jueves, 14 de abril de 2016

Entorno confiable


Pienso que es imposible no toparse al menos una vez en la vida con alguna persona o grupo que consideremos “perjudicial”, con esto no estoy descalificando, sólo intento ejemplificar lo que expondré.

Sinceramente no creo que se trate de personas “malas” como tal, puesto que nadie es 100% santo ni 100% pecador; diría que el asunto es un tema de vibrar en frecuencias distintas, es decir, que si una persona está en una nota muy distante o muy diferente a la tuya, desintonizarán, así de simple. Muchas veces esto crea conflicto y nos alejamos antes de tiempo para prevenir, o todo lo contrario, surge un instinto de supervivencia (o algo parecido), lo que nos invita a abordar a esa persona para probar los límites de ambas partes, hasta ver quién se sale de quicio primero. Pero lo que realmente me interesa del tema, son las razones de fondo acerca de por qué seguimos en contacto con esas personas que provocan desarmonía en nosotros.

Por experiencia, a veces es el contexto, un ambiente del que no puedes escapar porque te atan obligaciones, deberes y compromisos o lazos. A veces sólo quieres resistir y desafiarte a ti mismo, y en el mejor de los casos buscaremos aprender a raíz de esto, por lo menos sabremos cómo no queremos ser al reconocer lo que no nos gusta en esas personas. En otras ocasiones será por apego y miedo a salir de tu zona segura para buscar rumbos nuevos. He observado muchísimo el temor de estar solo. Supongo que la mayoría no quiere ser visto como alguien apático, extraño, desagradable y no querido, pues significa, para ojos ajenos, que no eres aceptado, porque probablemente haya algo “malo” en ti; algo que el resto desaprueba, por ende es mejor no acercarse ni lidiar con ello. ¡Pamplinas! Entiendo mejor el miedo a enfrentar tus propias bestias a solas, que a la soledad social. Nadie mejor que tú para salvarte a ti mismo, y nadie más poderoso que tú, para destruirte.

Si tienes la suerte de ser desapegado, tener un buen criterio formado desde muy joven, y aprendiste a discernir sobre quién merece estar en tu vida o a quién tú necesitas en ella, y por sobre todas las cosas, afrontaste las adversidades con el rostro en alto saliendo airoso, sin duda te aplaudo y te felicito por ser un privilegiado. Esos golpes enseñan mucho y la clave está en que sepamos manejar nuestras reacciones, y controlar el grado y el modo en que nos dejaremos afectar por los eventos. Pero para otros, lleva mucho más tiempo y esfuerzo asumir la realidad, desligarse de relaciones tóxicas y dar a conocer el valor que realmente uno merece como persona. Cuando ya aceptaste que te están haciendo daño de forma intencional o inconsciente, podrás romper con ese ciclo vicioso y/o poner límites. Sabrás cuándo ha llegado el momento de salirse de ese ambiente. Aunque lo más importante para lograrlo, es el autorrespeto. Cuando reconozcas tu valor, todo será más fácil, al menos más fácil de decidir. Sabrás quién se mantiene en tu vida y hasta qué nivel entra en ella. Por ejemplo, te sugiero no intentar salvar a alguien que no quiere ser salvado, puedes apoyarle hasta cierto punto, mantener tu mano extendida para que se sujete y no caiga más al fondo, pero no te dejes caer junto con él, y tampoco le obligues a salir a flote si no está listo. cada quien tiene sus procesos y su voluntad. No atentes contra ello. Las luchas internas deben ser libradas por quién las padece, no hagas de dolores ajenos tus propios dolores ni te permitas dejarte consumir por perturbaciones, conductas, comportamientos e intereses que no son tuyos.

Yo ya me quité de encima el cadáver de cada amigo, amiga y persona que ya ha cumplido su ciclo o misión junto a mí, con los que no funcionó la relación o que simplemente debían irse de mi vida. Ya no tengo saldos pendientes con nadie, y eso da una libertad tremenda. Hoy, sólo quiero personas confiables a mi lado, porque me respeto. Yo me cuido, me escucho, me atiendo y valoro, por ende, deseo personas que me ayuden a enfatizar estos puntos y que no supongan un peligro para mi integridad en ninguna área. Actualmente sólo tengo conmigo, a seres con los que me relaciono principalmente con el precepto del “Amor”. Nos amamos mutuamente, por ende nos protegemos, apoyamos y compartimos, todo en un mutuo acuerdo silencioso, inspirados por el derecho al bien propio y común.

jueves, 7 de abril de 2016

La lucha del individuo por su nombre


Casi sin cesar, en reiteradas ocasiones regresa a mí, como un eco punzante, un tema que he definido como: “La lucha del individuo por su nombre”. De hecho, este año me he dedicado a tocar puntos relacionados desde distintas áreas, esta vez, principalmente, desde mi experiencia, aunque sin la intención de ser demasiado autorreferente. Por desgracia o por fortuna, me he visto vinculada a personas muy apreciadas pasando por procesos similares a los míos, en cuanto a la identidad y descubrimiento interior. Es por ello, que por medio de la exteriorización de dichos procesos personales (o inspirados en los de amigos), busco visualizar y organizar mi flujo interno, con el objetivo de demostrar que existe la autosanación, y que todos tenemos la capacidad de lidiar con cualquier situación que se nos presente, aunque pensemos lo contrario.

Hoy he estado analizando el asunto desde sus dificultades y beneficios en general. He llegado a la conclusión que sólo existe una negatividad en apariencia, con lo que se refiere al costo y los sacrificios que supone proteger tu individualidad, pero en esencia, sólo se puede hallar riqueza y satisfacción, una vez superadas las trabas mentales y las obstrucciones emocionales. Con esto me refiero a la desprogramación de “autoconceptos errados”, que como expliqué en la entrada anterior, muchas veces son falsificaciones que otros insertan en tu cabeza hasta herir tu corazón. Les recuerdo que ninguna otra persona más que uno mismo puede dictar lo que somos en verdad.

Y esto bien lo sabía Friedrich Nietzsche cuando dijo: “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.” 

A estas alturas, no deseo poner atención a quienes puedan criticarme por no seguir la corriente al querer ser fiel a mí, dejando atrás comportamientos complacientes que anulan la identidad de cualquiera. A muchos les ha molestado que haya rechazado invitaciones ante cosas que no considero sanas, aptas, buenas, correctas o armoniosas para mí. Hoy hemos de buscar sólo nuestro mayor bien. Esto no significa ser egoísta ni egocentrista, sino íntegro. No importa que los demás piensen que no puedes o que no debes cambiar. Y en realidad no se trata ni de cambios radicales ni superficiales, ni de transmutar necesariamente en algo diferente, sino en algo mejor. 

A mí me pasó algo interesante con esto, pues cuando más sentía que progresaba interiormente, cuando más prejuicios y paradigmas derribaba, más murallas me levantaron algunos seres queridos. Cuando manifestaba libertad, cuando compartía mi progreso “alquímico”, cuando me limpiada de impurezas, más críticas y obstáculos se abalanzaron. El aprender cosas nuevas era tachado de ridículo o de imposible, el querer renovar tradiciones significa una influencia externa y una rebeldía insultante, el querer desarrollar otras facetas era denostar al resto; el explorar, pulir, conocer o potenciar mis habilidades era, para ellos, ser otra persona. “Haz cambiado” -me decían en un tono de reproche- “te cambiaron”; como si se tratase exclusivamente del trabajo de otros y no de una iniciativa o necesidad propia. 

¿Por  qué se me negó avanzar si jamás pretendí lastimarles? Me di cuenta que eran sus miedos y límites proyectados en mí. El miedo a lo nuevo, el rechazo del surgimiento de nuevas capacidades y el no respetar la voluntad del otro fueron factores potentes y destructivos, los que dificultaron mucho mi vida.
Me cuestioné y me percaté que no era yo quien había cambiado, sino las visiones que el resto tenía de mí. Yo seguía siendo la misma, en una versión mejorada, enfrentando lo nuevo y dándole la bienvenida a otros contextos y situaciones. Eran ellos quienes no superaban aún el apego, los que no aceptaban que uno crece, que los ciclos terminan, que otras puertas se abren, que se atraviesan etapas diferentes de muchas maneras y que tenemos derecho a la toma de decisiones sobre nuestra propia vida. No puedo pedirles que me sigan el paso ni que disfruten del progreso personal al mismo nivel que yo, ni que lo intenten. Pueden seguir como hasta ahora; respeto el preferir la zona de confort, así como admiro el tomar riesgos. Sólo exijo que se me respete y tolere, y en el mejor de los casos, que se me comprenda. 

No tengo la intención de gritar por mi nombre, pero no dudaré en defender mi identidad.
Uno nunca busca herir, pero expandir nuestro horizonte descoloca a quienes desean seguir mirando el mismo paisaje por la ventana de siempre.



jueves, 31 de marzo de 2016

Grupo nutricio




"No eres sociable, ni lo intentas. Te quedas apartada en un lado, ningún panorama te gusta. ¿Por qué no quieres ir a esta fiesta? ¡siempre rechazas invitaciones! Te quedarás sola, a los demás no les gustan las personas serias. El problema eres tú."

¿A cuántos de ustedes le han dicho cosas como éstas?. ¿cuántas veces se han quedado cabizbajos y frustrados pensando que ustedes son los que siempre fallan, que son aguafiestas, que no sirven como anfitriones, que no saben hacer amigos y que son la basura más aburrida del mundo?
Ni si quiera me atrevo a preguntar sobre todos los esfuerzos que han tenido que hacer para tratar de amoldarse en algún sitio, y acabaron excluyéndose a sí mismos.

Después de ver como algunos se van alejando de ti muy disimuladamente, no te dirigen la mirada durante las conversaciones, no reaccionan a tus propuestas ni continúan la idea de tus opiniones, sin duda alguna uno se da por aludido. Es casi inevitable pensar que uno es el que no encaja y el que está mal. Y probablemente sea cierto que no encajemos, pero no los que estemos mal. Esto lo aprendí apenas hace unas semanas.

Llevaba años creyendo esas críticas, pensando que yo era el problema, que yo "estaba mal", porque pese a mis intentos me sentía incómoda en cualquier grupo, incluso, más recientemente, en salidas dobles que incluían personas muy cercanas a mí. Los reproches iban dirigidos hacia mí, y más adelante, también hacia mi compañero. "¿Realmente somos una pareja que no sirve para citas dobles, ni celebraciones, ni panoramas en grupo?, ¿Tan mal lo estamos haciendo, pese a que tratamos de hablar, compartir, debatir y proponer?, ¿qué falta, qué sobra?". Me rendí, pues sola no funcionaba y aún teniendo el apoyo de mi persona favorita, las cosas no mejoraron. Me culpé, sentí algo de molestia porque el resto no aceptara que no somos como los demás, tristeza por pensar que este ciclo jamás acabaría y que debía resignarme. "Eres de los raros" me decían y me decía yo misma, como una crítica y como un consuelo. Hasta que ocurrió la magia...


