lunes, 5 de marzo de 2018

Por el bien de mi alma



Porque haya un puesto en el estacionamiento, que la dieta rinda frutos, que te llegue la llamada telefónica que ansías, por la salud de la familia, el éxito en una relación amorosa, por tiempos mejores, por la economía del hogar, hasta por el fin de las guerras y la paz mundial. Sé que la mayoría habemos puesto la mente y el corazón en pedir, orar, invocar la ley de atracción o simplemente enfocar nuestro esfuerzo y dedicación en este tipo de deseos, ¿pero alguno de ustedes ha procurado, verdaderamente, dedicar tiempo o algún acto en pos del mayor bien para su alma? 

Realmente se me hace una pregunta interesante y de una relevancia significativa.
Y no me refiero a subir de puesto o comprar el automóvil de tus sueños. En realidad estas cosas satisfacen más al ego y a la personalidad que al alma. 
Estoy de acuerdo en que hay objetivos que al alcanzarlos nos facilitan y alegran la vida, pero yo quiero ir a un estado mucho más profundo y a la vez elevado, y me refiero a una sanación álmica intensa, una instancia en que podamos hablar con nuestra alma, sentirla y rendirle el honor que merece. Desde los Registros Akáshicos me dijeron que el alma se comunica y expresa a través de intuiciones; es decir que cuando percibes una corazonada, una respuesta repentina o una inspiración sublime, es ella, tu esencia divina hablándote, pero tú no siempre respondes, oyes ni actúas, aún cuando todas las señales internas están latiendo para ti.
Una forma sencilla de aprender a atender tu alma es aprendiendo a escuchar tu cuerpo primero; comer cuando tiene hambre, dormir cuando lo pide, respirar aire fresco si lo deseas.. Poco a poco aprenderás a oír la voz venida de tu fuero interno, con todo lo que necesitas saber.

Regálate esos momentos de paz que en el fondo tanto quieres; ese café en el parque, esa caminata a las afueras de la ciudad, esa tarde bella a orillas del mar… Las instancias de distendimiento son medicina silenciosa pero potente, pequeños lujos simplones para ti, pero que tu alma agradece. 

  • Hoy quiero regalarnos este mensaje espiritual, acto simbólico, poema místico o carta psicológica, como gusten llamarle; es para mi alma y para la tuya. Puedes poner incienso, música bonita y prender una vela. Puedes meditar antes y/o después, pero lo más importante es que lo leas a consciencia para ti mismo:


Por el bien de mi alma 
(Escrito por Kadannek)

Por el bien de mi alma hoy hago el gran llamado: Invito a mi gurú interno a escucharme y hablar conmigo. Invoco la magia sublime de mi espíritu para despertar, volver a mi centro y palpar el punto de origen, pues necesito recordar que nunca hubo separación, que sigo siendo parte de la fuente primera; una extensión de amor universal con forma humana.
Por el bien de mi alma hoy respiro profundo, me lleno de luz y me dejo fluir en cada exhalación.
Por el bien de mi alma me saludo, bendigo y honro, abriendo los brazos a la dicha y a todo lo bueno que la vida quiera obsequiarme. Agradezco la sabiduría infinita que mora en mí, la cual me ha guiado lo mejor posible en cada plano existencial.
Por el bien de mi alma me permito romper las cadenas mentales que me han mantenido atado tanto tiempo a circunstancias, momentos y personas indeseables. Si alguien en algún punto de mi tránsito por este u otros mundos me ha dañado, hoy le perdono y me perdono por perpetuar consciente o inconscientemente este dolor, rencor y trauma. Si yo he herido a alguien en algún punto de mi tránsito por este u otros mundos, le pido perdón y me perdono por haber perpetuado consciente o inconscientemente esta culpa, desprecio hacia mí mismo y dolor. 
¡Hoy me declaro un alma libre, abandono la tristeza y vuelvo a unir cada espacio roto y vacío en mí! ¡Qué cada herida cicatrice y se abalance el amor incondicional, divino y sanador en toda la extensión de mi ser! ¡Qué mi corazón sea feliz de aquí en más, y que ese goce se proyecte, envuelva y contagie a mis seres queridos, para así, avanzar y mejorar juntos!
Por el bien de mi alma le permito borrar las memorias dolorosas del ayer que mi personalidad quizás ignora, pero que en algún rincón del subconsciente continúan afectándome. 
Alma mía ¡Hoy declaro mi amor por ti! ¡Hoy puedes sanar! ¡Hoy en adelante estoy receptivo y agradecido de escucharte y permitirnos ser!.

¡Dicho es, hecho está! Gracias.

