuo del clan saque a la luz sus problemas personales eso podría indicar que todo el clan tiene problemas también, además de revelar secretos familiares, aunque esta persona no los sepa de forma consciente será un reflejo o proyección de éstos, ¿me explico?. Al menos esta persona lo entendió y ahora puede avanzar sin tomárselo tan personal.

A veces no tenemos una amplitud panorámica que nos permita apreciar todo lo más simple y grato de la vida diaria, y la gratitud - aunque es un término muy manoseado por corrientes de moda - puede marcar una gran diferencia en la forma en que nos movemos en el mundo. He reflexionado sobre qué significa la riqueza para mí, cuál es mi deseo más amoroso y se los comparto casi que a modo de afirmación o mantra:

"Amo y agradezco todo lo bueno y elevado que llega a mí de forma armoniosa y perfecta para el mayor bien de mi alma, siempre en paz con todo y todos. Agradezco la riqueza física en salud y vitalidad, la riqueza emocional en estabilidad, aceptación y afecto, la riqueza mental en creatividad, inspiración, entendimiento y claridad, la riqueza espiritual en sabiduría, información, guía, orientación y experiencias de alta vibración, la riqueza material, laboral y económica en recursos, víveres, oportunidades, regalos y dinero que llegan de la mejor forma y en los momentos más oportunos desde la Fuente ilimitada y divina, trayendo prosperidad, abundancia, riqueza, obsequios y bendiciones para cubrir mis necesidades y las de mi familia, teniendo así una vida confortable, segura y hermosa, incluso teniendo más que suficiente para compartir."

Revisa tus creencias limitantes, descubre cómo se manifiestan en tu realidad, indaga, busca su raíz y reprográmate.

Si quieres ver más artículos sobre el inconsciente familiar y colectivo, ve a las etiquetas de Genealogía y de Ancestros y linaje.

Te recomiendo iniciar por aquí: Los códigos del clan.

domingo, 26 de julio de 2020

Orden para retomar el control II: El pasado




Encontré este post que tenía preparado desde el año anterior, pero que no subí debido a que en mi país surgió un movimiento social muy intenso en el que me estaba enfocando. Corresponde a la segunda parte de Orden para retomar el control I: Entrar en el caos

Remover el pasado a veces duele, avergüenza e incomoda, pero también nos da perspectiva e informa sobre cuánto hemos crecido y avanzado en el camino, así como de cuánta culpa, decepción y otros males arrastramos.
Es necesario mirar nuestros recuerdos, hacer la paz con ellos, o al menos, un trato formal para que no nos golpeen durante toda la vida cuando les dé la gana.

Hace unos días atrás, cuando organizaba mis diplomas y documentos, me encontré con papeles sobrevalorados, y con muchos otros que olvidé por completo con el tiempo. Habían cosas que no miraba desde que salí del colegio y años posteriores, que a la hora de la verdad, eran inútiles de guardar. Ni siquiera me traían bonitos recuerdos como para conservarlos, porque eran trámites engorrosos u obligatorios en su momento, y como es de esperar, nada divertidos de hacer. Luego hallé documentos del funeral de mi padre, entre ellos, tarjetas “en memoria de...” que jamás usamos, junto con el libro de condolencias lleno de saludos, pésames y palabras vacías para mí. Sabía de su existencia, claro, porque yo misma le oculté en mi closet para que nadie sintiera dolor al verlo, pero, irónicamente, a mí me dolía conservarlo. Creí que correspondía tenerlo siempre, sin embargo, cuando miré todas estas cosas, me di cuenta que sólo sirven para rememorar lo triste de ciertos momentos, haciendo bulto, no sólo en mi armario, sino como un pensamiento no resuelto en algún rincón de mi cabeza. Así que mi acto “psicomágico” fue rescatar las fotos de mi papá y romper una a una las páginas con dedicatorias superficiales, junto a las tarjetillas de pésame. Esa fue mi manera de encontrar tranquilidad con esa etapa de mi historia, al menos, con lo que se refiere a lidiar con los malos consejos de la gente. Las cosas suelen complicarse por las intromisiones y aportes innecesarios de personas imprudentes.

