(En tiempos de elecciones)
Yo No Voto.
Esto no significa que quienes no votamos no nos interese el país, las cuestiones políticas o sociales; Quiéranlo o no siempre seremos parte del avance o del retroceso, por más que deseemos salirnos de la corriente, la vida nos obliga a dejarnos guiar –o arrastrar- hasta cierto punto por la masa, pero mientras podamos sufrir menos desilusiones, mejor.
Hablo por los peyorativamente llamados “No ciudadanos”, aquellos que somos Nadie ante la sociedad –aún siendo parte de ella- por elegir no votar. Pese a ello, quizás hay muchos No ciudadanos con sus inclinaciones políticas, con ideologías claras, pero que no han encontrado a aquel candidato que les regrese la ilusión de un verdadero progreso o tal vez por tener tanto conocimiento del tema optaron por no unirse al rebaño, objeto de manipulaciones. Seguro gritan en su interior: "¡No comprarán nuestras conciencias con una zarpa de promesas falsas!"
Todo lo que pase en el país nos afecta de una u otra forma a todos. La educación, la salud, la economía nos incumbe y deseamos la mayor cantidad de mejorías posibles, pero eso no lo logrará un sólo hombre, menos un aspirante a puestos privilegiados.
Yo no voto y no es por flojera o indiferencia, tengo mis ideologías, mis creencias, mis filosofías de vida, mis puntos de vista claros ante la misma y ante las cosas políticas aunque no sea una entendida en el tema, y aun así tengo derecho a dar mi opinión, no seré menos que aquellos que se dan el tiempo –obligadamente- para sufragar. No tengo ninguna inclinación porque todos los partidos son imperfectos e insatisfactorios.
No creo en el cambio, derechamente no creo, menos en el que puedan darnos los “gobernantes” (qué palabra tan burda y molesta a estas alturas), formo parte de aquellos que han perdido o que nunca tuvieron la esperanza en ellos. No creo en los presidentes -Marionetas de los gobiernos-, no creo en los políticos, me decepcionan los egos, las ansias de poder sin censura por un período de tiempo lo suficientemente extenso para hundir más al país o hacer nada por el pueblo escudándose tras discursos que nada responden –como si fuésemos idiotas-. Cada quien quiere imponer su control, hacen una que otra obra irrelevante para mantener tranquilo al rebaño y ya está, cero progreso real y profundo.
Es por ello, por mi falta de confianza hacia estas cuestiones, porque –siendo sincera- tengo prioridades y la política no es una de ellas, por no querer “condenarme” a votar hasta el fin de mis días por personajes a quienes no les creo ni lo que rezan, porque como dijo alguna vez un profesor de filosofía hace muchos años “Los líderes son peligrosos” porque representan sólo un sector de la sociedad, pero ¿qué pasa con el resto... ?, no tengo esperanza en que los hombres reaccionen y traigan a un “sabio” a ocupar la presidencia, un maestro como los de oriente y de antaño, un líder honesto que guíe con rectitud sin afán de otra gloria que la felicidad en común, que no se incline ni para la derecha ni la izquierda (o tanta cosa bizarra que hay en estos días) sino que dirija con sabia conciencia y sincero corazón.
Pero como nunca habrán súper-hombres en la política y jamás oirán mi plegaria a por “El sabio” –que es lo que necesitan los gobiernos del mundo- seguiré siendo una No Votante interesada en la sociedad, vagando con los desesperanzados pero creyendo que sólo el cambio real, individual e interno nos llevará a la evolución.
Yo No Voto.
Esto no significa que quienes no votamos no nos interese el país, las cuestiones políticas o sociales; Quiéranlo o no siempre seremos parte del avance o del retroceso, por más que deseemos salirnos de la corriente, la vida nos obliga a dejarnos guiar –o arrastrar- hasta cierto punto por la masa, pero mientras podamos sufrir menos desilusiones, mejor.
Hablo por los peyorativamente llamados “No ciudadanos”, aquellos que somos Nadie ante la sociedad –aún siendo parte de ella- por elegir no votar. Pese a ello, quizás hay muchos No ciudadanos con sus inclinaciones políticas, con ideologías claras, pero que no han encontrado a aquel candidato que les regrese la ilusión de un verdadero progreso o tal vez por tener tanto conocimiento del tema optaron por no unirse al rebaño, objeto de manipulaciones. Seguro gritan en su interior: "¡No comprarán nuestras conciencias con una zarpa de promesas falsas!"
Todo lo que pase en el país nos afecta de una u otra forma a todos. La educación, la salud, la economía nos incumbe y deseamos la mayor cantidad de mejorías posibles, pero eso no lo logrará un sólo hombre, menos un aspirante a puestos privilegiados.
Yo no voto y no es por flojera o indiferencia, tengo mis ideologías, mis creencias, mis filosofías de vida, mis puntos de vista claros ante la misma y ante las cosas políticas aunque no sea una entendida en el tema, y aun así tengo derecho a dar mi opinión, no seré menos que aquellos que se dan el tiempo –obligadamente- para sufragar. No tengo ninguna inclinación porque todos los partidos son imperfectos e insatisfactorios.
No creo en el cambio, derechamente no creo, menos en el que puedan darnos los “gobernantes” (qué palabra tan burda y molesta a estas alturas), formo parte de aquellos que han perdido o que nunca tuvieron la esperanza en ellos. No creo en los presidentes -Marionetas de los gobiernos-, no creo en los políticos, me decepcionan los egos, las ansias de poder sin censura por un período de tiempo lo suficientemente extenso para hundir más al país o hacer nada por el pueblo escudándose tras discursos que nada responden –como si fuésemos idiotas-. Cada quien quiere imponer su control, hacen una que otra obra irrelevante para mantener tranquilo al rebaño y ya está, cero progreso real y profundo.
Es por ello, por mi falta de confianza hacia estas cuestiones, porque –siendo sincera- tengo prioridades y la política no es una de ellas, por no querer “condenarme” a votar hasta el fin de mis días por personajes a quienes no les creo ni lo que rezan, porque como dijo alguna vez un profesor de filosofía hace muchos años “Los líderes son peligrosos” porque representan sólo un sector de la sociedad, pero ¿qué pasa con el resto... ?, no tengo esperanza en que los hombres reaccionen y traigan a un “sabio” a ocupar la presidencia, un maestro como los de oriente y de antaño, un líder honesto que guíe con rectitud sin afán de otra gloria que la felicidad en común, que no se incline ni para la derecha ni la izquierda (o tanta cosa bizarra que hay en estos días) sino que dirija con sabia conciencia y sincero corazón.
Pero como nunca habrán súper-hombres en la política y jamás oirán mi plegaria a por “El sabio” –que es lo que necesitan los gobiernos del mundo- seguiré siendo una No Votante interesada en la sociedad, vagando con los desesperanzados pero creyendo que sólo el cambio real, individual e interno nos llevará a la evolución.











