Es de la vieja escuela y una creencia obtusa pensar que para mejorar habemos de hacerlo bajo el yugo tirano de las opiniones negativas, tras largas noches en vela, dudando de nuestras capacidades.
Está comprobado que rinde más y da mejores frutos el trabajar en un ambiente amigable que en uno hostil. Si somos guiados con amabilidad, conocimientos e instrucciones claras y específicas da gusto y entusiasmo aprender. Señalar las áreas de oportunidad con precisión y tacto es clave para el crecimiento de una persona o de un grupo, en vez de destruir a los demás porque su trabajo no es de la calidad esperada.
Miremos la educación: ¿Quiénes aprenden más: el grupo escolar al que sobre-exigen y castigan con malos comentarios si no saben la respuesta, o el grupo escolar al que estimulan con sesiones de estudio dinámicas y que corrigen con respeto?
Miremos la educación: ¿Quiénes aprenden más: el grupo escolar al que sobre-exigen y castigan con malos comentarios si no saben la respuesta, o el grupo escolar al que estimulan con sesiones de estudio dinámicas y que corrigen con respeto?
Algunos me han dicho sobre el tema algo como: “Yo mejoré cuando me dijeron cosas muy feas sobre mi trabajo, eso me motivó”. Y no niego que haya quienes alzaran su vuelo más alto para mejorar a raíz de una crítica destructiva o comentario ofensivo, pero pienso, que eso debería entenderse más bien como un “detonante momentáneo” que como una motivación real. Me explico, las razones de por qué haces lo que haces o de por qué aspiras a llegar al lugar que deseas, usualmente parten del placer que te genera realizar dichas acciones, también suelen tener una raíz más profunda y más noble que el simple hecho de taparle la boca a alguien y obtener aprobación de tus detractores. Es cierto que puedes utilizar ese impulso emocional y unirlo a tus motivaciones de trasfondo, pero no es sano actuar por el orgullo herido y querer demostrar algo a alguien; puede que sientas satisfacción si lo logras, pero con el tiempo descubrirás, que eso no basta para sentirte realmente realizado y pleno...
Un ejemplo de esto lo vi hace muchos años atrás cuando estaba en la categoría de literatura y poesía en un foro. Así como el lamerse las botas entre sí y decir a todo: “¡Qué lindo, me encanta!” no es muy productivo, tampoco lo es el: “¡Pero qué horrible, no sabes escribir!”, la primera opinión te sirve para no rendirte y es agradable, pero muchas veces sólo infla el ego e ignoramos algunos errores. Gracias al segundo tipo de opinión, vi a algunas personas con potencial rendirse apenas comenzada su travesía literaria. Estamos claros que todo depende de la resiliencia de cada persona, pero no me parece justo ni propicio orientarse por ninguna de las versiones mencionadas si alguien desea mejorar o si alguien desea ayudar.
Para ello es necesario formular una buena crítica, y con esto no me refiero a que apruebes todo, sino a que aprendamos a tener criterio y respeto por el autor, en este caso.
Lo que yo hacía en aquel foro era decir abiertamente lo que me parecían puntos a favor y áreas de oportunidad. Si no sabes qué son, te lo explico: Área de oportunidad se entiende como él o los campos en los que puedes mejorar o pulirte. Por ejemplo: Hiciste una ilustración, cuyo tema es creativo y, el mensaje se expresa con fuerza y claridad, pero fallaste en las proporciones ¡He ahí tu área de oportunidad!. Si mejoras la técnica y la sigues uniendo a tus buenas ideas, harás una gran diferencia en tu obra. Esto significa mucha práctica e investigación, en donde podrás ir disfrutando del progreso, sin la frustración innecesaria e inseguridad personal que te generan las burlas o las señalizaciones destructivas.
De algunas personas no me gustaban su estilo ni el tema escogido, pero podía destacar la técnica y la capacidad de expresión que tenían. Algunos fallaban rotundamente en algo tan básico como la buena ortografía, pero demostraban un mundo emocional vasto y exquisito. A lo que quiero llegar es, nosotros, como observadores o críticos, tenemos el deber de ampliar nuestro campo visual e ir más allá de las primeras impresiones, no limitar al otro por un detalle que se puede arreglar. Debemos saber cómo indicar pautas de mejoramiento y resolución de problemas, sin quedarnos sólo con apuntar los errores.
A su vez, siendo nosotros los creadores, por así decir, no debemos dejarnos abatir por una simple visión ajena. Muchos no saben argumentar ni ver más allá de dicha primera impresión. También debemos dejar de creer que sólo una opinión dura y mala nos hará mejorar, porque el camino del aprendizaje no es necesariamente doloroso. No debemos darle más crédito al que tachó tu esfuerzo de: “Basura, no sabes hacer nada bien” que al que te dice: “Tienes potencial, sólo ocúpate de mejorar este detalle”.
Para complementar te invito a leer 3 artículos relacionados:









