jueves, 10 de marzo de 2016

No soy un holograma


Se me hace sumamente interesante y curioso el que aún hoy en día, con todo el boom cybernético, con todas las plataformas virtuales de interacción e intercambio de información, y las facilidades y ayudas para estar en contacto con tus seres queridos, aún hayan retractores asérrimos a las relaciones por internet, aún y con la impresionante cantidad de usuarios registrados en todas las redes sociales habidas y por haber, demostrando la versatilidad de esto. Pensé que ya esos estigmas se estaban cayendo, pero es como creer que la igualdad de género existe o que los gays pueden vivir con la absoluta aceptación social, una utopía que espero pronto se haga realidad.

No se trata de ser estúpidos niños ingenuos, que caen rendidos ante falsas ideas de miles de amigos que nos aman y que les importa lo que sintamos, pensemos y queramos. Un “like”, un “Fav” o un “corazón” no es sinónimo de que se te esté escuchando o que hayan asimilado a conciencia el mensaje que deseas transmitir. No son necesariamente un “estoy de acuerdo” y “comparto porque me importa” sino que muchas veces es para que le regreses esas “atenciones”, para acumular número de seguidores, no así, amigos reales. En eso estamos de acuerdo. ¿Que cómo lo sé? no es por una impresionante astucia de mi parte, sino porque he sabido de muchos testimonios, tantos, que asombra su franqueza y desfachatez.
Entra en juego el saber discernir, el haber desarrollado, ¡quiera el cielo!, un buen juicio y un criterio bien formado que te permita ver más allá de “la etiqueta” tan habitual que se da por estos medios: “Te doy un like porque me diste like, visito tu blog porque visitaste el mío, te regalo un corazón para que luego me lo regreses”. Son esos “buenos días” que a veces das a la fuerza o por simple compromiso. El trabajo de tu intuición es la clave.

Aún así, hay personas que realmente se interesan por las otras personas, no necesariamente para formar lazos entrañables, sino por conocer visiones y nutrirse al compartir diversas opiniones. Hay algunos que llenan un vacío interior con relaciones banales, y hay otros que realmente se esfuerzan por tener relaciones naturales, dejando que pase lo que tenga que pasar, tanto por este medio como en la vida habitual.

Pero lo que más asombro me da, es que aún se crea que “en vivo y en directo” se te engañará menos que por internet. La gente miente y exagera la realidad de la forma que sea, con quien sea y por el medio que sea ¿saben? 
Una relación en la que puedas hablar mirándote a los ojos tomando un buen café es maravilloso, es uno de los mejores placeres de la vida, pero no la hace más intensa o real que una relación que has creado por esta red. Pudiste conocer al amor de tu vida o a tu mejor amigo por aquí, y en el mejor de los casos un día podrán abrazarse y salir a divertirse juntos, pero mientras tanto, lo que sientes es verdad para ti y para quien diriges esos sentimientos. Y no estoy hablando de esos desafortunados embustes que sufren, muchas veces, personas desesperadas por un poco de afecto o que simplemente viven enamorados del amor y la amistad, buscándoles en cualquier parte. Hablo de cuando ya “colaste” a la gente falsa de la gente honesta. Cuando encontraste a otro que piensa como tú, que es honesto, desinteresado y que no está ni ahí con aparentar algo que no es. Si tienes la suerte de conocer todas sus facetas, serás un privilegiado en verdad.


¿A alguno de ustedes le ha pasado o se han enterado de alguien que se siente más comprendido y aceptado por alguien que está a cientos de kilómetros en comparación a otro que vive a la vuelta de la esquina?, ¿Se han sentido más cerca del que está lejos, y más lejos del que está cerca? Y con esto no estoy haciendo un llamado a descuidar a los que tienes a tu alrededor, pues es frustrante estar tratando de conversar con alguien que está pendiente del celular o que no quita los ojos de su tablet, perdiéndose de la belleza del paisaje e irrespetando al que tiene al frente. Hay que poner en balance ambos mundos.
¿Y por qué juzgar a quienes se conocen y se reúnen para salir luego de hablar por línea, si tienen el mismo riesgo de ser traicionados o de ser bendecidos con una gran amistad, lo mismo que si se conocieron en un bar, en la disco o en el supermercado? Podría decir que no son ambientes muy convenientes.
Hay que tener suerte, sí, pero también “buen ojo” y practicar muchísimo el desapego. Partir siendo real uno mismo para atraer a las personas reales, aprender con quién abrir tu corazón y en qué medida, y con quién sólo intercambiarás un par de interacciones y ya.

Sé que ahora estás leyendo un montón de letras de alguien a quién no le estás viendo el rostro, pero soy de carne y hueso como tú. Detesto cuando tratan de irreal a alguien “tras el monitor”. Irreales son las máscaras ridículas que se crea la gente a diario, los escudos mentales del siglo pasado, las dobles personalidades llenas de falsa gloria por tener más seguidores o por creerse una estrella youtuber, creyendo que sus fans darían la vida por salvárselas a ellos. Ese tipo de falacias que se inventan a sí mismo para dañar y ofender a los demás -en vivo o no-, les otorga una engañosa y superficial sensación de victoria o supremacía contra alguien que parece más vulnerable. Esa es la gente de la que debes cuidarte ya sea en tu trabajo, en tu ambiente estudiantil, en tu vecindario o por internet. 
Hay quienes están dispuestos a compartir, conocer personas y entablar una amistad verdadera, sin importar los medios ni las circunstancias. Merecen respeto.  Una de mis mejores amigas a la distancia hasta hace poco comprendió la belleza y honestidad de "las caricias en el alma" que puede darte un ser querido por más lejos que esté físicamente de ti. Como este medio te obliga a conversar, dialogar y expresarte es una gran herramienta para conocer a fondo a alguien, siempre que lo permita. Realmente es algo de mucho valor, aunque requiere dedicación y tiempo, pero vale la pena.

