domingo, 24 de junio de 2018

Cambios



A veces los demás no están tan preparados para tus cambios tanto como tú mismo. Es lógico, ya que cada uno va viviendo sus procesos según su ritmo y evolución. Sin embargo, diría, todos queremos que el resto se alegre de nuestros avances, progresos y decisiones; aunque es de esperar que algunas de esas modificaciones en nuestra vida sorprendan o alteren a las personas que están a nuestro alrededor. En muchas ocasiones esas reacciones no son las que quisiéramos, porque esa “sorpresa” que manifiestan ante tus elecciones puede aparecer con un son de crítica, reclamo, regaño o rechazo. Está bien, cada uno es dueño de sus reacciones y no por eso, necesariamente, tus decisiones van a ser las incorrectas, sobre todo cuando se trata de escucharte a ti mismo. 

La mayoría de las personas sufrimos cuando hacemos oídos sordos a la voz clamante de nuestro corazón, que nos pide casi que a gritos una transformación en nuestro estilo de vida o tomar las riendas en una situación determinada, pero no lo hacemos. Queremos complacer a los demás, y tenerlos satisfechos y orgullosos, pero ¿a qué costo?, sacrificar nuestra identidad o los deseos más profundos de nuestro verdadero ser no lo vale. Si nos aman, tarde o temprano, la vida misma nos ayudará a que recapaciten y nos acepten, y si no es así, deberemos ser fuertes y nosotros darles el valor que se merecen nuestros deseos, sueños y objetivos, le duela a quien le duela. Obviamente hablo desde la idea que todo lo que hagamos sea -en intención-, en armonía para todo el mundo.

Vivimos en una cultura de tradiciones y costumbres, en donde nos acomodamos en el confort de la rutina y lo conocido, por ello, si llegas -como yo a finales de la semana pasada- con un corte radical de cabello, las personas verán quebrada la imagen que tienen de ti. Cuando tu aspecto, cuerpo o circunstancias “sufre” una transformación o ajuste, los demás tardan en asimilar este cambio, porque en general, como sociedad, no se nos prepara para los cambios, así sean tan pequeños como el de este ejemplo. Algunos amarán esos cambios en ti, a otros los desconcertarás, y sin dudarlo, habrán otros que no te darán su aprobación; pero tus razones son las que realmente importan, validan y sostienen éste u otro tipos de cambios. Confía en tu criterio. Al fin y al cabo, somos dueños de nuestras vidas y de la forma en que decidimos caminar nuestras rutas.

jueves, 3 de mayo de 2018

Operación, desapego y evolución



Tal vez tú o un ser querido se haya afrontado o esté en el proceso de afrontar una operación o intervención quirúrgica, un evento potente en la vida de cualquiera, por más simple o complicada que sea de tratar. Es posible que no se requieran más justificaciones que “realizar dicho procedimiento, de lo contrario no habrá mejoría”, quizás para muchos esa razón sea lo suficientemente contundente para someterse a dicha intervención, pero es probable que para muchos otros, les haga falta un empujón más grande que ese. Sé que a varios nos gusta encontrar la coherencia sustancial de lo que consideramos cambios realmente importantes. Buscar más allá de lo que te dice tu médico o te sugieren las personas a tu alrededor, es totalmente entendible, de hecho, me atrevería a decir, que es relevante para tomar una decisión totalmente consciente y voluntaria, y no por simple presión o miedo. Por eso hoy, aunque no resuelva todas las dudas, intentaré dar una especie de luz sobre el tema.

En primer lugar no hay que temerle a la medicina, es parte de nuestro desarrollo como especie, es también, una vía destacable a la hora de mejorar nuestra calidad de vida, pero esto es probable que ya lo sepas. 
No descartes el querer buscar alternativas, modificar tu alimentación o tu estilo de vida, es seguro que puedas salir adelante con todo ello, pero hay ocasiones que ni los más grandes esfuerzos transformarán la situación en la que estás  o  no queda tiempo, y en verdad, la única salida es una operación o extracción de un órgano, parcial o completamente (si no es vital). Y es a este tipo de intervención en específico a la que me referiré hoy.

Es seguro que alguno de ustedes conozca a alguien que haya sido o vaya a ser operado de los riñones, testículos, mamas, útero, vesícula, apéndice, etc. Y es seguro, también, que puedan, al menos sospechar, lo traumático que puede ser enfrentar tu vida con un órgano menos. Muchos han de sentirse incompletos, y aunque dieron su consentimiento, sienten  que les han arrebatado una parte de sí mismos en su búsqueda por sanar su cuerpo y extender su vida. Quiero decirte que si eres o conoces a una de estas personas, esa decisión ha sido la correcta, pero es necesario procesar esto no sólo desde la cicatrización física, sino de la sanación interior. Primeramente, todos enfermamos a partir de las emociones y pensamientos maldigeridos (puedes leer más aquí: La enfermedad desde una mirada holística), es por ello que se hace tan fundamental la auto-observación, la introspección y las conversaciones con tu yo más íntimo, para ir resolviendo esos dolores que te llevaron a tener que pasar por esto. Te invito a investigar sobre la biodescodificación de las enfermedades para ahondar en las razones emocionales y mentales tras cada problema de salud. Te invito a entender la completud de tu ser, por ejemplo, estudiando sobre los chakras, para que los estimules positivamente y sepas dónde se ubican en ti y, qué funciones cumplen en todos los planos y niveles del ser.  Básicamente cada punto en ti conecta con un sentimiento; La ira da problemas al hígado, el miedo a los pulmones y corazón, la falta de cimientos y claridad de identidad a la columna, el exceso de nerviosismo al colon, entre otros. Hay más razones, claro está, sumando la historia individual de cada uno y a un conjunto de otros factores, pero creo que entienden mi idea.
Ahora bien, a niveles generales, la extracción de un órgano, es una lección muy valiosa e intensa sobre la importancia del desapego. Te permite (si tú te das ese permiso) empezar desde cero, hacer modificaciones radicales, realizar aquello que postergaste y que no te atrevías. Realmente es encontrarte contigo mismo en una nueva versión, a la vez que vuelves a mirar al mundo con otros ojos. 
Y no sólo eso, a veces el cuerpo necesita desprenderse de alguna parte que se ha debilitado para el aprendizaje y evolución del alma. Sí, suena duro y quizás hasta injusto, pero a veces los procesos espirituales intervienen de esta manera para que el individuo se vaya perfeccionando sin olvidar ningún plano de sí. Es una especie de redireccionamiento potente; tú decidirás si lo verás desde el trauma o desde la luz. 

Todo esto sucede para empujarnos hacia nuestra fuerza interior y no seguir rindiéndole culto al miedo al cambio o a la falta de valor para enfrentar historias personales, familiares y sociales que arrastramos como cadáveres sobre nuestros hombros, aún sabiendo, al menos de modo subconsciente, que estas cadenas deben cortarse para sanar.

Sí, la vida nos da una oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva, de sanar por medio de la liberación prácticamente literal de algo, y a veces las formas drásticas son las más efectivas si procesamos los sucesos con altura de mira. 

Y por último, básicamente todo esto gira en torno a una mayor toma de consciencia sobre ti mismo y tu vida de aquí en adelante.

miércoles, 18 de abril de 2018

Egoísmo mal-entendido




Cuando escuchamos la palabra “egoísmo”, automáticamente le damos una connotación negativa y oscura. Nuestra mente nos pone la imagen de una persona individualista, fría y poco solidaria, como un personaje caricaturezco salido de algún cuento clásico, cuya moraleja habla sobre la importancia de compartir para no quedarte solo en Navidad.

Nos han dicho tantas veces que ser egoístas es malo y que es un pecado que te puede enviar al averno, como si procurar tu bienestar por sobre el de los demás, estuviera prohibido. Pienso que a veces todo lo queremos mirar con demasiado dramatismo y desde una posición extremista: Algo así como tener a un ser a tu lado muriendo de hambre y que no seas capaz de darle la mitad de tu pan. Por eso digo que el egoísmo aplicado en justas dosis y en las situaciones pertinentes, es lo que se conoce como un sano amor propio. Sí, no te alarmes, leíste muy bien, estoy diciendo que debemos aprender a ser balanceadamente egoístas; para mí, esto no significa no ayudar al prójimo cuando está dentro de nuestras posibilidades y ganas, trata, mas bien, de saber poner límites, para que no seamos santos estúpidos, y después termimenos resentidos por la falta de reconocimiento, interés o ayuda de los demás, cuando seamos nosotros quienes necesitemos una mano. 