Eliminar lo que nos causa emociones negativas y quedarse con lo importante, es lo que vale en verdad.
Era necesario darle un nuevo orden, una nueva carpeta y un mejor lugar a estos recuerdos en forma de documentos. Fue bueno verlos, reorganizarlos y seleccionar los que verdaderamente importan. Me dio nostalgia, claro, pero pude dimensionar qué tan encadenada o en paz estoy con mi pasado.
También regresé papeles ajenos que me quitaban espacio, y decidí no ser nunca más un depósito para guardar cosas de otros, pues cada quien debe sobrellevar su propio pasado e historia personal. Quiero mi espacio bien utilizado y que no sea invadido por recuerdos, momentos y pertenencias de nadie más.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Revolución


(Fotografía de Susana Hidalgo, actriz)

Estos meses han sido, como suele decirse, “una montaña rusa de emociones”, tanto a nivel personal como a nivel país. Puede que algunos no lo sepan, pero vivo en Chile, en donde se ha producido un estallido social tremendo. No pretendo hacer un resumen cronológico de lo que ha ocurrido porque abunda información por internet, y respecto a ello, estoy muy agradecida por la existencia de las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, ya que de esta forma hemos podido mantener circulando la información más cruda y real, y no maquillándola como lo han hecho descaradamente los noticieros y programas nacionales. 

Cuando todo inició me fue necesario, no sólo participar en las protestas, marchas y distintas manifestaciones en mi ciudad, sino también hacer una reflexión, por decirlo de alguna forma, “sociológica”, para poder comprender lo que estaba ocurriendo: Lo que sucede en Chile es el enfrentamiento con el inconsciente colectivo que al fin ha salido a flote. Cuando hay tanto descontento en nuestro interior y no lo atendemos más que con parches momentáneos, tarde o temprano explota de todas las formas posibles, ya creativa o destructivamente. Hay que mirar todas las capas de lo que pasa y escuchar lo que nos quiere decir su mensaje de fondo; más allá de la pérdida material y la incertidumbre, nos hablan de un pueblo frustrado, dolido y cansado. Pero ¿por qué tardamos tanto en reaccionar? Probablemente fue el miedo de las generaciones pasadas, las que vivieron la dictadura de Pinochet. Desde ahí, el Chileno promedio se acostumbró a vivir en silencio, oprimido y temeroso. Era mejor vivir de forma indigna pero conservar tu integridad. Cuando el estado no te ampara, sino que te secuestra, te tortura, te viola y te asesina, sólo cuentas contigo mismo. ¿Se dan cuenta del gran desamparado que ha soportado el país? Y esto, amigos, se repitió en pleno 2019. Ya somos uno de los países con índices más altos en cuanto a la violación de los derechos humanos. Nuestra policía y milicia, una vez más, mostró su verdadera cara, una de psicópatas.

(Fotografía de Ramón Monroy Aton)

Las barricadas, las quemas y los saqueos provocados por el pueblo, de cierta forma son "un mal necesario" para que esta sombra ignorada, de una parte de Chile, tuviese visibilidad. Evidentemente se nos fue de las manos, se mezclaron la disconformidad social con las miserias personales y los montajes de carabineros para desvalorizar el movimiento social y propagar el temor.
Es momento de replantearnos la forma en que vivimos y pedimos lo que creemos justo. Y exigir cambios, pero partiendo por nosotros mismos también. Desde la transformación de cada quien podemos traer una realidad más sana y satisfactoria a nuestro entorno. Unámonos con fuerza, con sentido común y balance para que todos obtengamos mejoras y tranquilidad.