*Opcional:

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domingo, 25 de febrero de 2018

Un paso a la vez



Antes no lo sabía, pero apenas comenzada mi adolescencia, descubrí que vivimos en la era flash, en donde todo es desechable y estrepitosamente acelerado. Da miedo. Lo triste es que con el pasar de los años, uno baja la guardia y se deja envolver poco a poco por este ritmo frenético de lo instantáneo. Esperar que una página de internet cargue a veces es desesperante, y peor para algunos, ¡el que no respondan al segundo mismo su mensaje!.
Por fortuna, aún existen quienes tienen como mayor virtud la sabia y sensata paciencia, y reconocen la importancia de respetar los espacios y tiempos tanto ajenos como personales. Yo misma me autoproclamo “una mujer de ausencias y desconexión", en donde es casi rutinario entrar silenciosamente a lo más profundo de mi fuero interno, para apartar al mundanal ruido y a las exigencias sociales de estar “siempre presente, disponible y comunicable”. Lo cierto es, que sí me gustan las buenas conversaciones, esas que se dan al caer la tarde con un café, mirando el jardín y sintiendo el frío relajante anunciando casi el término de la jornada. Pero en realidad, no me siento a gusto cuando me bombardean de preguntas clamantes de atención. Yo soy de esas personas que deja el celular en el velador, muchas veces en silencio (cosa que me ha costado muchos regaños), y se entrega a la contemplación serena de las cosas.

Gracias a este tipo de cultura tan vertiginosa, pareciera que escaseara el tiempo para las caminatas largas, el juego acompasado y sutil de la conquista o para los sueños bien construidos. Es como si un constante frenesí nos impulsara y obligase a saltarnos etapas; no disfrutamos del desarrollo y queremos mágicamente alcanzar el objetivo. Es como si sólo fuésemos capaces de apreciar la copa del árbol, ignorando que tiene raíces profundas, un tronco firme y, que se tomó varios años en crecer para estar así de frondoso y admirable. No digo que nuestros planes deban tardar una eternidad, pero es necesario dar un paso a la vez, uno firme, que deje huella, para poder recordar bien las bases que cimentaron con claridad nuestro camino, y poder mirarlo sin neblina cuando flaqueemos o sintamos que perdemos el rumbo, además de poder adherir bien a nosotros el invaluable aprendizaje que adquirimos durante el proceso.

domingo, 18 de febrero de 2018

¿Aprender con dolor?




Es de la vieja escuela y una creencia obtusa pensar que para mejorar habemos de hacerlo bajo el yugo tirano de las opiniones negativas, tras largas noches en vela, dudando de nuestras capacidades.

Está comprobado que rinde más y da mejores frutos el trabajar en un ambiente amigable que en uno hostil. Si somos guiados con amabilidad, conocimientos e instrucciones claras y específicas da gusto y entusiasmo aprender. Señalar las áreas de oportunidad con precisión y tacto es clave para el crecimiento de una persona o de un grupo, en vez de destruir a los demás porque su trabajo no es de la calidad esperada.
Miremos la educación: ¿Quiénes aprenden más: el grupo escolar al que sobre-exigen y castigan con malos comentarios si no saben la respuesta, o el grupo escolar al que estimulan con sesiones de estudio dinámicas y que corrigen con respeto? 

Algunos me han dicho sobre el tema algo como: “Yo mejoré cuando me dijeron cosas muy feas sobre mi trabajo, eso me motivó”. Y no niego que haya quienes alzaran su vuelo más alto para mejorar a raíz de una crítica destructiva o comentario ofensivo, pero pienso, que eso debería entenderse más bien como un “detonante momentáneo” que como una motivación real. Me explico, las razones de por qué haces lo que haces o de por qué aspiras a llegar al lugar que deseas, usualmente parten del placer que te genera realizar dichas acciones, también suelen tener una raíz más profunda y más noble que el simple hecho de taparle la boca a alguien y obtener aprobación de tus detractores. Es cierto que puedes utilizar ese impulso emocional y unirlo a tus motivaciones de trasfondo, pero no es sano actuar por el orgullo herido y querer demostrar algo a alguien; puede que sientas satisfacción si lo logras, pero con el tiempo descubrirás, que eso no basta para sentirte realmente realizado y pleno...