Soy partidaria de romper límites y fronteras, de derribar muros separatistas, de empaparse de la cultura de otros sitios, conocer la historia de otra gente, muy distinta a mí, ya sea viajando, hablando con alguien en el metro o compartiendo por internet.



Dedico esta entrada a todos los queridos amigos que están lejos físicamente, pero con quienes comparto hilos místicos invisibles que nos unen con cariño.

lunes, 29 de febrero de 2016

¿Cómo lidiar con un duelo?


¿Ha muerto tu mejor amigo, tu padre, un primo, el profesor al que admirabas o una persona que era tu fuente de inspiración? Debes estar sumido en la tristeza, tratando de hallarle sentido a este evento, repasando los recuerdos tanto como las culpas. Quizás debiste abrazarle más, perdonarle, desesperezarte y regalarle una visita sorpresa. ¿Nunca le dijiste cuánto le querías o lo hiciste pero no fue suficiente? El remordimiento debe de estar mordiéndote las entrañas. Extrañar a alguien querido puede llegar a encolerizarte tanto que te saca de quicio, batallas noche a noche con tu desesperado dolor; el insomnio es ahora tu confidente tanto como tu enemigo.

Tal vez te caerán como patada en el estómago los “pésame” de personas que ni conoces, y cualquier lágrima ajena se sentirá como una burla. Tú cariño por esa persona era el más fuerte, el más sincero y el más valioso, aunque les haya faltado tiempo juntos.

¿Ya te cansaste de las pláticas motivadoras, de esas frases que dice un familiar sabiondo que trata de darte razones religiosas o espirituales para que encuentres el balance?, ¿pudiste leer libros relacionados como “El libro tibetano de la vida y la muerte” o “El Libro Egipcio de los muertos”?, ¿encontraste consuelo en una película basada en hechos reales, en donde una familia enfrenta la pérdida de un miembro y lo superan juntos con mucho amor?, ¿ya desahogaste tu pena con un hombro amigo, el único que realmente te dijo lo que necesitas oír y te abrazó tan fuerte en un intento por reconstruir tu corazón? Es probable que sigas mirando al cielo preguntando “por qué” y que visites su tumba con frecuencia para tu tranquilidad psicológica, sabiendo que realmente “no está ahí”; es muy posible que nunca te recuperes del todo y que le extrañes por el resto de tus días, sobre todo si fue una persona que consideras irreemplazable.
A lo mejor no le lloraste nunca y tu temple sorprendió a todo el mundo. Quizás te trataron de un ente frío por no hacer berrinche y escándalo como hacen los demás. Tal vez te recomendaron “desmoronarte para volver a reconstruirte” y tú agradeciste con una cortés sonrisa para no rechazar de frentón tan poco sensato consejo. La verdad, ignoro tu situación, si quieres contármela bienvenida sea, porque este es un espacio de liberación.
Pero déjame hacerte una recomendación al respecto: Debes tener presente que tu sufrimiento no es el único, incluso pueden existir personas a las que les cuesta más que a ti lidiar con esto, si te sienta bien reunirte con ellas, hablen de sus emociones, traigan de regreso episodios emblemáticos de la persona que partió antes que ustedes. Lloren juntos si se sienten cómodos, pidan ayuda si la requieren, porque hay ocasiones en que las penas pesan menos en compañía. También analiza si te estás victimizando o sobredimensionando tu dolor. No uses como excusa el fallecimiento de este ser para dañar al resto y de paso exigir paciencia porque “tienes derecho ya que estás triste”, tampoco te permitas postergar tus proyectos o limitar los de otros, porque esto no te permitirá sanar ni a ti ni a los demás, y ello no es justo, ni noble ni hace bien. Puedes desahogarte, pero no te desbordes. Puedes hacer “celebraciones” en su honor si te ayuda, pero respeta si alguien se siente lo bastante frágil como para no participar. No obligues ni te obligues a asistir a eventos sociales de consuelo mutuo. A veces se necesita tiempo, espacio y soledad para equilibrarse en silencio y toca dejarlo en claro.

No hay tiempo estimado en el que se supere un duelo, pero habitualmente en el transcurso de un año sería aceptable ya retomar tus actividades. Es un tiempo “razonable” para haber desarrollado el autocontrol, haber superado las culpas y dejar de echar en cara cosas que se hicieron o faltaron, y me refiero a ti, al fallecido o a otro, porque no sirven más que para causar aflicción. Algo que funciona es realizar actos simbólicos de despedida, de perdón, de agradecimiento o similares. Eso trae tranquilidad para todos los implicados. 
Estudia el tema de la vida, la muerte y el más allá, pero no te obsesiones, detente cuando te llegue lo que crees que debías saber. No sufras más de la cuenta porque no sólo te duele a ti y a las personas que te quieren, sino que, bajo mi creencia, perturba y bloquea la ascensión del fallecido; de hecho, su proceso es más complejo que el tuyo. Así que sigue viviendo y avanzando por él. Quizás no son los mejores consejos del mundo, pero sé que cada persona tiene un proceso diferente para lidiar con estas situaciones, y sé que si se toma como un evento traumático, los bloqueará por años o de por vida, y de paso dañarán mucho a los que están a su alrededor. Quiero que sepas que empatizo contigo y que si necesitas un poco de apoyo aquí estoy.
Dedicado con especial cariño a mi amiga Lorena. Un abrazo para ti.

domingo, 21 de febrero de 2016

Los Saturnos devoradores




En la antigua Roma existió un ambicioso y temible dios, protector de la agricultura y la cosecha, que por un pacto habría de matar a sus hijos una vez nacieran. Hablo de Saturno, hijo de Urano y Tellus, regentes del Cielo y de la Tierra respectivamente. Hermano menor de Titán, quien, por ser el primogénito exigió la eliminación de los sobrinos varones que tuviese, a cambio de permitirle gobernar a su hermano, para así, luego del fallecimiento de éste, poder recuperar su trono sin el estorbo de otros sucesores más que sus propios hijos.