Cuando terminas relaciones tóxicas, por ejemplo, no importa que te tachen de egoísta por priorizar lo que consideras correcto, sano y justo para ti. A la larga, si más personas aprendemos lo importante que es saber cortar de raíz todo lo que es dañino en nuestras vidas, dejándolo ir para darle la bienvenida a lo nuevo, sin lugar a dudas, con toda la certeza de mi corazón, sería capaz de afirmar que tendríamos una sociedad más consciente, sana y armoniosa, pues todos nos estaríamos responsabilizando de nuestras propias necesidades físicas, mentales, emocionales y espirituales que pide nuestro ser. Nos cuidaríamos en todos los niveles, por ende, nadie tendría que cargar con culpas y sufrimientos ajenos que no le corresponden por estar lidiando con un ambiente insano, como el de un trabajo en el que explotan o no poder parar malos-hábitos y vicios sólo por encajar. No, no estoy hablando de un mundo rosa, lleno de arcoíris y unicornios, estoy hablando de personas desarrollando un mejor juicio sobre su propio bienestar, adultos comportándose como adultos, que a la vez son capaces de guiar sabiamente a niños más conectados consigo mismos, en donde decir "basta", "no quiero", "no ahora", "no me siento bien con esto" o "esto no me gusta", sea totalmente respetado. En donde todos podamos manifestar nuestros deseos y pensamientos en los contextos más propicios, teniendo resiliencia para mejorar por medio de nuestros errores. De esto estoy hablando, de vivir sin culpas al tomar decisiones por querer cuidar de ti mismo, procurándote aquello que te hace feliz y alejándote de todo cuanto te haga mal, sin reproches ajenos ni contradicciones internas.  
Debemos entender que a veces ser balanceadamente egoístas puede mantenernos libres.

sábado, 7 de abril de 2018

Pedir nacer


(Imagen: Autor desconocido)

Si alguien te dijera que todos tus “¡Yo no pedí nacer!” o tus “Detesto a los padres que tengo” y además el infaltable “La familia no se escoge” -dicho con aire rezongón-, no sólo son (o fueron) excusas victimistas para culpar al otro por las miserias en tu vida, sino que además se tratan de un autoengaño, ¿cómo te lo tomarías?. Es muy probable que la forma de mirar cada suceso importante que te haya ocurrido, a las personas que te rodean, e incluso la manera en que te ves a ti mismo, cambiarían por completo, ¿no lo crees?, porque esto significaría, que no existen otros responsables más que uno mismo sobre el venir a este mundo. ¡Vaya... Pero qué bofetón!, ¿verdad?.

Desde mi perspectiva, de adulto es posible que lo ignoremos, pero desde que somos pequeños todo ser vibra con el deseo de vivir, independiente de miedos e inseguridades que aparezcan luego. Digamos que existe una chispa divina e inmoral que vendría siendo una célula del Gran Todo o de la Fuente Primera, la cual es “encapsulada” por un alma para experimentar desde la individualidad; es el alma la que solicita materializarse en algo palpable y denso, por ello se crea un cuerpo para nacer y no al revés, de lo contrario se trataría de una especie de clon elemental, un envase que han hecho vivir a la fuerza y no por voluntad. Dicho de otra manera, el cuerpo es una expresión física del alma, que se utiliza como vehículo para sus experiencias vitales, y a su vez, para compartir con otras almas el trozo de realidad que lleva con ella.

Ahora bien, todos esos pensamientos melodramáticos que podemos tener, nos los genera la personalidad, nutrida por la crianza, las experiencias vividas y la cultura, incluso hasta la fase de tu vida en la que te encuentres.
Según tengo entendido, antes de nacer uno hace un acuerdo, algo así como un contrato con un grupo de almas, en donde mutuamente se proporcionarán experiencias, lecciones y aprendizajes. Aquí es donde se caería la teoría inmadura sobre la no escogencia de nuestros familiares. Por más loco que parezca, todos somos maestros, para bien o para mal, con nuestras ligerezas, torpezas, aciertos y desatinos. Una persona iracunda puede enseñarte la importancia del autocontrol o la paciencia, y una persona ruidosa, la relevancia de respetar los espacios personales y el silencio, o al revés, alguien introvertido te mostrará lo necesario de expresarse y a la vez de ser prudente, por dar unos ejemplos. En ocasiones todos somos lo que llamo “Torpes Maestros Inconscientes”, tema sobre el que hablé hace un tiempo y el cual te invito a leer para que entiendas más a fondo lo que intento decir.