Un ejemplo de esto lo vi hace muchos años atrás cuando estaba en la categoría de literatura y poesía en un foro. Así como el lamerse las botas entre sí y decir a todo: “¡Qué lindo, me encanta!” no es muy productivo, tampoco lo es el: “¡Pero qué horrible, no sabes escribir!”, la primera opinión te sirve para no rendirte y es agradable, pero muchas veces sólo infla el ego e ignoramos algunos errores. Gracias al segundo tipo de opinión, vi a algunas personas con potencial rendirse apenas comenzada su travesía literaria. Estamos claros que todo depende de la resiliencia de cada persona, pero no me parece justo ni propicio  orientarse por ninguna de las versiones mencionadas si alguien desea mejorar o si alguien desea ayudar.
Para ello es necesario formular una buena crítica, y con esto no me refiero a que apruebes todo, sino a que aprendamos a tener criterio y respeto por el autor, en este caso. 
Lo que yo hacía en aquel foro era decir abiertamente lo que me parecían puntos a favor y áreas de oportunidad. Si no sabes qué son, te lo explico: Área de oportunidad se entiende como él o los campos en los que puedes mejorar o pulirte. Por ejemplo: Hiciste una ilustración, cuyo tema es creativo y, el mensaje se expresa con fuerza y claridad, pero fallaste en las proporciones ¡He ahí tu área de oportunidad!. Si mejoras la técnica y la sigues uniendo a tus buenas ideas, harás una gran diferencia en tu obra. Esto significa mucha práctica e investigación, en donde podrás ir disfrutando del progreso, sin la frustración innecesaria e inseguridad personal que te generan las burlas o las señalizaciones destructivas.

De algunas personas no me gustaban su estilo ni el tema escogido, pero podía destacar la técnica y la capacidad de expresión que tenían. Algunos fallaban rotundamente en algo tan básico como la buena ortografía, pero demostraban un mundo emocional vasto y exquisito. A lo que quiero llegar es, nosotros, como observadores o críticos, tenemos el deber de ampliar nuestro campo visual e ir más allá de las primeras impresiones, no limitar al otro por un detalle que se puede arreglar. Debemos saber cómo indicar pautas de mejoramiento y resolución de problemas, sin quedarnos sólo con apuntar los errores.
A su vez, siendo nosotros los creadores, por así decir, no debemos dejarnos abatir por una simple visión ajena. Muchos no saben argumentar ni ver más allá de dicha primera impresión. También debemos dejar de creer que sólo una opinión dura y mala nos hará mejorar, porque el camino del aprendizaje no es necesariamente doloroso. No debemos darle más crédito al que tachó tu esfuerzo de: “Basura, no sabes hacer nada bien” que al que te dice: “Tienes potencial, sólo ocúpate de mejorar este detalle”.

Para complementar te invito a leer 3 artículos relacionados:


miércoles, 7 de febrero de 2018

Por la vista y los oídos




En cuestiones románticas, ¿qué tan cierta y válida es aquella creencia que dicta que a los hombres se les conquista por los ojos y a las mujeres por los oídos? No sé si es algo real a gran escala o sólo un estigma ignorante. Tampoco sé qué tan a gusto o conformes se sientan las personas con esta idea. En lo personal me parece un poco básica, limitante y obsoleta en la actualidad, les explicaré por qué: 

Intentando responder mis propias dudas empezaré hablando bajo un supuesto muy general, y diré que, al menos en apariencia, la mayoría deducimos que la premisa en cuestión, está instalada en el inconsciente colectivo dándole cierta relevancia y validez, independiente de la connotación que le demos, porque algunos pueden aprobarla y guiarse por ella, y otros tantos pueden desecharla rotundamente. 
Lamentablemente al tener esta idea tan arraigada en nuestra cultura se hace un poco difícil de obviar y no encasillar a ambos géneros, metiendo en el mismo saco a todas las personas. Puede que sea algo a nivel biológico, pero somos más que seres instintivos, somos individuos con preferencias particulares, aún perteneciendo a un grupo.

Soy de esas personas que no se sienten muy cómodas con esta frase, ya que de cierta manera se tacha a los hombres de cazadores visuales, que persiguen todo aquello que lleve una falda, y por su lado, las mujeres se transforman en presas dispuestas al engaño auditivo, siendo envueltas por frases preparadas y superficiales, creando todo un ambiente seductor, pero ilusorio, muy enfatizado desde los años 20. 

Lo decepcionante del asunto es ver al género masculino como un grupo muy básico que se guía sólo por apariencias. A la vez, es muy triste pensar en el género femenino como criaturas astutas, pero sin trasfondo, en el que sólo tienen sus encantos físicos para cautivar. Ellos mienten y exageran la realidad con piropos y frases clichés o muy creativas, para envolver a una chica bajo el sonido de una voz ronca y profunda, como si viniera desde un estéreo en AM. O son sólo ellos los intelectuales y cultos, y ellas las damitas que miran con ojos brillantes y llenos de admiración. Aunque existen y existirán casos parecidos al que describo, ya no sirve actuar así. Hay hombres que no ven a la mujer como un trofeo y aspiran a una compañera sabia, con la que puedan crecer y avanzar juntos en el camino. Hay mujeres que se cansaron de los despreocupados y sabiondos, y esperan a un hombre atractivo en todos los aspectos, capaz de debatir con ellas sin esperar que les inflen su ego varonil. 