Al tiempo, Saturno contrae matrimonio con Ops, más conocida como Rea en la versión Griega. Como era de sospechar, la bella diosa de la abundancia, la fertilidad y el trabajo de la tierra, dio a luz a varios hijos que no pudo salvar de las garras de su despiadado padre, que, movido por la promesa hecha a su hermano Titán y el propio temor de ser destronado por uno de sus hijos, arrebató a cada recién nacido de los brazos de su desconsolada y desesperada madre. Pero ésta, cansada de este atroz tormento logra salvar a Júpiter (Zeus), dándole una piedra a su padre para que la comiera en lugar de su hijo, el que luego, instruido lejos del calor de su hogar, una vez adulto, ya convertido en el dios del rayo, batalla contra su padre, derrocándolo y exigiéndole regresar a la vida a sus hermanos asesinados. 

Es de admitir que el drama de la mitología occidental no tiene comparación, es mejor que cualquier ridícula telenovela. Esta historia en particular me recuerda las palabras de una profesora de filosofía: “Si los hombres son viles, los dioses Romanos y Griegos son 10.000 veces más viles”, porque tanto sus defectos como sus virtudes están sumamente exacerbadas; por ello hay tanta venganza, traiciones, rencores y batallas deshonestas entre los dioses de la historia antigua. 

Diría que esa fatalidad inexorable del destino es la que inspiró y quiso plasmar Francisco de Goya y Lucientes con su tan impactante y emblemática obra, tanto para él como para la historia del arte, conocida como: “Saturno devorando a un hijo”, la cual forma parte de la colección de las llamadas “Pinturas negras” (por la utilización de pigmentos oscuros en consonancia con la temática sombría), decorando las paredes de “La quinta del sordo” que el autor adquirió en 1919.


Si se observa un momento esta obra, esa representación simbólica del sufrimiento y profunda melancolía del artista, ese dramatismo escandaloso que le da el clásico toque maldito de un pobre diablo subyugado por el paso del tiempo, que lo devora absolutamente todo imparcialmente sin piedad, es inevitable sentirse perturbado y abstraído a la vez. Cabe destacar que muchas veces se asoció al dios de la cosecha, Cronos (otro nombre con el que se conoce a Saturno) con Chronos,  dios del tiempo, el que desintegra todo a su camino.

...Me es inevitable hundirme en esta escalofriante y cautivante imagen, en donde el fondo oscuro parece representante del vacío, sin dejar escapatoria a ningún atisbo de vida, destacando la monstruosidad y deformidad de este inescrupuloso ser. Goya escoge justamente esta escena espantosa y magnífica, en que Saturno, sin remordimientos, no le da tregua al infante, en este aterrador ritual antropófago, uno de los peores “pecados humanos” en el cristianismo, pero él... No es ni humano, ni cristiano (agréguese risa malévola de ultratumba en esta parte).

 "¡Será para nosotros menos triste
Que comas nuestra carne miserable!
Tú puedes despojarla; tu la diste."
(Canto 33 del Infierno. Dante Alighieri)


Posiblemente Goya fue inspirado por el Saturno de Peter Paul Rubens, otra obra chocante, cruel y excelente en su técnica, a su vez, influenciada posiblemente por el estilo de Miguel Ángel, artista Italiano. 
Otro cuadro horrible en su significado, en el que el dios desgarra sin misericordia el pecho de uno de sus indefensos hijos; la expresión del niño es insoportable para cualquiera con un mínimo de sensibilidad humana. Y el gesto de este terrible padre, que sostiene una guadaña representativa de la agricultura para Romanos y Griegos, pero que a nuestra generación evoca, más bien, el recuerdo de la intransigente muerte, es un espanto total.

A mi ver, estas exquisitas obras resumen, focalizan y enfatizan sin tapujos la inmisericordia, el horror y las miserias internas en actos cruentos y despreciables por codicia y egocentrismo provocadas por el miedo. Los apludo, por la ferocidad y falta de escrúpulos. Hay que enfrentar grandes bestias personales para plasmar algo así, sin sentirse abatido o consumido en el intento. 

sábado, 13 de febrero de 2016

Emociones Ajenas


¿Alguna vez fueron juzgados por su forma de vivir o reaccionar ante un suceso doloroso y personal?, ¿o fueron ustedes los que señalaron “las faltas” del otro en el cómo manejó sus emociones y procesos, porque no lo hizo como ustedes lo harían? Estoy segura que la mayoría habremos pasado al menos una vez ambos casos.

Es curiosa la forma en que cada persona atraviesa sus crisis. Conozco algunos casos en que decidieron pintarse, cortarse o raparse el cabello y en mayor medida, hacer cambios radicales en su look para sentir que son “otra persona”, una reinventada. Otras personas cambian de lugar los muebles o incluso los renuevan; dicen que moverlos de lugar libera energías estancadas, y a la vez, ayuda a nivel psicológico dotando de una oportuna sensación de “empezar de cero”. Hay casos que van más allá, mudándose de casa, de ciudad, cambiando de trabajo y hasta rompiendo lazos. Ahora ya nada los atará a ese pasado que desean olvidar.