Siento dolor, tristeza, indignación e impotencia y quisiera hacer más, por ahora la forma más creativa y amorosa con la que me siento capaz de contribuir, es con esta clase de reflexión que les comparto, además de mantener la información real circulando, por más dolorosa que sea. No podemos tapar el Sol con un dedo.
Fuerza para toda latinoamérica, especialmente para Bolivia, Ecuador, Paraguay y Colombia que también comenzaron a protestar con valentía y firmeza. No podemos parar ahora, hay que resistir hasta lograr verdaderos cambios, se lo debemos a nuestros heridos, a nuestros baleados, a nuestros detenidos desaparecidos y a nuestros muertos. ¡Por los de entonces, por los de ahora y por los de mañana! ¡Por todos!



jueves, 10 de octubre de 2019

Orden para retomar el control I: Entrar en el caos



Rol equivocado: Tomé una labor que nunca estuve realmente segura de hacer, invertí tiempo y energía, gané experiencia y tuve momentos realmente gratificantes, pero a la vez también perdí mucho; dinero, paciencia y respeto. Tuve una rutina sumamente pesada por un par de meses, en la que detuve mi propia vida, mis proyectos y quehaceres personales, todo por un insano “sacrificio por amor”, para que algunos seres queridos cumplieran sus aspiraciones y otros no llevasen tanta carga. Me creí en obligación de, por tener un horario flexible, y porque en ese momento, no sabía que estaba actuando bajo una cadena inconsciente de sacrificio genealógico. Lección: No te postergues ni cedas por otros. Las últimas semanas me vi interrumpida con roces y diferencias en la forma de proceder, para finalmente, no sólo acabar con una rutina que me había costado mucho establecer, sino, además, pausar lazos afectivos. Esto es material para otro post, pero es a raíz de esta ruptura de esquemas que todo comienza: Depuración: Eliminar el caos y recuperar la finalidad: Con el orgullo herido, sin el dinero que me correspondía, con las ilusiones y los planes destruidos, y sin estabilidad psicoemocional, inicié una depuración profunda (que sigue en proceso). Para retomar el control de mi vida decidí eliminar los factores caóticos que me estresan y desequilibran. Para ello comencé a reorganizar mi entorno. Desahogar de tanta cosa tu cuarto, por ejemplo, y darle el lugar que le corresponde a cada elemento, saber lo que tienes y en dónde está, no sólo es una mejora notoria por cuestiones prácticas, también es tranquilizador. Lección: Cada cosa y espacio tiene una finalidad, así como uno mismo. Separar, desechar y regalar, ha sido el gran truco de magia para reponerme y volver a respirar, en este proceso de limpieza y renovación externa e interna Regalar para fluir: Regalar ropa que no usaré pero que sirve, me enseñó a ser mucho más desprendida y a darle un cierre positivo a etapas que esa ropa me recordaban constantemente. Lección: Es hora de avanzar hacia nuevas cosas. También regalé material escolar, en su mayoría totalmente nuevo. No tenía sentido seguir guardándolo si no lo utilizo. Es como abandonar a esos lápices y cuadernos para que sólo se arruinen y desperdicien con el tiempo. Así, además, me parece que destrabo la energía estancada y abro un nuevo flujo de intercambio y de movimiento. No sólo me enseña a ser desapegada, sino a discernir, catalogar y priorizar con mejor criterio sobre lo que verdaderamente necesito y quiero tener. Descubrir patrones limitantes en el proceso: Por otro lado, además, me ayuda a eliminar ese patrón familiar de carencia, de acumular “por si luego falta”. No sabía lo tan instalada que estaba esta creencia en mí hasta que inicié con esta limpieza profunda. También descubrí que no sentía el permiso de deshacerme de algunas cosas, sobre todo regaladas, porque implicaban un valor sentimental, monetario y de esfuerzo por conseguirlas. El juego malsano del merecimiento, la ingratitud, la culpa y el patrón de carencia, participan en el apego con las cosas, inculcado por nuestro árbol familiar.
Estoy contenta, orgullosa y agradecida por, en este proceso depurativo, haber visto este patrón heredado y empezar a hacerme cargo de él. Tardé en entender el funcionamiento de sus capas, y aunque sabía de su existencia, no estaba segura de sus modos de manifestarse y actuar, hasta ahora. He tirado recuerdos y objetos que no usaré, que nadie querría o que ya no sirven. Ha sido liberador dejar ir. Hay cosas a las que nos aferramos, pero que al final sólo estorban y contaminan nuestro espacio, por ende, nuestra vida también. He de continuar trabajando sobre esto para una vida más próspera y libre.