Un amigo de mi esposo viajó hasta Chile para encontrarse con nosotros y también presentarnos a su novia. Ese día estaba bastante enferma, lo que tuve presente por si la incomodidad me ganaba y no me sentía capaz de asistir. Pero fui fuerte, dejé atrás las malas experiencias, quise estar presente en un momento tan especial y darnos la oportunidad de ver qué pasaba. Estaba nerviosa, inquieta, no sabía bien cómo actuar, aunque la respuesta esencial siempre es "ser uno mismo", pero ¿qué faceta sacar primero y en qué medida? No había tiempo ya para cuestionamientos, habían llegado. Mi esposo me llevó rápido de la mano, sin escapatoria alguna, y entre sonrisas, abrazos y besos, la velada empezó. Para no entrar demasiado en detalles, debo decir que compartir un Granizado de café con gente compatible, sin duda marca la diferencia, y hace caer los auto-conceptos errados que tenemos, te rompe tus esquemas, tira abajo radicalmente los prejuicios y crtíticas negativas que te hicieron creer sobre ti.
Miré emocionada a mi esposo, admirada y orgullosa por su desenvolvimiento, por su guía como anfitrión: "Es excelente. Lo tiene todo organizado" -pensé- "Qué dicha verlo compartiendo, con toda la naturalidad del mundo. Demostrando lo tan divertido que puede llegar a ser, pero que en otros contextos y con otras personas no le fue permitido". No sólo me asombré de él, sino de mí, tratando de hacerlos sentir cómodos, siendo yo misma, sonriendo, interactuando sin tapujos, sin vergüenzas, sin autolimitaciones. La verdad es que los cuatro dimos y recibimos; ayudó mucho que este amigo fuese confiado y carismático, y que mostrara libremente su alegría por este momento, y por compartir con todos los presentes. Lo que me da a entender que la responsabilidad de un buen momento no es sólo nuestra, sino de todos los individuos. Esto permite soltar la carga. No necesitamos esa presión.

Entonces me fueron reveladas dos grandes enseñanzas además:

*Primero: No debemos creer todo lo malo que se dice de nosotros. Sólo uno mismo es capaz de saber quién es y cómo es en verdad.

*Y Segundo: Uno no es el problema, el problema es estar en un grupo que no es empático ni afín a ti, así que nunca te quedes por obligación en un sitio en el que no estás atado literalmente, intenta que ni la costumbre, ni el miedo a lo nuevo, ni el compromiso sean tus cadenas. No te quedes donde no eres apreciado. 



Nos equivocaremos reiteradas veces tratando de hallar esa afinidad con otros, pero los sobre-esfuerzos están de sobra, ya que esas almas llegarán fluidamente a tu vida, de la forma más natural y simple posible. Tengo fe en que sabiendo esto, podrán encontrar ese grupo soñado, aceptándolos tal cual, sin ideales ni estándares innecesarios. Será una reunión nutricia, que aportará mucho para todos los implicados, podrán conectar sin problemas, descubrirán cosas de sí mismos, romperán los paradigmas mentales equivocados que tienen sobre sí, y verán que sus ideas son apreciadas, que respetan sus opiniones, que los escuchan y que los aceptan: La compatibilidad es la base.

jueves, 24 de marzo de 2016

La importancia del límite.


Con anterioridad expresé mi postura de "no súplica", la cual dicta que "daré en medida de lo que me sea entregado", junto con esa idea agrego la premisa del "No pisoteo" en la cual pretendo respetar mi propio tiempo, intereses, necesidades y límites, y dejárselos muy claro a los demás. 

Muchos de ustedes ya conocen la importancia que le doy a una relación recíproca en que la escala de interés por el otro sea equilibrada, eso incluye tolerancia y paciencia en cuanto a las reacciones emocionales de cada parte con respecto a sus crisis personales. Pero dentro de esos procesos individuales veo como menester urgente el no ofender, insultar o desquitarse con el otro si tienes un problema externo el cual no se relaciona directamente con ese otro, pues de lo contrario se incurre a un acto injusto, insensato e inmaduro lo que terminará desgastando cualquier relación.

Si te has sentido pasado a llevar, ya se trate de una situación puntual o en muchas ocasiones analiza desde "afuera" el contexto de esas instancias: "¿Qué hiciste, cómo reaccionaste, qué dijiste?" y todavía más importante: "¿Qué cosas pudiste hacer para evitar el problema pero por miedo, diplomacia, costumbre a callar o por no querer agrandar la situación dejaste de hacer?, ¿qué omitiste?" Estos cuestionamientos son cruciales ya que estoy segura que muchos se darán cuenta que la sensación de "sentirse menos" o "sentirse pisoteado", "no escuchado", "excluido" y demases se relaciona con el "no actuar", con el "permitir" a los otros, con el miedo y sobre todo con la complacencia. El ser complaciente no educa, no libera, sólo restringe, oprime y reprime. Hay ocasiones en que se debe expresar, más allá de las consecuencias, para acabar de raíz con episodios injustos. Muchas veces callas cuando debiste detener a alguien y esa poca valentía de tu parte no sólo te dañó a ti y a esa persona que no detuviste, de paso dañó a todos los que estuvieron involucrados e incluso en un futuro dañará a otras personas ya que al no actuar no se produjo el cambio. No se instaló el "switch" que demarcará un tope cual alarma para que en una próxima ocasión el problema no se agrave al mismo nivel ni a uno peor. ¿Se dan cuenta cómo todos somos responsables de las reacciones en cadena?

Marcar pautas, puntos, reglas, límites, restricciones o como quieras llamarles no es negativo, no es de una persona cerrada sino de una respetable e íntegra. Visto desde la cara amable te ayudará a sentirte respetado y valorado. Entenderán el mensaje de que existen cosas que no son aceptables ni sanas para ti. Aprende a escucharte, aprende a decir "No", a decir "Basta" y a decir "Hasta aquí." Muchos de los dolores que te provoca el resto es porque tú los dejas llegar hasta ese punto. Si algo te cansa, te aburre, te molesta o te agobia tienes todo el derecho, y es más, el deber de modificarlo. Como se suele decir "el poder está en nuestras manos", nosotros tenemos las herramientas, hay que saber usarlas, armar un plan de acción y luego ejecutar de la forma más armoniosa posible aunque signifique romper lazos... 