Estamos en una era en donde aspiramos a la igualdad y camaradería entre géneros. Las mujeres si queremos tenemos el permiso y el derecho de andar despeinadas y desarregladas por el mundo, con nuestras cualidades y aptitudes a cuestas, demostrando que somos un mundo completo más que carne, y los hombres si quieren tienen el permiso y el derecho también, a demostrar lo complejos y profundos que en verdad son, y que se fijan en cosas más allá de banalidades. 

Por todo lo dicho, la creencia de que al hombre se le conquista por los ojos y a la mujer por los oídos, se me hace tan obsoleta y vacía ahora. Aunque No digo que no sea real hasta cierto punto, y, tampoco digo que no puedas usar esta pauta como guía, pero me atrevería a decir que hoy en día, más allá de una caratula atractiva, también se busca un trasfondo interesante y estimulante en partes iguales, para ambos géneros. 

Además ¿no se les hace muy emocionante ver cómo se van cayendo estos patrones, creencias y estigmas?

martes, 23 de enero de 2018

Una buena idea



No recuerdo con exactitud la mentalidad con la que abrí este blog. Sólo tengo la leve idea de haberlo estado pensando por mucho tiempo hasta que me atreví. Sí, en ese entonces parecía toda una aventura extrema y diferente. ¿Mi propio espacio? ¡Vaya! qué idea tan interesante. Compartir, exponer mis investigaciones y reflexiones, quizás encontrar personas afines que contribuyesen a ampliar la información o mis perspectivas, y así saciar parte de mi sed de conocimiento tan desbordada en la época. Estaba segura que mis divagaciones merecían una oportunidad con un contexto bien explicado, dentro de lo que me era posible. Un blog era la fórmula correcta. Rompería ese incómodo compromiso a quedarse hasta el final de la conversación; A quién le interese puede leer, comentar o irse. ¡Perfecto! tampoco tendría que oír charlas vacías y a su vez, yo no importunaría aburriendo con las mías.
...He aprendido tanto de este proceso. La importancia del respeto, la variedad de visiones, la responsabilidad que tenemos sobre nuestras opiniones y sobre todo, del contenido que presentamos.

En un principio no tenía la intención de dejar huella en alguien, sólo intercambiar ideas y posturas. Pero hoy en día, que se cumplen exactamente 12 años desde mi primera publicación aquí, asumo el cariño que tengo por todo el trabajo aquí escrito; son testimonios de mi historia, de la manera en que veo, aprendo y llevo la vida, y de los avances que he tenido. Aunque no es un diario-blog o un blog tan personal, la mayoría de las reflexiones fueron inspiradas por eventos que ocurrieron en mi entorno, a un cercano o a mi persona. Así que debo valorar todo lo manifiesto como una extensión o ramificación dimensional de mí. Ya lo dije antes, ha sido terapéutico, un viaje hacia mi galaxia particular, a la vez, que una reconexión, o más bien, una expansión hacia el mundo humano.
He visto que algunos se han sentido tocados por mis textos, y así he encontrado compañeros y amigos… ¡Impresionante!. Así mismo me he visto abrazada en letras por otros blogueros que aún no olvido, esperando su regreso, o que por fortuna sigo leyendo.

Estoy muy agradecida por haberme dado la oportunidad de ir creciendo aquí, tener desencantos y florecimientos, momentos de ausencias y reencuentros. Sobre todo, el reformular y ajustar mi enfoque comunicativo, en cuanto a ese conjunto de líneas ideológicas y principios que te definen como individuo y autor, hasta el estilo que poseo actualmente.
Agradezco mucho esta evolución artística-creativa, desde el intelecto y mundo psicológico, y también el progreso tan íntimo y espiritual que he desarrollado.

Estoy contenta de continuar con esta travesía, sin rendirme, recogiendo los frutos, porque es fácil abrir un blog, lo relevante es mantenerlo y mejorarlo.

Gracias por tu atención y si quieres, agradecería que también me contaras sobre tu historia bloguera.

P.D. Te invito a leer mi otro blog Libertad Natural en el cual podrás leer La historia de Pucca, ¡y enterarte sobre un gran evento astronómico para fin de mes, que no ocurría desde hace 150 años! 


miércoles, 10 de enero de 2018

¿Una dosis extra de magia?