Por otro lado, no miremos esto desde un tinte filosófico-existencialista-espiritual si no te apetece, veámoslo bajo el prisma del sentido común: ¿Es realmente justo, sabio y sensato responsabilizar a un tercero por tus propias decisiones y sus resultados?, ¿es realmente inteligente decir que por fulano o mengano no te va bien en la vida? Cada quien está donde está por sus méritos o falta de ellos, tenemos que asimilarlo por más que nos duela en el ego. La psicología humana es compleja y siempre teje velos ilusorios llenos de justificaciones, críticas y juicios, ya hacia sí mismo o hacia el otro para no enfrentar aquello que le causa pesar. Es cierto que los demás influyen, es cierto que los demás nos lastiman, es cierto que ocurren muchas injusticias, pero dentro de lo posible, es necesario comprender que si queremos cruzar el puente, nadie debería cargar con el peso que supone llevarnos en su espalda hasta el otro lado. Nadie te debe nada, nadie tiene el deber, el compromiso o la obligación de salvarte; muy distinto es apoyarnos en el desarrollo o fases de nuestras evoluciones personales e ir juntos, lado a lado, por el camino, pero sólo tú y nadie más, es capaz ni merecedor de sufrir en tu nombre o de quemarse en tu infierno cuando lidia con el suyo también. ¿Me entiendes?.  No se trata de que vivas tus penas a solas, pero sólo tú puedes digerirlas, los demás te aconsejaremos, te ayudaremos, te amaremos, pero no podemos vivir tus procesos ni sanar por ti, cuando eres tú el de la herida.

sábado, 24 de marzo de 2018

Lo sano v/s lo justo


(Imagen: Autor desconocido)

Hace unos meses interactué brevemente con una bloguera, cuyo sitio es un diario-blog en donde cuenta sus pesares. Quise darle un par de consejos y levantar ese ánimo tan menoscabado. Al parecer los recibió con mucho entusiasmo. Ningún problema hasta ahí. Yo también recibí con agrado sus opiniones. Comenzó a buscarme con una leve intensidad que no me incomodó, pero con la que decidí poner atención de acuerdo a su perfil en donde algo me inquietaba; pues cuando alguien se fascina con una persona ambas tienen las de perder; la una agobia a la otra, y a su vez, ésta, tarde o temprano no llenará las expectativas de la primera, ¿me explico?. Nunca pongas a alguien en un pedestal. De hecho, terminó desilusionándose de mí porque esperaba más de la cuenta, cosa con la que estoy bien, porque nadie te debe nada, más todavía cuando no tienen ninguna relación.

Al poco tiempo escribió muy enojada contra sus contactos blogueros, porque no leíamos ni interactuábamos en todos sus posts. Manifestó con gran molestia ver que algunos comentaban en otros sitios, pero no en el suyo. Aunque yo era un muy nuevo contacto supe que era una indirecta que me incluía; usualmente no contesto las indirectas, pero entendiendo las condiciones depresivas de esta muchacha, decidí disculparme por mi falta de atención, suponiendo que era pertinente, ya que uno no busca lastimar a sabiendas. Aquí mismo terminó nuestra nula relación, una porque no hubo respuesta de su parte y otra, porque no vi necesario suplicar perdón por mis actos que fueron con mucha consciencia. Le expliqué mi propia experiencia al respecto, sumando el hecho que ninguno de nosotros estamos en la obligación de leernos siempre o de comentar; por lo menos yo no quiero un compromiso forzado. Además, debemos ser sensatos y, recordar que tenemos distintos horarios y actividades. A veces no hay tiempo (o ganas) para mantenerse al corriente. Sé que a veces es triste y podemos llegar a no sentirnos lo suficientemente valorados, o dudamos de las temáticas y calidad de nuestro contenido al no recibir el mismo interés que prestamos a otros, pero la vida es así, no debemos atar a nadie ni nosotros esposarnos a los demás. Lo único que no le dije en su momento, es que fue mi decisión no sobre-dosificarme con su densidad; ese tono tan autocompasivo y negativo no es algo que quiera en mi vida ahora, agregando que es muy desanimante, por ello, me había dicho a mí misma, que no revisaría todas sus actualizaciones intentando salvar a alguien que no busca salir de ese estado. En el pasado lo hice y es algo a lo que estoy tratando de desacostumbrarme. Esto no significa que no ayude a quien esté pasando por un mal momento, pero puedo decidir a quién, cuándo y en qué medida. Ustedes ya saben que no me siento cómoda con las personas clamantes de atención, pues todos tenemos una vida.