Priorizar el balance interno y la salud psico-emocional y física es un paso que se conoce como "crecer." Es parte de aceptarse a uno mismo y quererse, pues a la primera persona que debes escuchar, satisfacer, ayudar y aprender a educar cuando se equivoca es a ti.


jueves, 17 de marzo de 2016

Nacimiento en la Blogósfera


Recuerdo con ilusión mis inicios por el mundo de "la blogósfera", entusiasmada por darle un espacio definido a mi voz, claridad a mis ideas, cuerpo y alma a mi filosofía de vida, y valor a lo que quería compartir. En un principio fue por mí, necesitaba "un rincón" personal en donde desenvolverme tranquilamente para reflexionar, que no estuviese oculto del mundo pero que a la vez, no me sintiera vulnerable ni invadida. 
En el contexto habitual de aquella época, exponer un modo tan particular de ver las cosas era un atentado contra uno mismo, sobre todo siendo tan joven. Las personas no confían en que un adolescente tenga ideologías firmes o que busque las respuestas eternas del hombre a través de la reflexión, las letras y la conversación, en vez de desesperarse por asistir a una fiesta. En verdad no se trataba de una lucha, no era alzar mi voz en un vano intento por hacerme entender, pues de todas formas, para el resto, habría sido mostrar aires de superioridad y rareza, una visión errónea e injusta para cualquier persona que sólo desea dejarse fluir sin caer tanto en expectativas estandarizadas de personalidad. Tristemente, aún hoy en día, hay una mafia que intenta decirte cómo debes verte, qué debe gustarte, qué debes odiar, cómo llevar a cabo una vida "normal" y sobre todo, cómo debes sentirte. Piensan por ti, cuando eso no es sólo tu deber sino también tu derecho.

No tenía ganas de imponerme ante nadie ni convencer al resto para aceptar mis posturas, y aunque tenía la urgencia de "soltar" mis inquietudes e intereses para no ahogarme sin que fuese una exhibición autoreferente, con el tiempo me di cuenta que quería aportar, no ya marcando la diferencia, sino, simplemente, buscando a quienes se identificaran con las temáticas que comencé a tocar. Llegaron testimonios de historias de vida tan fuertes, que entré en una especie de transición: Me desenfoqué de la literatura/mitología/filosofía que a mí me apasionaba y empecé a escuchar más las preferencias del resto, seguí la línea artística y poética para interactuar con los demás, intentando convertir este espacio en uno de liberación y sanación por medio de las letras. Pos supuesto que hubo cambios, procesos, avances, declives, temáticas variadas, y puntos tocados desde distintas aristas. Todo muy enriquecedor.

Tuve muchas decepciones, claro. Momentos de ausencia, de confusión en cuánto al enfoque y factores circunstanciales que no me permitieron dedicarme al 100% a este tan querido espacio.
Gané amigos, los perdí. Algunos compañeros dejaron de venir, con otros nos reencontramos, un sube y baja en relaciones blogueras, pero ya dejé ir el pasado, y sinceramente, a estas alturas ya no extraño a nadie, porque en mi corazón hice las pases con todos y los duelos respectivos también. Pero sin profundizar en ello, es hora de admitir que siempre me causa emoción encontrar un blog nuevo o a alguien que "nace en la blogósfera". Diría que soy fanática de, como les llamo; "las joyas perdidas de la red", esos blogs que nadie conoce, pero que poseen un milagro en sus letras, un mensaje potente que debería llegar a miles de personas. Siempre me causa curiosidad el por qué se quedan naufragando en la red...

Mantener un blog por años requiere compromiso, dedicación y por sobre todo respeto, ya para con los demás para no herir innecesariamente la susceptibilidad ajena, y respeto por uno mismo en cuando a seguir fiel en lo que se quiere transmitir.

Mi gran amiga Katerin acaba de abrir por primera vez un blog y diría que estoy más emocionada yo que ella, pues considero un privilegio ver el surgimiento de un nuevo mundo por esta red. Su blog Graphito 3.0 es de cine, pero desde una visión artístico-filosófica que encantará a más de alguno, pues se aleja de las clásicas sinopsis tan cliché. Me alegra mucho que seamos compañeras blogueras. ¡Bienvenida!

Blog de Katerin: Graphito 3.0


jueves, 10 de marzo de 2016

No soy un holograma


Se me hace sumamente interesante y curioso el que aún hoy en día, con todo el boom cybernético, con todas las plataformas virtuales de interacción e intercambio de información, y las facilidades y ayudas para estar en contacto con tus seres queridos, aún hayan retractores asérrimos a las relaciones por internet, aún y con la impresionante cantidad de usuarios registrados en todas las redes sociales habidas y por haber, demostrando la versatilidad de esto. Pensé que ya esos estigmas se estaban cayendo, pero es como creer que la igualdad de género existe o que los gays pueden vivir con la absoluta aceptación social, una utopía que espero pronto se haga realidad.

No se trata de ser estúpidos niños ingenuos, que caen rendidos ante falsas ideas de miles de amigos que nos aman y que les importa lo que sintamos, pensemos y queramos. Un “like”, un “Fav” o un “corazón” no es sinónimo de que se te esté escuchando o que hayan asimilado a conciencia el mensaje que deseas transmitir. No son necesariamente un “estoy de acuerdo” y “comparto porque me importa” sino que muchas veces es para que le regreses esas “atenciones”, para acumular número de seguidores, no así, amigos reales. En eso estamos de acuerdo. ¿Que cómo lo sé? no es por una impresionante astucia de mi parte, sino porque he sabido de muchos testimonios, tantos, que asombra su franqueza y desfachatez.
Entra en juego el saber discernir, el haber desarrollado, ¡quiera el cielo!, un buen juicio y un criterio bien formado que te permita ver más allá de “la etiqueta” tan habitual que se da por estos medios: “Te doy un like porque me diste like, visito tu blog porque visitaste el mío, te regalo un corazón para que luego me lo regreses”. Son esos “buenos días” que a veces das a la fuerza o por simple compromiso. El trabajo de tu intuición es la clave.

Aún así, hay personas que realmente se interesan por las otras personas, no necesariamente para formar lazos entrañables, sino por conocer visiones y nutrirse al compartir diversas opiniones. Hay algunos que llenan un vacío interior con relaciones banales, y hay otros que realmente se esfuerzan por tener relaciones naturales, dejando que pase lo que tenga que pasar, tanto por este medio como en la vida habitual.