Pero lo que con mayor frecuencia se ve, y hasta hablo por experiencia propia, es la necesidad de estar a solas, pero sin ser desamparado. El querer ausentarse de todo para hallar el centro perdido. Lo triste del asunto es, que muchos no logran comprender esa urgencia interior, y bombardean con planes sociales y extravagantes para llenarte de risas, tragos y charlas, muchas veces, intrascendentes. Hay momentos en que se necesita sólo de profundidad y silencio: Calma. A veces necesitas irte por un tiempo sin que te olviden, pero el resto se lo toma personal creyendo que les abandonas. No se ponen en el lugar del otro, no hacen las preguntas correctas, sólo critican y etiquetan las decisiones emocionales de los demás. ¡Aquí hallo un peligro tremendo! y abogo por dar un paso atrás para poder mirar todo el panorama con mejor perspectiva antes de tachar de irresponsable, indiferente, alocado, inmaduro o ridículo a alguien. Es posible que no se conozcan por completo sus circunstancias. No estás dentro de su cuerpo, por ende no sabes a ciencia cierta lo que pasa en su mente y corazón, ni cómo está lidiando con el asunto dentro de sí. Existen “las luchas internas”, las cuales no siempre se exteriorizan, mucho menos de una forma clara, porque son personales y no son creadas para que particularmente tú u otro las comprenda más que la persona quien las vive.

Otras personas necesitan exteriorizar esas dolencias monstruosas y lo hacen por medio de la apariencia, el lenguaje, el comportamiento o cualquier otra actividad que les permita liberarse, gritar y vomitar la crisis. Pero, otra vez, se ven limitadas por la mirada ajena, las señalizaciones, el chisme… No quieren entender tu forma de expresarte ni reconocen la valentía que tienes para hacerlo. No comprenden que es una transfiguración de tu ser, una transformación para superar un periodo difícil. 


Pero no seamos intransigentes, debemos ser flexibles y asumir que socialmente se está condicionado para cumplir ciertos parámetros que cuentan con una escala conceptual, que incluye posturas ideológicas, actitudes y determinados comportamientos que son apreciados como “normales”, por ende “esperables” en cada situación. Si se sale de lo habitual a la gente le cuesta asimilarlo, así que el que atraviesa por una etapa complicada, debe aceptar de antemano que se le agregará esta necesidad extra de hacerse entender o al menos, de exigir su espacio o tiempo.

 Cabe destacar que no hablo de casos en que las reacciones son tan turbulentas que terminan dañando directamente al otro, física o emocionalmente. En estas circunstancias se necesita no sólo un tipo de apoyo especial por parte del entorno, sino también de especialistas. Tampoco es sano tolerar injusticias o maltratos.

Ahora, para quienes juzgan, ¡tengan cuidado!, porque a veces no lograrán dimensionar el tamaño del daño que causarán sus críticas infundadas. Pueden llegar a motivar a tal extremo la autocrítica del otro hasta un nivel destructivo. A veces ni esa persona sabe lo que le pasa.

Cada persona reacciona diferente y trabaja con sus emociones a su manera, porque, valga la redundancia, son sus emociones. 

Vive y deja vivir los procesos personales. Apoya, comparte y escucha todo lo que te sea posible. Abraza si se requiere, acompaña en silencio, haz las preguntas pertinentes, pero por favor, opina con tacto, y de ser posible no opines, muchas veces lo que el otro necesita es calidez humana, un hombro donde llorar y empatía... Pura y simple empatía.


viernes, 5 de febrero de 2016

Relaciones estiradas (Parte III y final: Reciprocidad)



III

Desde hace unos años que estoy en una postura de “no súplica”, es decir, daré en medida de lo que me sea entregado. Un poco cliché y egoísta ¿verdad?, si eso piensan, está bien, pero antes de juzgarme conozcan mis razones: Me considero y me consideran de esas personas de relaciones entrañables y profundas. Suelo ocuparme mucho de las personas que quiero, tanto así, que usualmente soy yo la primera en buscarles una vez establecida la relación, soy la primera en entablar una conversación, en preguntar “¿Cómo estás?”, en dejar saludos o hacer una invitación, aún con mis dificultades sociales (punto a tener muy en cuenta). Invierto mucho tiempo en conocer dedicadamente a cada persona que me interesa (si ésta me da la oportunidad), sacando a relucir mi “virtud-defecto” llamado popularmente “curiosidad”. Es la forma más efectiva para conectarme con el otro y entender su mundo, pues creo que la empatía es un don de pocos y vale la pena desarrollarla para una sociedad más estable, tolerante y feliz. 