Algunos de los blogueros con los que me frecuento son contactos en común con esta persona, no les pediré que no vayan con el chisme, pero sí que sean discretos y entiendan que usé esta experiencia para ejemplificar mi punto. De hecho sé que muchos nos hemos sentido alguna vez como ella.

Con esta anécdota, en el fondo, quiero decir que lo que es sano para mí no es necesariamente justo para ti y visceversa, pero es un asunto de autoconservación con consciencia, muy diferente a reaccionar con el clásico instinto egoísta y no racionalizado. Básicamente esto se reduce a decisiones, en donde ponemos muy claramente nuestra escala de prioridades sobre la mesa, siendo los principales amos y señores de nuestra vida, con todas las elecciones que conlleva la misma, le duela a quien le duela…No se trata de hacer daño al otro porque sí, pero tampoco intoxicarnos por ser incapaces de poner límites y apartar esos agentes externos que sacuden negativamente nuestro mundo. No tenemos por qué ser los “segundones” en nuestra propia película.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Bloqueos creativos y golpes de suerte



He de confesar que hay ocasiones en que logro crear algo tal cual como un golpe de suerte, se siente así cuando después de mucho intentar, nada surge, hasta que por arte de magia e inesperadamente, llenas de pronto, una hoja que estaba completamente en blanco. “¡Un milagro!” - piensas-.
Este mes ya escribí 5 artículos, de los cuales sólo han visto 2 y sin contar éste. Aún cuando me excusaba diciendo que no tenía inspiración. Cuando estás atrapado por mucho tiempo en episodios de bloqueos creativos, todo se siente así, como una inspiración divina venida de las más elevadas esferas, y cuesta bastante darse cuenta que ya saliste de esa sequía creativa...
A veces detiene ese enfrentamiento con la variabilidad infinita de posibilidades, porque queremos escoger el mejor camino, obviando que las rutas equivocadas también aportan lecciones.

Es hora de asumir que hay muchas cosas en el día a día que se presentan como un golpe de suerte, a veces lo agradecemos y a veces simplemente tomamos la oportunidad por inercia. 
Y así pasa con muchas situaciones en la vida. Personas llegan como un regalo o como una gran lección que debemos agradecer; la diferencia con las cosas, es que las personas no somos desechables, pero tampoco ataduras. Si ya tomaste el aprendizaje necesario debes aprender a soltar; y con esto no sólo me refiero a darle libertad al otro para que siga con su camino, sino a ti mismo para continuar con el tuyo.

Sé que este post no tiene la “contundencia” clásica que siempre intento dar, pero hoy me apetecía una reflexión breve y descomplicada. Espero que de todas formas sea de su agrado.

lunes, 5 de marzo de 2018

Por el bien de mi alma



Porque haya un puesto en el estacionamiento, que la dieta rinda frutos, que te llegue la llamada telefónica que ansías, por la salud de la familia, el éxito en una relación amorosa, por tiempos mejores, por la economía del hogar, hasta por el fin de las guerras y la paz mundial. Sé que la mayoría habemos puesto la mente y el corazón en pedir, orar, invocar la ley de atracción o simplemente enfocar nuestro esfuerzo y dedicación en este tipo de deseos, ¿pero alguno de ustedes ha procurado, verdaderamente, dedicar tiempo o algún acto en pos del mayor bien para su alma? 

Realmente se me hace una pregunta interesante y de una relevancia significativa.
Y no me refiero a subir de puesto o comprar el automóvil de tus sueños. En realidad estas cosas satisfacen más al ego y a la personalidad que al alma. 
Estoy de acuerdo en que hay objetivos que al alcanzarlos nos facilitan y alegran la vida, pero yo quiero ir a un estado mucho más profundo y a la vez elevado, y me refiero a una sanación álmica intensa, una instancia en que podamos hablar con nuestra alma, sentirla y rendirle el honor que merece. Desde los Registros Akáshicos me dijeron que el alma se comunica y expresa a través de intuiciones; es decir que cuando percibes una corazonada, una respuesta repentina o una inspiración sublime, es ella, tu esencia divina hablándote, pero tú no siempre respondes, oyes ni actúas, aún cuando todas las señales internas están latiendo para ti.
Una forma sencilla de aprender a atender tu alma es aprendiendo a escuchar tu cuerpo primero; comer cuando tiene hambre, dormir cuando lo pide, respirar aire fresco si lo deseas.. Poco a poco aprenderás a oír la voz venida de tu fuero interno, con todo lo que necesitas saber.