martes, 30 de abril de 2019

Ovejunez



Hace poco leí algo como “No hay que olvidar que esa persona a la que llamas oveja negra siempre está para todos”, en un intento por reivindicar su papel. Pero admitámoslo, hay ovejas negras que justamente hacen la labor de no estar, porque no son lo que se espera, y he ahí su encanto y misión.

Hay que reconocer que todos podemos llegar a ponernos una piel ovejuna bastante oscura en alguna etapa, porque más que una forma de ser se trata de un proceso, de una rebeldía necesaria en algún punto de la vida para todos, como un llamado a despertar. 

Te lo explicaré de este modo por si en tu familia hay una oveja negra o tú lo eres: Aunque hay distintos niveles de “ovejunez” y algunas formas en las que estas personas proceden puede llegar a ser bastante cuestionable, incluso pasar de ser la valiente oveja anarquista a un astuto lobo vestido con piel de oveja, en la mayoría de los casos -por no decir que en todos- los mensajes de fondo son dos: Primero, mostrarnos nuestro lado inconsciente, entendiendo por éste, todo lo que no aceptamos ni enfrentamos de nosotros, todo lo que negamos y tenemos pendiente de resolver. Y segundo, romper estigmas socio-familiares que están obsoletos y que sólo obstaculizan la evolución; nos muestran las falencias en la incondicionalidad, la comunicación y la incapacidad de ser nosotros mismos. Además de revelar secretos familiares y sociales por medio de la conducta. Es necesario para limpiarnos de prejuicios, ya personales o ajenos. 
Por ello, la oveja negra de la familia -o de la comunidad- es un gran espejo y maestro para revelar la verdad de nuestra especie, si es que sabemos mirar y apreciar su rol. 

jueves, 18 de abril de 2019

Bajarse del pedestal; humanizarse



Estoy muy segura que más de alguno se identificará con lo que hablaremos hoy, aunque sea desde el polo opuesto de la cuestión. De hecho, estoy tan segura, que me dan ganas de reír como loca mirando al cielo, por esta gran ironía de la vida.

Podríamos decir que esta reflexión se relaciona con la entrada pasada sobre qué papel jugamos, pero aquí me extenderé en una experiencia personal que podría hacerte eco.

Considero que no hay nada más peligroso que quedarnos encerrados en los conceptos errados sobre nuestra persona, sin tener la valentía de confirmar su veracidad o de transgredir dichos límites. Quedarse cobijado en tu zona de confort, aunque seguro, es restrictivo y no te ayuda realmente a evolucionar. Eso sí, no toda la responsabilidad es tuya, tranquilo, el otro hace su gran aporte queriendo verse en ti, ya sea señalando defectos monstruosos o virtudes divinizadas. Es un juego vicioso e interminable sobre suposiciones y dar por sentado. Cuesta salir de esa rueda, de ese samsara social, en donde nos conformamos o criticamos sin proponer cambios de raíz.

Mi cruz ha sido cargar con una visión angelizada de mi ser por muchos, muchos años. En donde me han idealizado de una manera impresionante, no sólo la familia, también los entornos sociales y las amistades. Creo que hay facetas que se confunden; por ejemplo, es cierto que por mucho tiempo he sido bastante seria, reservada y cortés, dándome un aire muy maduro que incluso logra un efecto de halo misterioso a mi alrededor. Cosa que no pedí, pero que sin embargo no me molestaba en su momento. De hecho, era mi zona de confort, ya que las personas no hacían preguntas impertinentes ( aunque seguro que un par se obsesionó con “develar la verdad”), estaban más interesados en que las analizara en vez de analizarme a mí. Pero esto creó un absurdo sentido de inferioridad, en donde, incluso amistades se sentían intimidadas por un intelecto sobre-natural que se inventaron de mí. Es como si fuese una persona inalcanzable, cuando ni siquiera me sé todas las tablas de multiplicar y estoy lejos de alcanzar el estado búdico. Deduzco que todo partió a raíz de las temáticas que me interesaban y las preguntas existencialistas que hacía, el asunto es que eso no muestra, necesariamente, que alguien sea mejor, sino que quiere compartir solamente gustos (según yo). 