Pero con el tiempo, me di cuenta que invalidaba al otro en su capacidad para demostrar interés, se lo dejaba muy fácil; por ejemplo, con antelación redactaba tarjetas navideñas personalizadas para cada individuo, estaba al pendiente de sus cumpleaños, pero nunca hablaba del mío para no hacerles sentir comprometidos. Saludaba y llamaba cada tanto, cuidando de no ser imprudente, pero tampoco ingrata. Escuchaba por horas las quejas, dolores, sufrimientos y malestares ajenos, hasta que se precipitaban mis conocidos “tiempos de ausencia”. En ellos me relegaba del mundo, guardaba silencio y meditaba. Pero durante mi receso, ninguna llamada, ningún mensaje preguntando por mí, ninguna visita. No importó al principio, no me lo tomé personal, además era lo que necesitaba, estar a solas. Además aún en esas instancias seguía en comunicación con “los elegidos”, algunos de ellos fueron muy considerados, pero otros no. Hasta que pasado un tiempo, me cansé. Sí, me harté, me aburrí y me lo tomé personal: “¿Qué está pasando?, ¿Si yo no les busco no me buscan?” Poco a poco fui terminando relaciones, pues descubrí que nunca hubo un interés sincero o no de la calidad que merecía.. Con otros, me di oportunidades, pese a que me decepcioné una y otra vez. Entonces di ultimatums directos, explicando lo que sentía y pensaba sobre una verdadera relación recíproca. Un par de veces lo intentaron, pero sin esfuerzo, y terminaron rindiéndose. ¡Qué tristeza más grande, en serio! 

Hubo un amigo en particular, al cual acompañé especialmente durante dos años fatídicos de su vida, escuchando día a día sus pesares, noche a noche sosteniéndole y tarde a tarde consolándole. No sólo él sufría con determinada situación, ambos nos sentimos traicionados por alguien a quien queríamos. También me ayudó en momentos difíciles, me escuchó, interiorizó en mí como hace un buen amigo; pero cuando hubo desahogado toda su miseria interior me fue olvidando poquito a poco. A él le di el primer y más importante ultimatum (de hecho fue en dos ocasiones), resultando a medias y fracasando al final. 
Ya tiene nueva vida ¿Será que yace encerrado en una burbuja? No lo culpo, merece ser feliz y aislar dolores pasados. Quizás eso es lo que pasa, fue necesario dejarme para avanzar en el camino. He de asumirlo con alegría por él. Además entiendo perfectamente la necesidad de apartarse de personas que representan épocas muy marcadas en tu pasado.
Nuestra amistad duró demasiados años, con altos y bajos. Usualmente no me enfado con nadie, pero él lo lograba magistralmente, su imprudencia siempre me ha impresionado. Aún así fue importante, una experiencia rica, pero también, una de las personas que más me ha decepcionado, justamente por el cariño que le tuve. Pero gracias a él, reafirmé que no hay que esperar algo de alguien, no hay que tener demasiadas expectativas. No debemos ejercer presión con ideales. Él no podía darme el tipo de amistad al que aspiro. Pero admito que me enseñó mucho con sus aciertos y desaciertos, y supongo que a la inversa yo también, o es lo que quiero creer.
Nunca nos hemos dicho adiós de forma oficial, sólo nos distanciamos; yo, esperando que reaccionara a mi alerta y él, organizando su vida y quizás esperanzado de que yo siguiera buscando y dando. Sé que es de esas personas que le gusta que le pidan su atención, pero resulta que yo no soy así. No obligaré a alguien a estar conmigo si de verdad no lo desea de corazón. Es necesario manifestar ciertas cosas, por más orgullosos y cerrados que seamos. Si logró encauzar su vida, lo ignoro a estas alturas, y le deseo lo mejor, pero no reaccionó al aviso de que me estaba cansando, así que finalmente, ha llegado la hora de cerrar esta página. 

No comparto todo esto para chismosear ni vanagloriarme sobre mi escala valórica, mucho menos se trata de una postura de víctima, sino de una persona que necesita hacer catarsis, canalizar una energía turbia y reflexionar sobre ello al exteriorizarlo. Es mi forma de sanar y cerrar ciclos de la forma más productiva y creativa que conozco: Escribiendo. Y si de paso ayudo a alguien de algún modo, en sus propios procesos, sería gratificante. Compartir historias nos abren los ojos, de alguna forma nos acerca con los otros y engrandece, o al menos eso es lo que pienso. 

jueves, 28 de enero de 2016

Relaciones estiradas (Parte II: Desapego)




II

¿Qué tan estables y profundas son tus relaciones? Las mías suelen ser largas y sólidas, mantengo amistad con pocas personas pero desde hace muchos años, y a las nuevas, las voy conociendo poco a poco y con dedicación. No me gustan los lazos superfluos, no estamos para gastar tiempo con gente que te olvidará de la noche a la mañana, que te quiere para pasar el rato o para que sólo seas un adorno en su cuenta de twitter. Queremos lazos firmes y honestos, con quienes podamos contar y compartir sin miedo a ser juzgado ni abandonado. La lealtad y la buena comunicación son las bases fundamentales para construir cualquier tipo de relación sana.

Pero me surge una pregunta a raíz de unas conversaciones: ¿Qué tan sencillo es romper lazos hoy en día? 

Una amiga muy querida, de esas con las que te proyectas tomando un té de mayores en la azotea, bromeando al rememorar eventos del ayer, o sonriendo con nostalgia al recordar a un buen amigo en común, que se fue siendo demasiado joven. De esas, a las que tienes entre tus prioridades, al principio de tu lista para no olvidar su cumpleaños con lo despistada que eres, de esas para las que quisiste estar plenamente disponible por si se le presentaba algo y necesitaba de ti, sin importar la hora ni el lugar, de esas con las que mantuviste una relación por más de 10 años; esa clase tan especial y única de amistad, me sacó finalmente de su vida. Me gustaría decir que fue conversando cara a cara, explicándome sus razones, pero no; tocó un botón y me eliminó de Facebook. ¡No sé si es para reír o llorar! Es como si las relaciones fuesen desechables, como si tuviésemos fecha de caducidad.