Pero lo que más asombro me da, es que aún se crea que “en vivo y en directo” se te engañará menos que por internet. La gente miente y exagera la realidad de la forma que sea, con quien sea y por el medio que sea ¿saben? 
Una relación en la que puedas hablar mirándote a los ojos tomando un buen café es maravilloso, es uno de los mejores placeres de la vida, pero no la hace más intensa o real que una relación que has creado por esta red. Pudiste conocer al amor de tu vida o a tu mejor amigo por aquí, y en el mejor de los casos un día podrán abrazarse y salir a divertirse juntos, pero mientras tanto, lo que sientes es verdad para ti y para quien diriges esos sentimientos. Y no estoy hablando de esos desafortunados embustes que sufren, muchas veces, personas desesperadas por un poco de afecto o que simplemente viven enamorados del amor y la amistad, buscándoles en cualquier parte. Hablo de cuando ya “colaste” a la gente falsa de la gente honesta. Cuando encontraste a otro que piensa como tú, que es honesto, desinteresado y que no está ni ahí con aparentar algo que no es. Si tienes la suerte de conocer todas sus facetas, serás un privilegiado en verdad.


¿A alguno de ustedes le ha pasado o se han enterado de alguien que se siente más comprendido y aceptado por alguien que está a cientos de kilómetros en comparación a otro que vive a la vuelta de la esquina?, ¿Se han sentido más cerca del que está lejos, y más lejos del que está cerca? Y con esto no estoy haciendo un llamado a descuidar a los que tienes a tu alrededor, pues es frustrante estar tratando de conversar con alguien que está pendiente del celular o que no quita los ojos de su tablet, perdiéndose de la belleza del paisaje e irrespetando al que tiene al frente. Hay que poner en balance ambos mundos.
¿Y por qué juzgar a quienes se conocen y se reúnen para salir luego de hablar por línea, si tienen el mismo riesgo de ser traicionados o de ser bendecidos con una gran amistad, lo mismo que si se conocieron en un bar, en la disco o en el supermercado? Podría decir que no son ambientes muy convenientes.
Hay que tener suerte, sí, pero también “buen ojo” y practicar muchísimo el desapego. Partir siendo real uno mismo para atraer a las personas reales, aprender con quién abrir tu corazón y en qué medida, y con quién sólo intercambiarás un par de interacciones y ya.

Sé que ahora estás leyendo un montón de letras de alguien a quién no le estás viendo el rostro, pero soy de carne y hueso como tú. Detesto cuando tratan de irreal a alguien “tras el monitor”. Irreales son las máscaras ridículas que se crea la gente a diario, los escudos mentales del siglo pasado, las dobles personalidades llenas de falsa gloria por tener más seguidores o por creerse una estrella youtuber, creyendo que sus fans darían la vida por salvárselas a ellos. Ese tipo de falacias que se inventan a sí mismo para dañar y ofender a los demás -en vivo o no-, les otorga una engañosa y superficial sensación de victoria o supremacía contra alguien que parece más vulnerable. Esa es la gente de la que debes cuidarte ya sea en tu trabajo, en tu ambiente estudiantil, en tu vecindario o por internet. 
Hay quienes están dispuestos a compartir, conocer personas y entablar una amistad verdadera, sin importar los medios ni las circunstancias. Merecen respeto.  Una de mis mejores amigas a la distancia hasta hace poco comprendió la belleza y honestidad de "las caricias en el alma" que puede darte un ser querido por más lejos que esté físicamente de ti. Como este medio te obliga a conversar, dialogar y expresarte es una gran herramienta para conocer a fondo a alguien, siempre que lo permita. Realmente es algo de mucho valor, aunque requiere dedicación y tiempo, pero vale la pena.

Soy partidaria de romper límites y fronteras, de derribar muros separatistas, de empaparse de la cultura de otros sitios, conocer la historia de otra gente, muy distinta a mí, ya sea viajando, hablando con alguien en el metro o compartiendo por internet.



Dedico esta entrada a todos los queridos amigos que están lejos físicamente, pero con quienes comparto hilos místicos invisibles que nos unen con cariño.

lunes, 29 de febrero de 2016

¿Cómo lidiar con un duelo?


¿Ha muerto tu mejor amigo, tu padre, un primo, el profesor al que admirabas o una persona que era tu fuente de inspiración? Debes estar sumido en la tristeza, tratando de hallarle sentido a este evento, repasando los recuerdos tanto como las culpas. Quizás debiste abrazarle más, perdonarle, desesperezarte y regalarle una visita sorpresa. ¿Nunca le dijiste cuánto le querías o lo hiciste pero no fue suficiente? El remordimiento debe de estar mordiéndote las entrañas. Extrañar a alguien querido puede llegar a encolerizarte tanto que te saca de quicio, batallas noche a noche con tu desesperado dolor; el insomnio es ahora tu confidente tanto como tu enemigo.

Tal vez te caerán como patada en el estómago los “pésame” de personas que ni conoces, y cualquier lágrima ajena se sentirá como una burla. Tú cariño por esa persona era el más fuerte, el más sincero y el más valioso, aunque les haya faltado tiempo juntos.