Recuerdo especialmente a alguien, la primera persona que me confesó sobre sentirse intimidada y “tonta” al lado mío, sólo por tener intereses diferentes. El punto es que ella se empequeñeció sola, cuando yo jamás intenté disminuir sus problemas o gustos, todo lo contrario, me encantaba su compañía y su forma de ser. Aquí fue cuando supe que las personas me estaban idealizando. 
El segundo “despertar” importante fue gracias a otra persona, que se vió sorprendida y decepcionada cuando me supo enojada, frustrada y triste. Mayor fue su espanto cuando me oyó decir “¡mierda!”. “¡Oye, dijiste mierda!, qué raro...”, y cada vez que salía algún improperio de mí ella me lo hacía notar, era divertido, hasta lo hacía intencionalmente para molestarle. Esta persona consideraba que estaba mal, no por la grosería en sí, sino porque no era “propio de mí”. Finalmente confesó que me había idealizado demasiado y que le decepcionada que la visión que tenía de mí se hubiese roto, pues me hallaba una persona centrada, inteligente y muy equilibrada, pero saber que podía enojarme fue demasiado, aún cuando mis sentimientos negativos no iban hacia ella. Recuerdo muy bien esa charla, en la que le dije que no era de extrañar que yo tuviera sentimientos como los que todas las personas experimentan, que soy humana y que sentía la confianza suficiente en ella para mostrarme vulnerable. Tristemente, fue mucho para ella. Quizás, a riesgo de malinterpretar, el rol que estaba jugando era el de ser un pilar inamovible, capaz de sostenerle siempre. Pero se ignora que los pilares también pueden sufrir fisuras e incluso caer.

Me puse a reflexionar mucho y caí en cuenta que se me encasilló como una chica dulce, centrada y callada desde pequeña, que no daba problemas y tenía una voluntad de oro. Y no es que esa visión no haya sido real, pero sí exagerada y restringida a la vez. Me oprimió por muchos años, puesto que muchas cosas las viví en secreto. Es como si expresar facetas contrarias a la creencia que tenían de cómo era yo, fuese pecado. Yo quería equivocarme con libertad, desahogarme, expresar mis arrebatos, pero un ”angelito tan tierno” no tiene sentimientos negativos ni deseos estrafalarios. Hasta que decidí romper ese molde impuesto, quitar esas cualidades y características sobre-dimensionadas, bajarme de ese pedestal celestial y ser humana. Rompí muros y otros se levantaron, esto es así. Hay que saber que todo a tu alrededor se opondrá al cambio, pero es parte del proceso. Es difícil, pero la libertad de ser quien eres no tiene precio.
A mí también me inquietaba salir de mi encasillamiento, tomar una a una las etiquetas y desmentirlas o bajarle la dosis, y creo que esta lucha es más compleja que el cómo te verán los demás. 

La honestidad contigo mismo es fundamental aquí. Tienes que ser consciente de cuándo es el mejor momento para ti y la manera más conveniente de proceder. No hay formas perfectas, pero sí más prudentes que otras. 
Por eso quiero que sepan que río más de lo que se piensa, juego y bromeo mucho, ya no me interesan tanto los libros como en el pasado, digo groserías y estoy dispuesta a tomarme un café contigo hablando de cómo contactar a los dioses Sumerios, teorías de conspiración, el otoño o sobre la última serie que viste, y aún seguiré tomándome algunas cosas con mucha solemnidad y, seguiré siendo igual de flexible y pacifista como me gusta ser. Porque debes entender que sólo son distintas facetas de mí.

martes, 9 de abril de 2019

¿Qué papel juegas?