Si mantienes amistades a través de internet, sabrás que las redes sociales pueden acercar mucho a personas que no puedes ver seguido o que simplemente no puedes visitar, pero también tienen ese riesgo, esa facilidad con la que te borran y te olvidan como un contacto más. Como si fuese un burdo castigo, como si con esa acción se te fuese a acabar el mundo; un acto tan infantil como ridículo. Y da igual de personas con las que poco interactúas, o de quienes realmente debes alejar de ti, pero sorprende de aquellos con los que hubo un lazo fuerte, con los que lloraste y reíste a más no poder. Y con esto también hago referencia a personas que conoces físicamente, como ex-compañeros, amigos de la infancia u otros. Si no estás en su "lista de amigos", es porque no existes para ellos. 

No es la primera vez, hubo otras amistades que por una broma o acotación malentendida me sacaron de su vida sin pestañar, pasando por alto el tiempo dedicado y el cariño. Y a veces es mejor así, cortar de raíz las cosas sin entrar en jugos de indirectas y silencios amenazantes que aburren. Porque recuerda: El bloquearte y desbloquearte es la nueva “Ley del hielo”.
No soy responsable de su escasa altura de mira o comprensión. Sólo me admito culpable de confiar demasiado en su buen juicio. ¿Pero a quién no le ha pasado?

Lo triste de esta historia reciente, es que comenzó con un encuentro de opinión, en realidad, con un prejuicio de su parte cuando sólo buscaba su empatía. Cuestionó una decisión que lo único que traería a mi vida sería dicha. Lo hablamos en buenos términos, cada una expuso sus argumentos, debatimos con respeto, pero no llegamos a un punto de acuerdo. Ese fue nuestro primer alejamiento; a los meses le pedí reunirnos, pero rechazó mis invitaciones. Traté de entenderlo, pero paulatinamente dejamos de comunicarnos, hasta que hace unas semanas me borró definitivamente. No sé si es una indirecta o la forma más “indolora” para decirme adiós. Es probable que ella asumiera antes que yo la muerte de esta relación,  la cual duró demasiado, la cual pudo terminar hace algunos años atrás. Pero sé que es cuestión de procesos y ciclos que deben concluir a su debido tiempo.

Tal vez por eso escribo esto, para aceptar su decisión, para dejarle ir por la paz, después de esperarle secretamente. Después de querer un pequeño esfuerzo de su parte. Mis iniciativas fueron rechazadas, y no es digno seguir aguardando por alguien que al parecer, ya no espera por ti, por alguien, que no responde tus mensajes desde hace mucho, por alguien que no te quiere ver.
Si por esas casualidades de la vida ella leyese esto, ojalá no perciba rencor, sino resignación. La quise porque formó parte de mi vida. Aprendimos mucho, pero le dejo ir, como dejé ir el recuerdo de esas amistades en mi adolescencia que tanto daño causaron, así como el de otras a lo largo de mi vida. Hoy, cierro el ciclo de nuestra larga y bella amistad, con mucha gratitud por toda la riqueza y la enseñanza.


miércoles, 20 de enero de 2016

Relaciones estiradas (Parte I: Traiciones)



(Los relojes blandos o La perseverancia de la memoria, por Salvador Dalí)

I

¿Alguna vez tuviste un amigo, una pareja, un compañero, un contacto o conocido, el que duró más de la cuenta en tu vida? Yo sí, principalmente por apego o por no saber decir adiós. El cariño y el respeto muchas veces te cohíben para poder alejarte de esa persona, ya que no quieres herirla, inclusive si se trata de un familiar.
Hay ocasiones en que el miedo al cambio y la fuerza de la costumbre nos obligan a llevar relaciones por más tiempo del debido, aún cuando dentro de ti, sabes que esa relación está agonizando o simplemente necesitas aires nuevos para crecer, porque ya entregaste todo lo necesario recibiendo a tu vez, todo la enseñanza que te correspondía de ese alguien. No digo que todos los lazos deban ser rotos para expandir nuestros horizontes, hay uniones que son indestructibles, entrañables, eternas. Incluso hay algunos seres que salen y vuelven a tu vida, justo en los momentos más claves. Diría que es una cuestión de procesos individuales necesarios.

En el pasado, en mi adolescencia, el universo me obligó a terminar a la fuerza con unas amistades que nos estaban agotando a mi hermana y a mí. Había envidia hacia nosotros, la cual no queríamos asumir, la cual perdonábamos diariamente como monjas ciegas. Era lo que teníamos, era el círculo que habíamos formado con esfuerzo, cariño y dedicación, pero ya era tiempo de conocer otras personas, de tener otras experiencias, de alejarse de rencores silenciosos. El primer aviso fueron los prejuicios sociales, los cuales rebatí con fuerza, declarando que no me importaba cómo las viera el mundo, eran mis amigas y las defendería con capa y espada. (Sí, era esa época en la que comencé a querer tirar abajo prejuicios discriminadores y separatistas, y esquemas mentales cerrados y equivocados). Lo más triste de este asunto, es que esto generó un rumor, inventado por una misma compañera del grupo “poniéndose el parche antes de la herida”, diciéndole a otra que yo me avergonzaba de ella, cuando en realidad, yo fui la primera en defenderlas a todas, quien abogó para que la amistad continuara sin importar lo ñoñas que las viera el resto. Lo que importaba era lo que teníamos, nuestro cariño y nuestro lazo. Pero mis explicaciones no bastaron, el gritar mi verdad no bastó. Esta persona terminó odiándome -según sus propias palabras-, argumentando que esa otra compañera no tenía razones para mentirle. Nunca entendí su motivación ni su propósito, aunque se lo pregunté directamente. No hubo respuesta clara, sólo lágrimas y culpabilidad en su rostro. Y aún así, traté de entenderla y perdonarla, pese a lo que hizo.
Hice los esfuerzos que estuvieron al alcance de mi mano, haciendo llamadas durante todas las vacaciones de verano, para pedir disculpas que no debía pedir, para poder ser escuchada, para sanar un corazón roto, que habían dañado en mi nombre, con crueldad. No resultó, como les cuento, pero el ambiente escolar nos volvió a unir por compromiso y costumbre, quizás ninguna se atrevía ni sabía a dónde más ir... El tiempo pasó, y con ello, muchos otros sucesos, los cuales tratábamos de resolver con madurez. 

