Pienso que es imposible no toparse al menos una vez en la vida con alguna persona o grupo que consideremos “perjudicial”, con esto no estoy descalificando, sólo intento ejemplificar lo que expondré.
Sinceramente no creo que se trate de personas “malas” como tal, puesto que nadie es 100% santo ni 100% pecador; diría que el asunto es un tema de vibrar en frecuencias distintas, es decir, que si una persona está en una nota muy distante o muy diferente a la tuya, desintonizarán, así de simple. Muchas veces esto crea conflicto y nos alejamos antes de tiempo para prevenir, o todo lo contrario, surge un instinto de supervivencia (o algo parecido), lo que nos invita a abordar a esa persona para probar los límites de ambas partes, hasta ver quién se sale de quicio primero. Pero lo que realmente me interesa del tema, son las razones de fondo acerca de por qué seguimos en contacto con esas personas que provocan desarmonía en nosotros.
Por experiencia, a veces es el contexto, un ambiente del que no puedes escapar porque te atan obligaciones, deberes y compromisos o lazos. A veces sólo quieres resistir y desafiarte a ti mismo, y en el mejor de los casos buscaremos aprender a raíz de esto, por lo menos sabremos cómo no queremos ser al reconocer lo que no nos gusta en esas personas. En otras ocasiones será por apego y miedo a salir de tu zona segura para buscar rumbos nuevos. He observado muchísimo el temor de estar solo. Supongo que la mayoría no quiere ser visto como alguien apático, extraño, desagradable y no querido, pues significa, para ojos ajenos, que no eres aceptado, porque probablemente haya algo “malo” en ti; algo que el resto desaprueba, por ende es mejor no acercarse ni lidiar con ello. ¡Pamplinas! Entiendo mejor el miedo a enfrentar tus propias bestias a solas, que a la soledad social. Nadie mejor que tú para salvarte a ti mismo, y nadie más poderoso que tú, para destruirte.
Si tienes la suerte de ser desapegado, tener un buen criterio formado desde muy joven, y aprendiste a discernir sobre quién merece estar en tu vida o a quién tú necesitas en ella, y por sobre todas las cosas, afrontaste las adversidades con el rostro en alto saliendo airoso, sin duda te aplaudo y te felicito por ser un privilegiado. Esos golpes enseñan mucho y la clave está en que sepamos manejar nuestras reacciones, y controlar el grado y el modo en que nos dejaremos afectar por los eventos. Pero para otros, lleva mucho más tiempo y esfuerzo asumir la realidad, desligarse de relaciones tóxicas y dar a conocer el valor que realmente uno merece como persona. Cuando ya aceptaste que te están haciendo daño de forma intencional o inconsciente, podrás romper con ese ciclo vicioso y/o poner límites. Sabrás cuándo ha llegado el momento de salirse de ese ambiente. Aunque lo más importante para lograrlo, es el autorrespeto. Cuando reconozcas tu valor, todo será más fácil, al menos más fácil de decidir. Sabrás quién se mantiene en tu vida y hasta qué nivel entra en ella. Por ejemplo, te sugiero no intentar salvar a alguien que no quiere ser salvado, puedes apoyarle hasta cierto punto, mantener tu mano extendida para que se sujete y no caiga más al fondo, pero no te dejes caer junto con él, y tampoco le obligues a salir a flote si no está listo. cada quien tiene sus procesos y su voluntad. No atentes contra ello. Las luchas internas deben ser libradas por quién las padece, no hagas de dolores ajenos tus propios dolores ni te permitas dejarte consumir por perturbaciones, conductas, comportamientos e intereses que no son tuyos.
Yo ya me quité de encima el cadáver de cada amigo, amiga y persona que ya ha cumplido su ciclo o misión junto a mí, con los que no funcionó la relación o que simplemente debían irse de mi vida. Ya no tengo saldos pendientes con nadie, y eso da una libertad tremenda. Hoy, sólo quiero personas confiables a mi lado, porque me respeto. Yo me cuido, me escucho, me atiendo y valoro, por ende, deseo personas que me ayuden a enfatizar estos puntos y que no supongan un peligro para mi integridad en ninguna área. Actualmente sólo tengo conmigo, a seres con los que me relaciono principalmente con el precepto del “Amor”. Nos amamos mutuamente, por ende nos protegemos, apoyamos y compartimos, todo en un mutuo acuerdo silencioso, inspirados por el derecho al bien propio y común.