Con honestidad ¿estás satisfecho con tu rol, tu personaje y tu lugar en el mundo?, ¿cómo llegaste a ser de la forma en que eres hoy?, ¿te moldeaste a ti mismo o te ayudaron proyectándose en ti?

Es tan interesante y a la vez limitante el papel que nos fabricamos con ayuda de la familia, el contexto sociocultural, la herencia y la necesidad de sentirnos amados, protegidos y aceptados, que al final, muchas veces, tenemos que replantearnos: “¿quién soy realmente?, ¿hago lo que me hace feliz o lo que me traerá aprobación?, ¿soy yo quien decide o un sistema de patrones inconscientes?”

Aprendemos a movernos en el mundo por observación e imitación. Conforme crecemos entendemos qué comportamientos son aceptables y cuáles no, en qué momentos expresar determinadas peticiones, necesidades o acciones y el cómo nos veremos mayormente recompensados con afecto. Aprendemos a transar y a ceder. A exigir y a callar, y nos vamos adaptando a las normativas éticas y de convivencia social. Muy bueno para la subsistencia, hemos de decir, sin embargo, ¿hasta qué punto te permites ser tú mismo?

No podemos negar que nuestro entorno nos construye; nos crea traumas, inseguridades, pero también nos forja el carácter y nos da herramientas para sacar nuestro potencial, cosa que hay que agradecer. Pero hay un punto muy importante a tener en cuenta y es si estás demasiado cómodo con la estima en la que te tienen, es decir, con qué etiquetas estás relacionándote. Me explico; todo gira en torno a catalogar a las personas y en dejarnos catalogar,  poniéndonos los unos a los otros en un pedestal o al final de la lista. El problema aquí es cuando alguien se siente esclavizado y obligado a seguir con un patrón de conducta particular para que su clan no lo excluya. Cumplir las expectativas de los demás sumado a las de nosotros mismos es una carga que se puede llegar a sentir como una cadena limitante, y soltar esa atadura y miedo es vital para todo ser humano, sin embargo, cuando se rompen las visiones que tienen otros sobre uno, la cortina se cae, la ilusión revela la esencia real y todo tambalea. Ponen en duda tu juicio. 
Desafortunadamente cuesta asimilar que alguien se enfrentó al cambio y se aventuró a la libertad, porque en el fondo, no estamos acostumbrados a que el otro rompa el molde y deseamos que siga siendo como le hemos querido ver, como le hemos etiquetado, con todas nuestras proyecciones e ideales puestos en él, en vez de permitir que sea quien es en realidad, con sus errores y particularidades.
También es responsabilidad de uno mismo elegir continuar jugando con ese personaje impuesto por los demás o no.

¿Cómo saber que estás dentro de un personaje irreal? cuando estás cansado, cuando en el fondo deseas hacer algo o no hacerlo, pero te detienes y haces lo opuesto a tus propios deseos para complacer y no perder el afecto de tu entorno.

Te pongo un ejemplo: Decidiste ayudar en los quehaceres del hogar para quitarle algo de peso a tu madre, todos se maravillaron con este comportamiento y te encasillaron como un niño hacendoso, muy bueno en la organización y limpieza. Te gustaron los halagos y el orgullo que sentían hacia ti, y aunque a veces quisiste parar para jugar, distenderte y olvidar las responsabilidades, no lo hiciste para no perder la aprobación que con tanto esfuerzo ganaste. Te programaste como una persona sumisa y complaciente. Priorizarte y tener tiempo para ti es difícil, se te acusará de irresponsable y de tener mala voluntad, pues quién hará las labores que están bajo tu cuidado ahora. Sólo puedes reconocer que tú te pusiste en este rol impulsado por la necesidad de amor y aceptación, y que las etiquetas que te mantienen atado a este personaje que te creíste impuesto por otros, te bloquean, y aunque en cierta medida tengan algo de verdad, no deben ser un peso que te impida avanzar, así que es hora de quitárselas.