Regálate esos momentos de paz que en el fondo tanto quieres; ese café en el parque, esa caminata a las afueras de la ciudad, esa tarde bella a orillas del mar… Las instancias de distendimiento son medicina silenciosa pero potente, pequeños lujos simplones para ti, pero que tu alma agradece. 

  • Hoy quiero regalarnos este mensaje espiritual, acto simbólico, poema místico o carta psicológica, como gusten llamarle; es para mi alma y para la tuya. Puedes poner incienso, música bonita y prender una vela. Puedes meditar antes y/o después, pero lo más importante es que lo leas a consciencia para ti mismo:


Por el bien de mi alma 
(Escrito por Kadannek)

Por el bien de mi alma hoy hago el gran llamado: Invito a mi gurú interno a escucharme y hablar conmigo. Invoco la magia sublime de mi espíritu para despertar, volver a mi centro y palpar el punto de origen, pues necesito recordar que nunca hubo separación, que sigo siendo parte de la fuente primera; una extensión de amor universal con forma humana.
Por el bien de mi alma hoy respiro profundo, me lleno de luz y me dejo fluir en cada exhalación.
Por el bien de mi alma me saludo, bendigo y honro, abriendo los brazos a la dicha y a todo lo bueno que la vida quiera obsequiarme. Agradezco la sabiduría infinita que mora en mí, la cual me ha guiado lo mejor posible en cada plano existencial.
Por el bien de mi alma me permito romper las cadenas mentales que me han mantenido atado tanto tiempo a circunstancias, momentos y personas indeseables. Si alguien en algún punto de mi tránsito por este u otros mundos me ha dañado, hoy le perdono y me perdono por perpetuar consciente o inconscientemente este dolor, rencor y trauma. Si yo he herido a alguien en algún punto de mi tránsito por este u otros mundos, le pido perdón y me perdono por haber perpetuado consciente o inconscientemente esta culpa, desprecio hacia mí mismo y dolor. 
¡Hoy me declaro un alma libre, abandono la tristeza y vuelvo a unir cada espacio roto y vacío en mí! ¡Qué cada herida cicatrice y se abalance el amor incondicional, divino y sanador en toda la extensión de mi ser! ¡Qué mi corazón sea feliz de aquí en más, y que ese goce se proyecte, envuelva y contagie a mis seres queridos, para así, avanzar y mejorar juntos!
Por el bien de mi alma le permito borrar las memorias dolorosas del ayer que mi personalidad quizás ignora, pero que en algún rincón del subconsciente continúan afectándome. 
Alma mía ¡Hoy declaro mi amor por ti! ¡Hoy puedes sanar! ¡Hoy en adelante estoy receptivo y agradecido de escucharte y permitirnos ser!.

¡Dicho es, hecho está! Gracias.

*Opcional:

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domingo, 25 de febrero de 2018

Un paso a la vez



Antes no lo sabía, pero apenas comenzada mi adolescencia, descubrí que vivimos en la era flash, en donde todo es desechable y estrepitosamente acelerado. Da miedo. Lo triste es que con el pasar de los años, uno baja la guardia y se deja envolver poco a poco por este ritmo frenético de lo instantáneo. Esperar que una página de internet cargue a veces es desesperante, y peor para algunos, ¡el que no respondan al segundo mismo su mensaje!.
Por fortuna, aún existen quienes tienen como mayor virtud la sabia y sensata paciencia, y reconocen la importancia de respetar los espacios y tiempos tanto ajenos como personales. Yo misma me autoproclamo “una mujer de ausencias y desconexión", en donde es casi rutinario entrar silenciosamente a lo más profundo de mi fuero interno, para apartar al mundanal ruido y a las exigencias sociales de estar “siempre presente, disponible y comunicable”. Lo cierto es, que sí me gustan las buenas conversaciones, esas que se dan al caer la tarde con un café, mirando el jardín y sintiendo el frío relajante anunciando casi el término de la jornada. Pero en realidad, no me siento a gusto cuando me bombardean de preguntas clamantes de atención. Yo soy de esas personas que deja el celular en el velador, muchas veces en silencio (cosa que me ha costado muchos regaños), y se entrega a la contemplación serena de las cosas.