¿Ya te cansaste de las pláticas motivadoras, de esas frases que dice un familiar sabiondo que trata de darte razones religiosas o espirituales para que encuentres el balance?, ¿pudiste leer libros relacionados como “El libro tibetano de la vida y la muerte” o “El Libro Egipcio de los muertos”?, ¿encontraste consuelo en una película basada en hechos reales, en donde una familia enfrenta la pérdida de un miembro y lo superan juntos con mucho amor?, ¿ya desahogaste tu pena con un hombro amigo, el único que realmente te dijo lo que necesitas oír y te abrazó tan fuerte en un intento por reconstruir tu corazón? Es probable que sigas mirando al cielo preguntando “por qué” y que visites su tumba con frecuencia para tu tranquilidad psicológica, sabiendo que realmente “no está ahí”; es muy posible que nunca te recuperes del todo y que le extrañes por el resto de tus días, sobre todo si fue una persona que consideras irreemplazable.
A lo mejor no le lloraste nunca y tu temple sorprendió a todo el mundo. Quizás te trataron de un ente frío por no hacer berrinche y escándalo como hacen los demás. Tal vez te recomendaron “desmoronarte para volver a reconstruirte” y tú agradeciste con una cortés sonrisa para no rechazar de frentón tan poco sensato consejo. La verdad, ignoro tu situación, si quieres contármela bienvenida sea, porque este es un espacio de liberación.
Pero déjame hacerte una recomendación al respecto: Debes tener presente que tu sufrimiento no es el único, incluso pueden existir personas a las que les cuesta más que a ti lidiar con esto, si te sienta bien reunirte con ellas, hablen de sus emociones, traigan de regreso episodios emblemáticos de la persona que partió antes que ustedes. Lloren juntos si se sienten cómodos, pidan ayuda si la requieren, porque hay ocasiones en que las penas pesan menos en compañía. También analiza si te estás victimizando o sobredimensionando tu dolor. No uses como excusa el fallecimiento de este ser para dañar al resto y de paso exigir paciencia porque “tienes derecho ya que estás triste”, tampoco te permitas postergar tus proyectos o limitar los de otros, porque esto no te permitirá sanar ni a ti ni a los demás, y ello no es justo, ni noble ni hace bien. Puedes desahogarte, pero no te desbordes. Puedes hacer “celebraciones” en su honor si te ayuda, pero respeta si alguien se siente lo bastante frágil como para no participar. No obligues ni te obligues a asistir a eventos sociales de consuelo mutuo. A veces se necesita tiempo, espacio y soledad para equilibrarse en silencio y toca dejarlo en claro.

No hay tiempo estimado en el que se supere un duelo, pero habitualmente en el transcurso de un año sería aceptable ya retomar tus actividades. Es un tiempo “razonable” para haber desarrollado el autocontrol, haber superado las culpas y dejar de echar en cara cosas que se hicieron o faltaron, y me refiero a ti, al fallecido o a otro, porque no sirven más que para causar aflicción. Algo que funciona es realizar actos simbólicos de despedida, de perdón, de agradecimiento o similares. Eso trae tranquilidad para todos los implicados. 
Estudia el tema de la vida, la muerte y el más allá, pero no te obsesiones, detente cuando te llegue lo que crees que debías saber. No sufras más de la cuenta porque no sólo te duele a ti y a las personas que te quieren, sino que, bajo mi creencia, perturba y bloquea la ascensión del fallecido; de hecho, su proceso es más complejo que el tuyo. Así que sigue viviendo y avanzando por él. Quizás no son los mejores consejos del mundo, pero sé que cada persona tiene un proceso diferente para lidiar con estas situaciones, y sé que si se toma como un evento traumático, los bloqueará por años o de por vida, y de paso dañarán mucho a los que están a su alrededor. Quiero que sepas que empatizo contigo y que si necesitas un poco de apoyo aquí estoy.
Dedicado con especial cariño a mi amiga Lorena. Un abrazo para ti.

domingo, 21 de febrero de 2016

Los Saturnos devoradores




En la antigua Roma existió un ambicioso y temible dios, protector de la agricultura y la cosecha, que por un pacto habría de matar a sus hijos una vez nacieran. Hablo de Saturno, hijo de Urano y Tellus, regentes del Cielo y de la Tierra respectivamente. Hermano menor de Titán, quien, por ser el primogénito exigió la eliminación de los sobrinos varones que tuviese, a cambio de permitirle gobernar a su hermano, para así, luego del fallecimiento de éste, poder recuperar su trono sin el estorbo de otros sucesores más que sus propios hijos.

Al tiempo, Saturno contrae matrimonio con Ops, más conocida como Rea en la versión Griega. Como era de sospechar, la bella diosa de la abundancia, la fertilidad y el trabajo de la tierra, dio a luz a varios hijos que no pudo salvar de las garras de su despiadado padre, que, movido por la promesa hecha a su hermano Titán y el propio temor de ser destronado por uno de sus hijos, arrebató a cada recién nacido de los brazos de su desconsolada y desesperada madre. Pero ésta, cansada de este atroz tormento logra salvar a Júpiter (Zeus), dándole una piedra a su padre para que la comiera en lugar de su hijo, el que luego, instruido lejos del calor de su hogar, una vez adulto, ya convertido en el dios del rayo, batalla contra su padre, derrocándolo y exigiéndole regresar a la vida a sus hermanos asesinados. 

Es de admitir que el drama de la mitología occidental no tiene comparación, es mejor que cualquier ridícula telenovela. Esta historia en particular me recuerda las palabras de una profesora de filosofía: “Si los hombres son viles, los dioses Romanos y Griegos son 10.000 veces más viles”, porque tanto sus defectos como sus virtudes están sumamente exacerbadas; por ello hay tanta venganza, traiciones, rencores y batallas deshonestas entre los dioses de la historia antigua. 

Diría que esa fatalidad inexorable del destino es la que inspiró y quiso plasmar Francisco de Goya y Lucientes con su tan impactante y emblemática obra, tanto para él como para la historia del arte, conocida como: “Saturno devorando a un hijo”, la cual forma parte de la colección de las llamadas “Pinturas negras” (por la utilización de pigmentos oscuros en consonancia con la temática sombría), decorando las paredes de “La quinta del sordo” que el autor adquirió en 1919.


Si se observa un momento esta obra, esa representación simbólica del sufrimiento y profunda melancolía del artista, ese dramatismo escandaloso que le da el clásico toque maldito de un pobre diablo subyugado por el paso del tiempo, que lo devora absolutamente todo imparcialmente sin piedad, es inevitable sentirse perturbado y abstraído a la vez. Cabe destacar que muchas veces se asoció al dios de la cosecha, Cronos (otro nombre con el que se conoce a Saturno) con Chronos,  dios del tiempo, el que desintegra todo a su camino.