Mi padre era un fiel seguidor de las celebraciones tradicionales, sus épocas favoritas eran Navidad y Pascua. Sacaba toda su creatividad y niño interior para hacernos pasar las épocas más fantásticas posibles. No sólo eran los regalos que aparecían repentinamente, era toda la atmósfera de ensueños, enfatizada por su gran don de narrador. Me encantaba; aunque fuese extraño de alguna forma intuitiva, a la vez estaba dispuesta a entregarme a esas aventuras. Agradezco a mi padre y a mi madre por poseer un espíritu dadivoso y creativo.
Como era de esperar, con los años, mi sentido común me ayudó a percatarme que las tradiciones e historias con tintes mágicos en realidad existían en un mundo aparte; en alguna fibra muy sensible y profunda en el corazón humano. 
Continué presentándome a dichas celebraciones sin explicar mis teorías, pues así como mis padres, y adultos en general quisieron darnos algo de “magia extra” a la realidad de quienes éramos niños en ese entonces, no quise echarles abajo ese esfuerzo que habían creado con intención de enriquecer y extender nuestra inocencia infantil. Lo consideré un gesto puro de mi parte, así como reconozco aún hoy, sus buenas intenciones y las agradezco.

Mi hermana quería confirmar las obvias sospechas de todo niño con el pasar del tiempo; esta nueva realidad, muy distinta a la que le habían contado, estaba hoy, demasiado cerca de sus ojos. Las dudas hicieron mella en sus sentimientos. Ella preguntaba con severidad: “¿Existe de verdad o no?”- a lo que nuestra madre contestaba: “Existe en tu corazón”. Sigo pensando que fue una respuesta perfecta, amorosa y compasiva. Ella tenía razón. Todo cuanto tú desees puede vivir dentro de ti. Pero mi hermana lo vio como una traición por parte de todos los adultos.

Yo no veo culpables como tal, veo adultos construyendo mundos imaginarios sobre los niños para hacerles amar la vida y entrar en contacto con esa chispa única y mística, que a simple vista sólo te la alcanzan las fantasías. Pero, gracias a esto, también tenemos a niños rotos, que en algún punto dejan de creer. Una luz se apaga y se enfrentan a un mundo verdaderamente gris, sin magia ni aventuras fantásticas. Lo que de grandes ignoramos, es que los niños no necesitan una dosis extra de magia, porque ellos son mágicos per se. Tienen todo un mundo por descubrir y la maravilla está ahí mismo, abierta para ellos. No deberíamos interrumpirla ni sobre-adornarla.

El punto de todo gira en torno a la relevancia de hasta qué punto seguir o no perpetuando estas creencias, quizás es importante renovar el enfoque con el que pesentamos estas celebraciones a los niños de hoy. Pienso, a modo muy personal, que no debemos subestimar su criterio ni su astucia. Claro está que mucho depende del niño, pues para mí, no fue un golpe el ir re-descubriendo las cosas poco a poco, de hecho me pareció tierno y conmovedor, pero hay otros niños que lo toman como un engaño. “Las primeras y más importantes personas en mi vida me han mentido desde siempre. Me hacen sentir como un tonto, abusando de mi confianza, porque creí en ellos, di por sentadas sus palabras, pero las cosas no son de la forma en que me hicieron creer que eran…¿Por qué?”. Estos son los cuestionamientos que he escuchado de niños, ya en mi época o ya en otras generaciones.

Hay una presión social fuerte que pasamos por alto. Por eso no debemos juzgarnos entre nosotros, tanto para el que sigue al pie de la letra las historias y tradiciones con tintes mágicos, como para el que considera que ya es hora de darle un giro al tema.

Es un asunto delicado ¿cierto? Mi planteamiento es simple: No se trata de desmitificarlo todo, no es justo señalar que todo lo que exista en el mundo infantil es una falacia, porque cada personita tiene el derecho de ir construyendo su realidad. Se valen los cuentos de hadas y contestar con un “no lo sé” ante algunas preguntas. No des por sentado que toda la verdad está en tu boca y raciocinio, porque a veces los niños ven más allá de lo que podemos ver nosotros, y eso no se trata de mera imaginación, sino de una conexión superior y más honesta con el planeta. La Tierra abre sus puertas místicas a quienes tienen los ojos abiertos, por eso, pienso y repito, que los niños no necesitan una dosis extra de magia.