Gracias a este tipo de cultura tan vertiginosa, pareciera que escaseara el tiempo para las caminatas largas, el juego acompasado y sutil de la conquista o para los sueños bien construidos. Es como si un constante frenesí nos impulsara y obligase a saltarnos etapas; no disfrutamos del desarrollo y queremos mágicamente alcanzar el objetivo. Es como si sólo fuésemos capaces de apreciar la copa del árbol, ignorando que tiene raíces profundas, un tronco firme y, que se tomó varios años en crecer para estar así de frondoso y admirable. No digo que nuestros planes deban tardar una eternidad, pero es necesario dar un paso a la vez, uno firme, que deje huella, para poder recordar bien las bases que cimentaron con claridad nuestro camino, y poder mirarlo sin neblina cuando flaqueemos o sintamos que perdemos el rumbo, además de poder adherir bien a nosotros el invaluable aprendizaje que adquirimos durante el proceso.

domingo, 18 de febrero de 2018

¿Aprender con dolor?




Es de la vieja escuela y una creencia obtusa pensar que para mejorar habemos de hacerlo bajo el yugo tirano de las opiniones negativas, tras largas noches en vela, dudando de nuestras capacidades.

Está comprobado que rinde más y da mejores frutos el trabajar en un ambiente amigable que en uno hostil. Si somos guiados con amabilidad, conocimientos e instrucciones claras y específicas da gusto y entusiasmo aprender. Señalar las áreas de oportunidad con precisión y tacto es clave para el crecimiento de una persona o de un grupo, en vez de destruir a los demás porque su trabajo no es de la calidad esperada.
Miremos la educación: ¿Quiénes aprenden más: el grupo escolar al que sobre-exigen y castigan con malos comentarios si no saben la respuesta, o el grupo escolar al que estimulan con sesiones de estudio dinámicas y que corrigen con respeto? 

Algunos me han dicho sobre el tema algo como: “Yo mejoré cuando me dijeron cosas muy feas sobre mi trabajo, eso me motivó”. Y no niego que haya quienes alzaran su vuelo más alto para mejorar a raíz de una crítica destructiva o comentario ofensivo, pero pienso, que eso debería entenderse más bien como un “detonante momentáneo” que como una motivación real. Me explico, las razones de por qué haces lo que haces o de por qué aspiras a llegar al lugar que deseas, usualmente parten del placer que te genera realizar dichas acciones, también suelen tener una raíz más profunda y más noble que el simple hecho de taparle la boca a alguien y obtener aprobación de tus detractores. Es cierto que puedes utilizar ese impulso emocional y unirlo a tus motivaciones de trasfondo, pero no es sano actuar por el orgullo herido y querer demostrar algo a alguien; puede que sientas satisfacción si lo logras, pero con el tiempo descubrirás, que eso no basta para sentirte realmente realizado y pleno...

Un ejemplo de esto lo vi hace muchos años atrás cuando estaba en la categoría de literatura y poesía en un foro. Así como el lamerse las botas entre sí y decir a todo: “¡Qué lindo, me encanta!” no es muy productivo, tampoco lo es el: “¡Pero qué horrible, no sabes escribir!”, la primera opinión te sirve para no rendirte y es agradable, pero muchas veces sólo infla el ego e ignoramos algunos errores. Gracias al segundo tipo de opinión, vi a algunas personas con potencial rendirse apenas comenzada su travesía literaria. Estamos claros que todo depende de la resiliencia de cada persona, pero no me parece justo ni propicio  orientarse por ninguna de las versiones mencionadas si alguien desea mejorar o si alguien desea ayudar.
Para ello es necesario formular una buena crítica, y con esto no me refiero a que apruebes todo, sino a que aprendamos a tener criterio y respeto por el autor, en este caso. 
Lo que yo hacía en aquel foro era decir abiertamente lo que me parecían puntos a favor y áreas de oportunidad. Si no sabes qué son, te lo explico: Área de oportunidad se entiende como él o los campos en los que puedes mejorar o pulirte. Por ejemplo: Hiciste una ilustración, cuyo tema es creativo y, el mensaje se expresa con fuerza y claridad, pero fallaste en las proporciones ¡He ahí tu área de oportunidad!. Si mejoras la técnica y la sigues uniendo a tus buenas ideas, harás una gran diferencia en tu obra. Esto significa mucha práctica e investigación, en donde podrás ir disfrutando del progreso, sin la frustración innecesaria e inseguridad personal que te generan las burlas o las señalizaciones destructivas.