...Me es inevitable hundirme en esta escalofriante y cautivante imagen, en donde el fondo oscuro parece representante del vacío, sin dejar escapatoria a ningún atisbo de vida, destacando la monstruosidad y deformidad de este inescrupuloso ser. Goya escoge justamente esta escena espantosa y magnífica, en que Saturno, sin remordimientos, no le da tregua al infante, en este aterrador ritual antropófago, uno de los peores “pecados humanos” en el cristianismo, pero él... No es ni humano, ni cristiano (agréguese risa malévola de ultratumba en esta parte).

 "¡Será para nosotros menos triste
Que comas nuestra carne miserable!
Tú puedes despojarla; tu la diste."
(Canto 33 del Infierno. Dante Alighieri)


Posiblemente Goya fue inspirado por el Saturno de Peter Paul Rubens, otra obra chocante, cruel y excelente en su técnica, a su vez, influenciada posiblemente por el estilo de Miguel Ángel, artista Italiano. 
Otro cuadro horrible en su significado, en el que el dios desgarra sin misericordia el pecho de uno de sus indefensos hijos; la expresión del niño es insoportable para cualquiera con un mínimo de sensibilidad humana. Y el gesto de este terrible padre, que sostiene una guadaña representativa de la agricultura para Romanos y Griegos, pero que a nuestra generación evoca, más bien, el recuerdo de la intransigente muerte, es un espanto total.

A mi ver, estas exquisitas obras resumen, focalizan y enfatizan sin tapujos la inmisericordia, el horror y las miserias internas en actos cruentos y despreciables por codicia y egocentrismo provocadas por el miedo. Los apludo, por la ferocidad y falta de escrúpulos. Hay que enfrentar grandes bestias personales para plasmar algo así, sin sentirse abatido o consumido en el intento. 

sábado, 13 de febrero de 2016

Emociones Ajenas


¿Alguna vez fueron juzgados por su forma de vivir o reaccionar ante un suceso doloroso y personal?, ¿o fueron ustedes los que señalaron “las faltas” del otro en el cómo manejó sus emociones y procesos, porque no lo hizo como ustedes lo harían? Estoy segura que la mayoría habremos pasado al menos una vez ambos casos.

Es curiosa la forma en que cada persona atraviesa sus crisis. Conozco algunos casos en que decidieron pintarse, cortarse o raparse el cabello y en mayor medida, hacer cambios radicales en su look para sentir que son “otra persona”, una reinventada. Otras personas cambian de lugar los muebles o incluso los renuevan; dicen que moverlos de lugar libera energías estancadas, y a la vez, ayuda a nivel psicológico dotando de una oportuna sensación de “empezar de cero”. Hay casos que van más allá, mudándose de casa, de ciudad, cambiando de trabajo y hasta rompiendo lazos. Ahora ya nada los atará a ese pasado que desean olvidar.

Pero lo que con mayor frecuencia se ve, y hasta hablo por experiencia propia, es la necesidad de estar a solas, pero sin ser desamparado. El querer ausentarse de todo para hallar el centro perdido. Lo triste del asunto es, que muchos no logran comprender esa urgencia interior, y bombardean con planes sociales y extravagantes para llenarte de risas, tragos y charlas, muchas veces, intrascendentes. Hay momentos en que se necesita sólo de profundidad y silencio: Calma. A veces necesitas irte por un tiempo sin que te olviden, pero el resto se lo toma personal creyendo que les abandonas. No se ponen en el lugar del otro, no hacen las preguntas correctas, sólo critican y etiquetan las decisiones emocionales de los demás. ¡Aquí hallo un peligro tremendo! y abogo por dar un paso atrás para poder mirar todo el panorama con mejor perspectiva antes de tachar de irresponsable, indiferente, alocado, inmaduro o ridículo a alguien. Es posible que no se conozcan por completo sus circunstancias. No estás dentro de su cuerpo, por ende no sabes a ciencia cierta lo que pasa en su mente y corazón, ni cómo está lidiando con el asunto dentro de sí. Existen “las luchas internas”, las cuales no siempre se exteriorizan, mucho menos de una forma clara, porque son personales y no son creadas para que particularmente tú u otro las comprenda más que la persona quien las vive.

Otras personas necesitan exteriorizar esas dolencias monstruosas y lo hacen por medio de la apariencia, el lenguaje, el comportamiento o cualquier otra actividad que les permita liberarse, gritar y vomitar la crisis. Pero, otra vez, se ven limitadas por la mirada ajena, las señalizaciones, el chisme… No quieren entender tu forma de expresarte ni reconocen la valentía que tienes para hacerlo. No comprenden que es una transfiguración de tu ser, una transformación para superar un periodo difícil. 


Pero no seamos intransigentes, debemos ser flexibles y asumir que socialmente se está condicionado para cumplir ciertos parámetros que cuentan con una escala conceptual, que incluye posturas ideológicas, actitudes y determinados comportamientos que son apreciados como “normales”, por ende “esperables” en cada situación. Si se sale de lo habitual a la gente le cuesta asimilarlo, así que el que atraviesa por una etapa complicada, debe aceptar de antemano que se le agregará esta necesidad extra de hacerse entender o al menos, de exigir su espacio o tiempo.

 Cabe destacar que no hablo de casos en que las reacciones son tan turbulentas que terminan dañando directamente al otro, física o emocionalmente. En estas circunstancias se necesita no sólo un tipo de apoyo especial por parte del entorno, sino también de especialistas. Tampoco es sano tolerar injusticias o maltratos.

Ahora, para quienes juzgan, ¡tengan cuidado!, porque a veces no lograrán dimensionar el tamaño del daño que causarán sus críticas infundadas. Pueden llegar a motivar a tal extremo la autocrítica del otro hasta un nivel destructivo. A veces ni esa persona sabe lo que le pasa.