El segundo aviso importante pasó a mitad de la secundaria, en el que, la relación ya gastada, ya cansada, ya “estirada” demás, al fin iba a romperse. Una nueva mentira, una grave, que incluía esta vez, a mi hermana, la cual no estaba presente ese día. Encontré una nota, abandonada a su suerte, sin ningún cuidado en el piso, la cual iba dirigida a otra compañera fuera del grupo, pero amiga en común de algunas de nosotras. En ella inventaba un ataque violento y físico que supuestamente mi hermana preparaba contra la persona que escribió la nota (la misma persona que dañó mi relación con la amiga anterior). Como si para una niña de 14 ó 15 años fuese tan fácil contratar a un matón.
No lo soporté, aclaré las cosas con la chica que recibió el papel y luego encaré a la mentirosa. Nunca le había subido la voz tanto a alguien, nunca le había hablado con tanto dolor a alguien que quería, a alguien con quien conversaba todos los días, a quien apoyaba, consolaba, defendía y aconsejaba incondicionalmente. Nos regañaron a todas injustamente. “¡impertinentes profesores, no entienden lo que pasa. No dimensionan la gravedad de esto!” pensé, (seguramente con palabras más fuertes). No volvimos a hablar luego de ello, nuestros caminos estaban irremediablemente separados ya. 

Otras personas de confianza me contaron los chismes, mentiras y cosas feas que decían de mi hermana y de mí. Falacias que les podrían la boca, pero que, con sinceridad, en primera instancia me hicieron reír genuinamente. Entendí que sólo almas tristes hablan así de alguien que quisieron. Ahora pienso que me lo tomé demasiado bien, tenía un temple de acero en ese entonces. Debí refutar, pero ¿para qué? ya todo había acabado, no quise volver atrás, pero al parecer les importaba más a ellas, de los que ellas me importaban a mí ahora. Me alegro de nunca haber caído en su juego malsano, de no haber hablado mal de ninguna, de no haber revelado ningún secreto, de hecho, jamás hablé de esto sino hasta ahora. Después de más de 13 años. ¿Por qué ahora? sólo necesito sacarlo de mi sistema, ya que no pude evitar recordar este suceso luego de terminar recientemente otra amistad, en otro contexto y de otra forma, la cual contaré próximamente.

martes, 12 de enero de 2016

Sagrado placer


¿Tienes  una  consigna, cual grito de guerra, cuando te quedas completamente solo, siendo amo y señor en tu casa? La mía, como William Wallace, interpretado por Mel Gibson en corazón valiente es: “¡Libertad!”

No hay privilegio más santo que el de desligarte por completo del mundo sin partir a otro sitio, sin ser exiliado, sin tener que inventarte un camino y un rumbo, sin buscar con desespero un templo en el que puedas retirarte entregándote al silencio, a la nada y al vacío. Cuando tienes la casa para ti solo, por completo, se vuelve inmensa y majestuosa como un monasterio olvidado, ya que en su momentáneo abandono, tú te abandonas, apaciblemente, en él. Te transformas, o mejor dicho, te permites ser: Actúas como un niño creativo, feliz y loco; cantando estupideces, revelando bailes exóticos e invocando espíritus ancestrales para que te acompañen en tu gozo, o, te quedas inamovible, contemplativo, hundiéndote en el callado respirar de tu hogar. Una quietud así, no puede ser profanada con perturbaciones ridículas ahora que posees esta oportunidad, este honor.
Actúes como actúes, lo disfrutes de la manera en que quieras y te permitas disfrutarlo, me he dado cuenta hoy, -después de tantos años, sin tener al menos una hora de total control en esta fortaleza- que es un menester y una urgencia ese espacio solitario y privado para alcanzar el balance y la paz anhelada, reintegrando, quizás, todas tus partes disociadas, torcidas, acalambradas, oprimidas y cansadas. El alma necesita reír a solas, como “el loco” de Gibrán Khalil, descender a su infierno a solas, visitar su cielo a solas, gritar, llorar y crear a solas. En necesario volver a verte a solas, sin prejuicios, sin influencias externas. Es necesario que puedas atravesar el otro lado del espejo por ti mismo.

Sé de esas personas que no toleran estar solas, que no soportan “el ruido del silencio”. En ellas hay un miedo infundado al desamparo que provoca la inmensidad de la soledad. Desconocen su hermosura y sus dones.
Sepan, estimados y estimadas, que la soledad posee una sabiduría bellísima que no se halla en nada más. Hay en ella una enseñanza más profunda y honesta que en cualquier otra cosa, porque devela misterios, secretos y claves de un valor inigualable para la humanidad y el individuo si sabemos interpretarla.
Estar solo en plena soledad, desde un plano positivo, es de lo más virtuoso que conozco. De entre los más benditos placeres que puede entregarnos la vida, es el de respirar al silencio. Así que si gustas experimentar algo único, quédate a solas contigo sin nadie alrededor, libérate de cadenas. Ni si quieras tienes que desenmascararte por completo si no estás listo ni te interesa, pero al menos date la oportunidad de leer en voz alta, escuchar música a todo volumen, de reír por tonterías hablando contigo mismo, de inventar canciones para nadie y dedicar bailes al éxtasis sin miedo al ridículo, es liberador como una de las mejores experiencias y procesos sanadores.