Pero veo necesario, mas no obligatorio, modificar la perspectiva en que estamos presentando las tradiciones. Puedo contar la historia de San Nicolás, los reyes magos, el nacimiento del niño Jesús, pero no tengo que comprometer a un niño a creer en su existencia ni condicionarlo a ser bueno para recibir por interés, la visita y regalos de estos seres. Son narraciones con enseñanzas que valen la pena contar; No estoy negando la existencia de estos personajes en particular, pero los regalos que reciba saldrán de nuestros bolsillos, y creo que esa parte no habría que omitirla. Otro asunto sería hablar del hada de los dientes y el conejo de Pascua… Tendrás que prepararlo para el golpe de la verdad que descubrirá si le das fe de la veracidad de estos cuentos, porque es triste para un niño darse cuenta que la moneda bajo su almohada o los huevos de chocolate que encontró alguna vez fueron puestos por ti y no por estos seres que le dijiste que vendrían. En este punto debo destacar que todo depende del cómo se digan y llevan a cabo las cosas, y sobre todo, la madurez o resiliencia del niño. No digo que algo esté bien o mal, sólo te dejo este planteamiento sobre la mesa.


viernes, 29 de diciembre de 2017

Gratitud



Cuando ha pasado el ajetreo y todo parece más calmo, me sorprende darme cuenta que ya finaliza el año, y aunque superficialmente se sienta como cualquier otro año que se dejó llevar por el paso del tiempo, siempre hay algo que lo hace único, marcándolo en mi historia personal. En retrospectiva han sucedido tantos eventos que no alcanzaría a realizar un listado, ni si quiera puedo ahora enumerarlos en la mente sólo por jugar; pero estoy hóndamente agradecida del aprendizaje, las oportunidades y la experiencia adquirida.

No pretendo exponer logros ni derrotas sagradas, sólo quiero hacer un cierre contemplando en silencio, conectada con el fluir natural de la vida, con los brazos abiertos a lo fresco y a lo nuevo, dando las gracias.

Gracias a cada uno por su granito de arena, por sus buenas vibras y por el cariño compartido. Gracias a quienes pasaron, dejaron huella y a quienes se quedaron.

¡Qué se limpien los caminos para buenas nuevas y, que la prosperidad y bienestar colmen sus hogares!

lunes, 4 de diciembre de 2017

Hay que quererlas



Es probable que alguna vez hayas escuchado o pronunciado la célebre frase que dicta que “A las mujeres no hay que entenderlas hay que quererlas”, la cual se la debemos al escritor Irlandés Oscar Wilde, a quien quizás conozcas por una de sus obras más destacadas llamada “El retrato de Dorian Gray” o por “El fantasma de Canterville”. Pero hoy no pretendemos hablar de su trayectoria como poeta ni dramaturgo, pues lo que nos atañe es precisamente la frase señalada en el principio. Antes de exponer mi visión, quiero preguntarte: ¿Qué te hace sentir cuando la escuchas o dices?, ¿como hombre o como mujer concuerdas con ella?, ¿por qué?.

Es importante que analices tu respuesta porque no pretendo pasar a llevar a alguien, pero quiero demostrar que esta frase se ha instalado tan hondo en nuestra sociedad, haciéndola parte del “saber popular”, impactando la forma en que muchas personas se relacionan con el sexo opuesto. Diría que se le ha restado la importancia debida al machismo implícito en esta idea, camuflado o "hermoseado" por el son poético que parece tener. 

Muchas veces he sido testigo de la forma indiscriminada en la que se utiliza dicha frase para disminuir los sentimientos, acciones y pensamientos de una mujer, con ese falso tinte comprensivo y romántico que lleva en sí misma esta frase burlona.
Lo más desafortunado del asunto, es que muchas mujeres han adoptado esta idea sobre sí mismas y sus congéneres, ignorando que esta clase de pensamientos contribuye a la desigualdad entre géneros.

Ya te habrás dado cuenta que no soy partidaria de la premisa en cuestión, ya que se trata al género femenino como irracional, en el que sus actos no tienen ni son ni ton y que sus emociones son injustificadas. A mi ver, cada vez que esa frase es pronunciada, se nos está quitando valor como seres pensantes y libre-opinantes, subestimando nuestro intelecto y toma de decisiones. 
A su vez, se utiliza como excusa para no hacerle frente a las problemáticas entre parejas, como si las mujeres fuesen siempre las equivocadas y culpables, pero “se nos perdona por ser mujeres”, como si fuésemos lindos cachorritos haciendo tonterías y que con querernos bastase. Pero ¿de qué clase de querer estamos hablando entonces?, la forma en que yo entiendo un afecto y lazo verdadero, tiene como base no sólo la lealtad, sino también el respeto como pilar fundamental, en donde nos tratamos como compañeros en igualdad de condiciones; en donde tú me escuchas y yo te escucho, en donde tú argumentas y yo argumento, en donde ambos llegamos a un consenso para que las partes implicadas sean satisfechas, trabajando en pos del bienestar mutuo. Y esto es aplicable en relaciones laborales, sociales, amistosas, familiares y amorosas.