De algunas personas no me gustaban su estilo ni el tema escogido, pero podía destacar la técnica y la capacidad de expresión que tenían. Algunos fallaban rotundamente en algo tan básico como la buena ortografía, pero demostraban un mundo emocional vasto y exquisito. A lo que quiero llegar es, nosotros, como observadores o críticos, tenemos el deber de ampliar nuestro campo visual e ir más allá de las primeras impresiones, no limitar al otro por un detalle que se puede arreglar. Debemos saber cómo indicar pautas de mejoramiento y resolución de problemas, sin quedarnos sólo con apuntar los errores.
A su vez, siendo nosotros los creadores, por así decir, no debemos dejarnos abatir por una simple visión ajena. Muchos no saben argumentar ni ver más allá de dicha primera impresión. También debemos dejar de creer que sólo una opinión dura y mala nos hará mejorar, porque el camino del aprendizaje no es necesariamente doloroso. No debemos darle más crédito al que tachó tu esfuerzo de: “Basura, no sabes hacer nada bien” que al que te dice: “Tienes potencial, sólo ocúpate de mejorar este detalle”.

Para complementar te invito a leer 3 artículos relacionados:


miércoles, 7 de febrero de 2018

Por la vista y los oídos




En cuestiones románticas, ¿qué tan cierta y válida es aquella creencia que dicta que a los hombres se les conquista por los ojos y a las mujeres por los oídos? No sé si es algo real a gran escala o sólo un estigma ignorante. Tampoco sé qué tan a gusto o conformes se sientan las personas con esta idea. En lo personal me parece un poco básica, limitante y obsoleta en la actualidad, les explicaré por qué: 

Intentando responder mis propias dudas empezaré hablando bajo un supuesto muy general, y diré que, al menos en apariencia, la mayoría deducimos que la premisa en cuestión, está instalada en el inconsciente colectivo dándole cierta relevancia y validez, independiente de la connotación que le demos, porque algunos pueden aprobarla y guiarse por ella, y otros tantos pueden desecharla rotundamente. 
Lamentablemente al tener esta idea tan arraigada en nuestra cultura se hace un poco difícil de obviar y no encasillar a ambos géneros, metiendo en el mismo saco a todas las personas. Puede que sea algo a nivel biológico, pero somos más que seres instintivos, somos individuos con preferencias particulares, aún perteneciendo a un grupo.

Soy de esas personas que no se sienten muy cómodas con esta frase, ya que de cierta manera se tacha a los hombres de cazadores visuales, que persiguen todo aquello que lleve una falda, y por su lado, las mujeres se transforman en presas dispuestas al engaño auditivo, siendo envueltas por frases preparadas y superficiales, creando todo un ambiente seductor, pero ilusorio, muy enfatizado desde los años 20. 

Lo decepcionante del asunto es ver al género masculino como un grupo muy básico que se guía sólo por apariencias. A la vez, es muy triste pensar en el género femenino como criaturas astutas, pero sin trasfondo, en el que sólo tienen sus encantos físicos para cautivar. Ellos mienten y exageran la realidad con piropos y frases clichés o muy creativas, para envolver a una chica bajo el sonido de una voz ronca y profunda, como si viniera desde un estéreo en AM. O son sólo ellos los intelectuales y cultos, y ellas las damitas que miran con ojos brillantes y llenos de admiración. Aunque existen y existirán casos parecidos al que describo, ya no sirve actuar así. Hay hombres que no ven a la mujer como un trofeo y aspiran a una compañera sabia, con la que puedan crecer y avanzar juntos en el camino. Hay mujeres que se cansaron de los despreocupados y sabiondos, y esperan a un hombre atractivo en todos los aspectos, capaz de debatir con ellas sin esperar que les inflen su ego varonil. 

Estamos en una era en donde aspiramos a la igualdad y camaradería entre géneros. Las mujeres si queremos tenemos el permiso y el derecho de andar despeinadas y desarregladas por el mundo, con nuestras cualidades y aptitudes a cuestas, demostrando que somos un mundo completo más que carne, y los hombres si quieren tienen el permiso y el derecho también, a demostrar lo complejos y profundos que en verdad son, y que se fijan en cosas más allá de banalidades. 

Por todo lo dicho, la creencia de que al hombre se le conquista por los ojos y a la mujer por los oídos, se me hace tan obsoleta y vacía ahora. Aunque No digo que no sea real hasta cierto punto, y, tampoco digo que no puedas usar esta pauta como guía, pero me atrevería a decir que hoy en día, más allá de una caratula atractiva, también se busca un trasfondo interesante y estimulante en partes iguales, para ambos géneros. 

Además ¿no se les hace muy emocionante ver cómo se van cayendo estos patrones, creencias y estigmas?