Cada persona reacciona diferente y trabaja con sus emociones a su manera, porque, valga la redundancia, son sus emociones. 

Vive y deja vivir los procesos personales. Apoya, comparte y escucha todo lo que te sea posible. Abraza si se requiere, acompaña en silencio, haz las preguntas pertinentes, pero por favor, opina con tacto, y de ser posible no opines, muchas veces lo que el otro necesita es calidez humana, un hombro donde llorar y empatía... Pura y simple empatía.


viernes, 5 de febrero de 2016

Relaciones estiradas (Parte III y final: Reciprocidad)



III

Desde hace unos años que estoy en una postura de “no súplica”, es decir, daré en medida de lo que me sea entregado. Un poco cliché y egoísta ¿verdad?, si eso piensan, está bien, pero antes de juzgarme conozcan mis razones: Me considero y me consideran de esas personas de relaciones entrañables y profundas. Suelo ocuparme mucho de las personas que quiero, tanto así, que usualmente soy yo la primera en buscarles una vez establecida la relación, soy la primera en entablar una conversación, en preguntar “¿Cómo estás?”, en dejar saludos o hacer una invitación, aún con mis dificultades sociales (punto a tener muy en cuenta). Invierto mucho tiempo en conocer dedicadamente a cada persona que me interesa (si ésta me da la oportunidad), sacando a relucir mi “virtud-defecto” llamado popularmente “curiosidad”. Es la forma más efectiva para conectarme con el otro y entender su mundo, pues creo que la empatía es un don de pocos y vale la pena desarrollarla para una sociedad más estable, tolerante y feliz. 

Pero con el tiempo, me di cuenta que invalidaba al otro en su capacidad para demostrar interés, se lo dejaba muy fácil; por ejemplo, con antelación redactaba tarjetas navideñas personalizadas para cada individuo, estaba al pendiente de sus cumpleaños, pero nunca hablaba del mío para no hacerles sentir comprometidos. Saludaba y llamaba cada tanto, cuidando de no ser imprudente, pero tampoco ingrata. Escuchaba por horas las quejas, dolores, sufrimientos y malestares ajenos, hasta que se precipitaban mis conocidos “tiempos de ausencia”. En ellos me relegaba del mundo, guardaba silencio y meditaba. Pero durante mi receso, ninguna llamada, ningún mensaje preguntando por mí, ninguna visita. No importó al principio, no me lo tomé personal, además era lo que necesitaba, estar a solas. Además aún en esas instancias seguía en comunicación con “los elegidos”, algunos de ellos fueron muy considerados, pero otros no. Hasta que pasado un tiempo, me cansé. Sí, me harté, me aburrí y me lo tomé personal: “¿Qué está pasando?, ¿Si yo no les busco no me buscan?” Poco a poco fui terminando relaciones, pues descubrí que nunca hubo un interés sincero o no de la calidad que merecía.. Con otros, me di oportunidades, pese a que me decepcioné una y otra vez. Entonces di ultimatums directos, explicando lo que sentía y pensaba sobre una verdadera relación recíproca. Un par de veces lo intentaron, pero sin esfuerzo, y terminaron rindiéndose. ¡Qué tristeza más grande, en serio! 

Hubo un amigo en particular, al cual acompañé especialmente durante dos años fatídicos de su vida, escuchando día a día sus pesares, noche a noche sosteniéndole y tarde a tarde consolándole. No sólo él sufría con determinada situación, ambos nos sentimos traicionados por alguien a quien queríamos. También me ayudó en momentos difíciles, me escuchó, interiorizó en mí como hace un buen amigo; pero cuando hubo desahogado toda su miseria interior me fue olvidando poquito a poco. A él le di el primer y más importante ultimatum (de hecho fue en dos ocasiones), resultando a medias y fracasando al final. 
Ya tiene nueva vida ¿Será que yace encerrado en una burbuja? No lo culpo, merece ser feliz y aislar dolores pasados. Quizás eso es lo que pasa, fue necesario dejarme para avanzar en el camino. He de asumirlo con alegría por él. Además entiendo perfectamente la necesidad de apartarse de personas que representan épocas muy marcadas en tu pasado.
Nuestra amistad duró demasiados años, con altos y bajos. Usualmente no me enfado con nadie, pero él lo lograba magistralmente, su imprudencia siempre me ha impresionado. Aún así fue importante, una experiencia rica, pero también, una de las personas que más me ha decepcionado, justamente por el cariño que le tuve. Pero gracias a él, reafirmé que no hay que esperar algo de alguien, no hay que tener demasiadas expectativas. No debemos ejercer presión con ideales. Él no podía darme el tipo de amistad al que aspiro. Pero admito que me enseñó mucho con sus aciertos y desaciertos, y supongo que a la inversa yo también, o es lo que quiero creer.
Nunca nos hemos dicho adiós de forma oficial, sólo nos distanciamos; yo, esperando que reaccionara a mi alerta y él, organizando su vida y quizás esperanzado de que yo siguiera buscando y dando. Sé que es de esas personas que le gusta que le pidan su atención, pero resulta que yo no soy así. No obligaré a alguien a estar conmigo si de verdad no lo desea de corazón. Es necesario manifestar ciertas cosas, por más orgullosos y cerrados que seamos. Si logró encauzar su vida, lo ignoro a estas alturas, y le deseo lo mejor, pero no reaccionó al aviso de que me estaba cansando, así que finalmente, ha llegado la hora de cerrar esta página. 

No comparto todo esto para chismosear ni vanagloriarme sobre mi escala valórica, mucho menos se trata de una postura de víctima, sino de una persona que necesita hacer catarsis, canalizar una energía turbia y reflexionar sobre ello al exteriorizarlo. Es mi forma de sanar y cerrar ciclos de la forma más productiva y creativa que conozco: Escribiendo. Y si de paso ayudo a alguien de algún modo, en sus propios procesos, sería gratificante. Compartir historias nos abren los ojos, de alguna forma nos acerca con los otros y engrandece, o al menos eso es lo que pienso.