Cuando era mucho más joven siempre me hizo eco esta frase, algo nunca encajó, pero no comprendía en ese momento que se trataba de una visión machista que hace menos a las mujeres. Usualmente estas ideas se sobrevaloran porque fueron dichas por algún escritor reconocido, y al ser reproducidas por tantas y tantas personas sin distinción de género, rol, estatus o edad, uno da por sentadas esas visiones. Hoy en día entiendo que algo que se hace popular y que está inmerso en el inconsciente colectivo, no es necesariamente verdadero, correcto ni justo.

Quizás hayan personas que crean que esto es una exageración y que una frase como ésta no tiene ningún impacto sólido, contundente y real sobre una comunidad. Es seguro que algunos nos aconsejen hacer oídos sordos ante las cosas que no nos gustan y seguir de largo para que no nos afecten. De hecho, estoy de acuerdo en que una frase no debe amargarnos el día, pero hay que entender que el perpetuar pensamientos retrógrados como el que estamos tratando hoy, colabora a la forma en que una cultura se mueve y trata a su propia gente. Yo no quiero seguir viviendo en un mundo en donde se subestime a las personas por ser de uno u otro género, o de una u otra condición, sobre todo si son ideas dañinas de hace más de un siglo atrás; es hora de renovarnos y avanzar hacia una comunidad más unida y evolucionada.

Así, que en pos de lo anteriormente mencionado, procura bien tus palabras, escoge con sensatez lo que expresarás, para no seguir siendo parte de esos grupos que menosprecian a sus pares, muchas veces, por falta de conocimiento y análisis.

Por último, para entender a una mujer no debes subestimarla, escucha sus razones con respeto. Es una idea errónea creer que somos difíciles de descifrar. Esa es sólo una postura facilista y engañosa, nutrida, justamente, por ideas como las de Oscar Wilde.

miércoles, 25 de octubre de 2017

La enfermedad desde una mirada holística



La forma en que la medicina holística ve la enfermedad es un poco diferente de la manera en que la ve y trata la medicina tradicional, la cual se enfoca en patógenos externos, genética o eventos circunstanciales que disminuyen las defensas del sistema inmune de la persona (lo que no deja de ser cierto, pero incompleto). La medicina holística, por su lado, ve la enfermedad como un amplio sistema de comunicación energético, en la que el Gran Espíritu que habita en cada persona y a la vez en todo el universo, intenta transmitirle un mensaje para que pueda abrirse paso al cambio. Podemos simplificarlo de otra manera si no resuenas con la explicación reciente; El cuerpo enferma para que te escuches y finalmente atiendas los aspectos discordes e inconclusos que no enfrentas en tu vida. Tu subconsciente envía señales en forma de síntomas para que focalices tu atención en determinadas áreas. Es, aunque no lo parezca, una manera simbólica y directa en la que tu mente, tu alma, tu campo electromagnético y cuerpo físico intentan expresarse para que oigas, comprendas, aceptes y soluciones.

Dicho esto, la enfermedad, es entonces una alarma, un aviso y/o un mensaje para prestar atención e ir hacia dentro de ti. Hay que ver la enfermedad desde una mirada más amorosa, como una oportunidad de crecimiento y no de castigo. Deja de lado esa limitante y egocéntrica creencia, la cual dicta que tu enfermedad es una deuda karmática, una cruel broma del destino o azar, o una sanción ante tus errores del pasado, ya que te quedarás en una cárcel mental en donde serás siempre una víctima indefensa, incapaz de hacer algo consigo misma para sanar. 

Queridísimo lector, todos somos creadores de nuestra realidad. Si llegamos al punto en el que estamos, para bien o para mal, somos los principales responsables, aunque otras personas o eventos hayan contribuido. Con esto no digo que tú, necesariamente, hayas pedido y querido de manera consciente esta enfermedad que te aflige, ya que todos en nuestro sano juicio deseamos bienestar, pero participamos muy activamente en atraer y crear nuestra realidad actual, a sabiendas o, inconscientemente, como sucede en la mayoría de las personas. Hay casos aislados cuando se trata de seres que nacen con enfermedades de alguna condición genética o hereditaria, lo cual profundizaremos más adelante, pero a grandes rasgos, es una misión personal conectada con una misión colectiva-familiar para sanar patrones mentales e historias genealógicas insanas. Según algunas disciplinas holísticas lo que se hereda no es la enfermedad, sino los patrones de creencia en ella.

¿Qué es lo que nos enferma?

