Recuerdo con ilusión mis inicios por el mundo de "la blogósfera", entusiasmada por darle un espacio definido a mi voz, claridad a mis ideas, cuerpo y alma a mi filosofía de vida, y valor a lo que quería compartir. En un principio fue por mí, necesitaba "un rincón" personal en donde desenvolverme tranquilamente para reflexionar, que no estuviese oculto del mundo pero que a la vez, no me sintiera vulnerable ni invadida.
En el contexto habitual de aquella época, exponer un modo tan particular de ver las cosas era un atentado contra uno mismo, sobre todo siendo tan joven. Las personas no confían en que un adolescente tenga ideologías firmes o que busque las respuestas eternas del hombre a través de la reflexión, las letras y la conversación, en vez de desesperarse por asistir a una fiesta. En verdad no se trataba de una lucha, no era alzar mi voz en un vano intento por hacerme entender, pues de todas formas, para el resto, habría sido mostrar aires de superioridad y rareza, una visión errónea e injusta para cualquier persona que sólo desea dejarse fluir sin caer tanto en expectativas estandarizadas de personalidad. Tristemente, aún hoy en día, hay una mafia que intenta decirte cómo debes verte, qué debe gustarte, qué debes odiar, cómo llevar a cabo una vida "normal" y sobre todo, cómo debes sentirte. Piensan por ti, cuando eso no es sólo tu deber sino también tu derecho.
No tenía ganas de imponerme ante nadie ni convencer al resto para aceptar mis posturas, y aunque tenía la urgencia de "soltar" mis inquietudes e intereses para no ahogarme sin que fuese una exhibición autoreferente, con el tiempo me di cuenta que quería aportar, no ya marcando la diferencia, sino, simplemente, buscando a quienes se identificaran con las temáticas que comencé a tocar. Llegaron testimonios de historias de vida tan fuertes, que entré en una especie de transición: Me desenfoqué de la literatura/mitología/filosofía que a mí me apasionaba y empecé a escuchar más las preferencias del resto, seguí la línea artística y poética para interactuar con los demás, intentando convertir este espacio en uno de liberación y sanación por medio de las letras. Pos supuesto que hubo cambios, procesos, avances, declives, temáticas variadas, y puntos tocados desde distintas aristas. Todo muy enriquecedor.
Tuve muchas decepciones, claro. Momentos de ausencia, de confusión en cuánto al enfoque y factores circunstanciales que no me permitieron dedicarme al 100% a este tan querido espacio.
Gané amigos, los perdí. Algunos compañeros dejaron de venir, con otros nos reencontramos, un sube y baja en relaciones blogueras, pero ya dejé ir el pasado, y sinceramente, a estas alturas ya no extraño a nadie, porque en mi corazón hice las pases con todos y los duelos respectivos también. Pero sin profundizar en ello, es hora de admitir que siempre me causa emoción encontrar un blog nuevo o a alguien que "nace en la blogósfera". Diría que soy fanática de, como les llamo; "las joyas perdidas de la red", esos blogs que nadie conoce, pero que poseen un milagro en sus letras, un mensaje potente que debería llegar a miles de personas. Siempre me causa curiosidad el por qué se quedan naufragando en la red...
Mantener un blog por años requiere compromiso, dedicación y por sobre todo respeto, ya para con los demás para no herir innecesariamente la susceptibilidad ajena, y respeto por uno mismo en cuando a seguir fiel en lo que se quiere transmitir.
Mi gran amiga Katerin acaba de abrir por primera vez un blog y diría que estoy más emocionada yo que ella, pues considero un privilegio ver el surgimiento de un nuevo mundo por esta red. Su blog Graphito 3.0 es de cine, pero desde una visión artístico-filosófica que encantará a más de alguno, pues se aleja de las clásicas sinopsis tan cliché. Me alegra mucho que seamos compañeras blogueras. ¡Bienvenida!
Blog de Katerin: Graphito 3.0