Puede ser que yo no haya hecho todo eso, porque no tuve el tiempo necesario, solamente unos breves instantes, pero fue refrescante como una bocanada de aire nuevo y limpio mientras duró. Yo lo aproveché para vocalizar mantras y escribir. No me bastó, pero fue un comienzo.

domingo, 3 de enero de 2016

Pequeña voluntad


¡Ah!, la raquítica y pequeña voluntad del hombre vive en amenaza constante, empujada, tentativamente, hacia su muerte. Lo observo noche a noche, cuando el cuerpo se recuesta al filo de la cama, entregado, inerte y ansioso, ante esa remota posibilidad de caer por un abismo sin fondo, esperanzado de llegar a ese momento clave, en el que se ignora cuándo se termina de caer y se comienza, entonces, a volar… Pero no; La realidad es siempre más fatídica que esto para el endeble de espíritu: En el peor de los casos todo seguirá igual, al borde de la cama, con las vanas ilusiones cavilando, o, en el mejor de ellos, quedarás suspendido en un vacío visceral, sin tiempo y sin razones…


28-12-2015

jueves, 1 de octubre de 2015

Gritos de esperanzas




He estado algo ausente estas semanas, pues le he dado la bienvenida a "la crisis", en un intento por reconocer en ella, la oportunidad de crear nuevos planetas en mi galaxia interna, tras la colisión en algunas órbitas. Esta catástrofe personal es de lo más creativa. He entrado a ese exquisito caos existencial de donde surgen todas esas posibilidades y potencias ocultas que laten fuertemente para manifestarse, obligándome a explorar, experimentar, conocer y recrear mis mundos, reinos y rincones más profundos, desenmascarándome sin piedad al mismo tiempo que nutritivamente. 


Y en este proceso estoy asimilando la ley natural de polaridad junto con la de causa y efecto, en donde se me brindó la gracia de recibir nuevamente la inspiración, terminar con ese estado tan frustrante y terrible como lo es el bloqueo creativo (que no sólo te imposibilita el recreamiento y goce artístico, sino que también te estanca en habilidades, proyectos y en la vida), haciéndome capaz, ahora, de expresar como un grito libertario todo lo nuevo y viejo que hay en mí a nivel psico-emocional; pero a la vez que se me abrieron puertas nuevas hacia rumbos excitantes y sanadores, también nació un puente tenebroso que me invita seductoramente hacia ese sitio olvidado, recóndito y escabroso en donde podré revelar el misterio, pero si quiero deleitarme con la maravilla de ese lado, debo aceptar el peligro que supone, resolver los acertijos paradójicos y engañosos de los guardianes que le custodian, sabiendo de antemano que perderé tanto como ganaré... Se siente como estar llegando a un precipicio sagrado, en donde no hay otra opción más que lanzarte al vacío para a penas rozar el rostro de la muerte mística para renacer, sin volver a ser el mismo. Mi proceso espiritual siempre es drástico, siempre es abrumador, siempre es agobiante tanto como rico. Ignoro por qué me toca tan intenso en comparación con otras personas, pero es así.
Pese al temple que me resguarda y mantiene en pie, todo el fulgor poético, artístico, emocional, ese ir y venir entre paraíso e infierno, provoca una contradicción interior con la que es difícil de lidiar; me muevo entre el placer y la destrucción. Y aún así ¿me creerían si les digo que estoy bien?
¿Masoquismo? un poco, pero sólo porque le veo el lado amable a la crisis; una catarsis, una explosión son claves para reconstruirnos.
Sé que hay aspectos humanos y universales en los cuales deberé aprender a desenvolverme. Estoy mirando hacia adentro, en una suerte de concilio entre lo divino y lo humano, como por dar un ejemplo. 

Por todo lo expuesto, discúlpeme quien deba o quiera disculparme, por mi falta de atención en sus propios mundos y procesos. Estoy regresando, poco a poco, camaradas.

Y en todo este revuelo, he podido tener el honor de conocer a personas fantásticas, que le han aportado encanto a mis días. Con una de ellas he tenido el inmenso privilegio de compartir un proyecto literario, en donde hemos podido escribir juntas. El texto que a continuación les presento, habla del lado oscuro de los anhelos, que muchas veces se hunden dolorosamente en "gritos de esperanzas" (como le hemos titulado) y que se ajusta perfecto a este momento. De paso les invito a conocer su blog "Mundo Disgregado" de Jade. A quien espero me ayuden a darle la bienvenida a la blogósfera, pues acaba de inaugurar su blog

Gritos de esperanzas

Voces silenciadas por el caos de una humanidad esclavizada,
manos que se extienden en súplicas de caminos soñados.
Pasos rotos tragados por la boca abierta y muda de la noche,
muriendo extasiados en pos de la verdad.
Letras que se alzan como gritos utópicos 
añorando paz desde las vísceras.
Ideas que se derraman anhelando libertad.
Pero desde las entrañas de la Tierra,
rugirán las quimeras esenciales, 
que han sido olvidadas por el hombre.
Resurgirán miradas sepultadas,
reverdecerán ideales que fueron cauterizados.
¡Y el mundo oirá, el cielo oirá, el infierno oirá
la tormenta de profundas epifanías
que han decidido despertar!