Sin duda no es una verdadera historia de aventura si no existen estos tres elementos principales: Un valeroso caballero de armadura brillante, el cual debe rescatar a una bella y cautiva princesa de las garras de un temible dragón.
Hay muchas versiones de estos clásicos cuentos medievales o arturianos, como también se les dice, en honor a la leyenda del rey Arturo y la mesa redonda, uno de los mayores exponentes en la literatura caballeresca Europea, sobre todo porque muchos creemos que se trató de un personaje real.
Y aunque hoy no pretendo contarles al pie de la letra una narración de fantasías, porque más bien, deseo centrarme en el simbolismo más profundo de los elementos que nombré al principio, debo señalar que gracias a San Jorge (patrono del arma de caballería en muchos países) y su leyenda de "San Jorge y el dragón" se diría que originó la creación de los posteriores cuentos de hadas que incluyen princesas, caballeros, dragones, aldeanos asustados y arduas travesías; marcando así, las bases para un relato emocionante e idealista, que no sólo inspirará las más nobles virtudes del hombre, sino que llenará de sueños románticos la mente de toda jovencita. Lo que en la actualidad considero una presión para ambas partes, pues la mujer buscará a un príncipe azul que no existe y el hombre a una princesa a la que salvar. Idealizándolos a ellos e inutilizándolas a ellas de cierta forma.
(Grabado de Alberto Durero)
Pero no nos centraremos en las críticas, vamos a lo interesante de todo esto: ¿Se han fijado que toda leyenda, mito o cuento, sobre todo los más arcaicos, pareciera que tuviesen mensajes ocultos que no siempre logramos entender del todo? Intuitivamente sentimos que hay algo más. Sé que muchos tenemos una característica llamada curiosidad, la cual utilizamos para buscarle la quinta pata al gato porque no nos conformamos simplemente con un "porque sí". Sabemos que hay ocasiones en que algunas mentes maestras camuflan verdades y envían mensajes entre líneas, que sólo capta nuestro subconsciente gracias a cánones y arquetipos mentales. Por eso, hoy, haremos un intento por decifrarlos y entenderlos de forma más consciente.
Para occidente el dragón, tristemente, es visto como un ícono de maldad, siendo una bestia despiadada a la que se le debía ofrecer sacrificios (que muchas veces resultó ser una inocente princesa, elegida al azar o por su importancia y pureza) para calmar su furia y/o mantener la tranquilidad en el pueblo. En el cristianismo, el dragón es relacionado con una figura diabólica, síntesis de las tentaciones y del paganismo. El caballero es un hombre de fe, el cual va acompañado de su fiel corcel blanco representando la iglesia y ayuda de Dios. La princesa, en este caso, entonces ha de ser representante de la humanidad a salvar de las garras de aquel, que tienta con placeres mundanos y te desvía del camino de la fe.
("San Jorge y el dragón" de Paolo Uccello)
Pero para mí y sé que para muchos otros, hay más que una visión religiosa de estos íconos. Así que procedo a compartirla:
El Caballero: Al caballero lo veo como a un iniciado, el único capaz de aceptar el desafío de ir en busca de "ella", la princesa, la verdad. Para ello se arma de valor e ignora las advertencias de ignorantes que lo tratan de loco por aventurarse a tan riesgosa y probablemente desafortunada misión. Con apenas unas escuetas indicaciones de la ubicación del dragón, emprende su viaje, que no sólo será físico, sino interno.
El bosque: Casi todo caballero se adentra a un oscuro y tenebroso bosque, prácticamente inexplorado, como los laberintos psicológicos y del alma. Aquí se verá enfrentado, el aventurero, a obstáculos visibles e invisibles, despertando sus más terribles miedos para reconocer sus debilidades, las cuales vencerá con coraje y decisión. Así que el bosque representa las penurias, sacrificios y esfuerzos que debe hacer el iniciado para despertar sus potencialidades. Saldrá del bosque, cuál útero sagrado, como un hombre nuevo.
El dragón: Antes de llegar a su tan ansiada princesa, deberá enfrentar a la más terrible bestia de todas, el dragón, el ego humano, sus propias limitaciones. Puede que salga herido durante la feroz lucha, que flaquee, pero recuperará las fuerzas al ver el rostro de "ella", suplicante, puro y a la expectativa. También recordará el recorrido que hiso hasta aquí, todos los obstáculos que venció, todas los secretos de sí mismo que descubrió. Y con un corte preciso de su espada, símbolo de su poder y voluntad, matará a la bestia.
La princesa: Una vez vencido al ego, el iniciado se acercará a la princesa (o ella correrá ansiosa a sus brazos), pues es su chispa divina, la esencia de su propio ser que ahora podrá brillar con toda su luz y belleza. Ya es libre de su encarcelamiento, de las limitaciones, miedos y defectos.
El reencuentro: El amor nacerá entre el iniciado y la esencia, pues él ya está listo para su grandeza, y ella para su libertad. El caballero es un guerrero de luz ahora, cuyo viaje iniciático fue parte de un proceso de alquimia interior. Volverá al pueblo (quizás al mundo terrero después de una meditación) en donde será recibido con asombro, admiración, probablemente envidia y otros males, porque resplandece como sólo un hombre fuerte y valiente sabe resplandecer. Ha traído a la princesa de vuelta, misión que nadie más se atrevió a realizar, por miedo al bosque (mundo psicológico), el dragón (Ego) y las posibles burlas de los que no están listos ni interesados en los viajes hacia el interior del ser.