Lo que nos enferma son las emociones y los pensamientos maldirigidos, en conjunto con nuestros actos y falta de cuidado personal. 

Una mala palabra, un evento confuso, un paralenguaje ofensivo, una experiencia traumática, todo suceso por mínimo que parezca, causa impresiones y huellas emocionales, las cuales gestan ideas y percepciones subconscientes que lastiman poco a poco si no las cuidamos; esto también ocurre a la inversa: Un concepto impuesto o autoimpuesto puede nutrir emociones y sentimientos de rechazo ante ti o tu alrededor si no lo atendemos. Por eso se hace tan necesario ir hacia el origen de cada cosa que enjuicias, de cada tradición que predicas sin cuestionamientos o de cada sensación negativa que algo te provoque, ya que movernos en la vida por inercia, por costumbre o, por el contrario, de forma descontrolada, te aleja de quién eres y de lo que podrías llegar a ser.

¿Qué propone la medicina holística?

La medicina holística propone escuchar en profundidad tu cuerpo y ser interno de modo íntegro, entendiendo que la manifestación de un síntoma es un llamado de atención o la expresión de algún aspecto o parte de ti que necesita ser debidamente cuidada, todo esto por medio de la comprensión, aceptación y liberación para que finalmente se produzca la tan esperada sanación con ayuda de técnicas y elementos de vibración amorosa, como lo son las hierbas, aromas, masajes energéticos y un conjunto de terapias para que encuentres el camino de regreso a la salud.

Un abrazo de luz a todos.


lunes, 16 de octubre de 2017

Levantando un velo



Llevamos mucho tiempo compartiendo letras, ideas y sentires. Ha sido muy gratificante y tremendamente nutritivo, así que por favor, recibe de corazón a corazón un abrazo de luz. Agradezco que de alguna u otra forma nuestros caminos se hayan juntado, por eso hoy quiero contarte un poco de mí para que nos conozcamos más.

Lo he dicho más de una vez: Soy del mundo, pero vivo en Chile. Sí, en esa franja que parece una columna vertebral al fin del mundo, en el hemisferio Sur. Por fortuna vivo en la zona central del país, un lugar muy templado y me siento en equilibrio aquí.

Soy terapéuta holística, ya que considero necesario ver a las personas de manera integral, no sólo enfocándose en los síntomas, sino en la raíz del problema para que las soluciones y sanación sean profundas, a través de la comprensión y la aceptación, de lo contrario, llegaremos a meras anestesias locales y momentáneas.
Es un camino de servicio, amor, estudio y luz que elegí. Me desarrollé en Masoterapia (Masaje terapéutico). Soy maestra de Reiki en el sistema Usui (Sanación energética por imposición de manos), Gemoterapéuta (Sanación con minerales, gemas, piedras y ayuda de la Madre Tierra), Consultora de TRE (Terapia de Respuesta Espiritual) e Intérprete del tarot (Cartas o naipes con mensajes del subconsciente), entre otros. 

Me fascinan las letras como método de autodescubrimiento, para el trabajo de introspección profunda y sanación. Siento que con ellas podemos liberar nuestros potenciales de creación, entendernos, compartir, expandir y enriquecernos a nosotros mismos y a nuestro alrededor. En lo personal, ha sido muy terapéutico, catártico y hasta mágico. Escribir me ha enseñado a conectarme con mi cosmos interior y a canalizar cualquier malestar de forma creativa. La poesía, en su momento, se transformó en un dulce, elevado y sagrado lenguaje del alma y del corazón para mí. Me atrevería a confesar que me salvó cuando lo necesité. He experimentado varios géneros y temáticas; hoy en día hago artículos de reflexión dirigidos a desarrollar consciencia. 
Veo a mis autores favoritos como amigos de charlas interminables, que en el fondo no me conocieron en persona, pero de alguna forma me supieron interpretar. Jorge Luis Borges, Gibrán Khalil Gibrán, Hermann Hesse y Mario benedetti fueron algunos que hace varios años atrás llegaron a mi vida, para proveerme de lecciones muy valiosas que me marcarían hasta el día de hoy.

Soy aficionada al arte en todas sus ramas y me desempeño en algunas con cariño, independiente de si lo hago bien o no. Me encanta la fotografía, el dibujo, la ilustración, la escritura, la pintura, el origami y las manualidades. Hay épocas en que me alejo de algunos, pero nunca los abandono por completo. 

Sé que no me conocerás del todo con esta breve descripción sobre mis gustos y aficiones, pero al menos te dará un atisbo de mi persona. 

Saludos y gracias por leer. Por favor, cuéntame -si quieres y sientes confianza- sobre ti. Y si tienes alguna duda, házmela saber.